PARTE TERCERA: MARINA DE PESCA (2)

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NAUFRAGIOS Y PECIOS

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MARINA DE PESCA (2)

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LA CÚPULA DEL FARO DE CAVALLERIA

Listado de las embarcaciones de las cuales se poseen datos en este estudio registradas por número de orden, fecha del acaecimiento y nombre de la embarcación (si se pudo conseguir éste):

1.41    09-09-1935    BARTOLITO

1.42    09-12-1939    Bote

1.43    08-03-1939    Bote

1.44    28-03-1941    MIGUEL JUAN

1.45    10-01-1942    DOS HERMANOS

1.46    09-10-1944    Bote

1.47    09-12-1945    LORENZO

1.48    16-12-1949    SIMOUN

1.49    26-06-1950    SALMERÓN

1.50    30-08-1957    JOSÉ

1.51    17-02-1960    VALLDEMOSA

1.52    01-12-1970    CORDOBESA

1.53    08-05-1975    ANTONIETA

1.54    03-12-1979    SAN RAFAEL

1.55    10-10-1982    ISABEL

1.56    12-10-1982    OLIU

1.57    22.04-1988    JOVEN DIEGO

1.58    16-12-1990    MARINETE

1.59    25-08-1993    ISABEL

1.60    29-12-1995    BONANZA

1.61    27-01-1996    MARÍA KATI

1.62    14-02-1996    Bote

1.63    02-12-1997    BONANOVA

1.64    06-05-1998    NUEVA FLOR

> 1.41 09-09-1935 “Bartolito”

Al atardecer del 9 de septiembre de 1935 comenzaban a correr serios rumores en Ciutadella sobre la suerte que podrían haber corrido una barca de pescadores local y sus tripulantes. Afortunadamente el suceso no terminaría con daños personales aunque la embarcación sí resultaría dañada de cuidado. El hecho es que, tras haber finalizado su jornada de pesca, la barca a motor “Bartolito”, patroneada por su propietario Diego Caules y con otros dos tripulantes a bordo, se dirigía de regreso al puerto de Ciutadella. Cuando se encontraban al través del punto conocido como Ets Enderrossalls, sin que se supieran las causas, le explotó el depósito de aire comprimido, sufriendo la embarcación serios desperfectos y llenándose rápidamente de agua. Gracias a que venían costeando y a la rápida decisión de su patrón que giró la caña poniendo rumbo a la costa, pudieron embarrancar el bote evitando su hundimiento. Seguidamente, uno de los tripulantes se dirigía a toda prisa hasta la población para solicitar auxilio, y al cabo de pocos momentos se hacían a la mar el llaút “Fanny”, patroneado por su propietario Francisco Pons a la caña y una tripulación de dos hombres, seguido de otras dos embarcaciones patroneadas también por sus titulares, Juan Cortés y Juan Mas. Tras reconocer la embarcación siniestrada y realizadas las operaciones oportunas para efectuar un taponado de fortuna del boquete que se le había abierto en el fondo, fue nuevamente botada al agua. Rápidamente se le amadrinaron dos de las embarcaciones, una a cada lado y, una vez comprobado que entre las mismas podía mantenerse seguro a flote, emprendieron viaje de regreso a puerto a donde llegaban tras dos largas horas consiguiendo su objetivo.

> 1.42 09-02-1939 Bote

El 9 de febrero de 1939 se hacía a la mar a pescar Luciano “Miquelillo” junto a otros dos hermanos a bordo de una barca incautada. Se trataba de un “bot culé” de unos 25-26 palmos de eslora, que por aquel entonces ya se consideraba una embarcación importante. Los pescadores habían constituido lo que se conocía como “Frente Popular”, a modo de cooperativa y todo el producto de sus capturas lo llevaban hasta Calesfonts donde tenía lugar su venta. Tras haber navegado hasta rebasar la Illa de l’Aire, un lugar poco frecuentado durante los inviernos (aunque aquella trágica jornada había amanecido radiante y nada hacía prever el cambio súblito que iba a experimentar la meteorología), de pronto salía una mestralada (NW) que en pocos minutos levantaba una mar imponente. Incluso en el interior del puerto, en el Moll d’en Pons, sito en Es Castell, arrancó unos “banyers” de madera que había allí instalados. Con estas condiciones se dio por supuesto que la embarcación naufragó, desapareciendo con ella los tres hombres que se encontraban a bordo. Una esperanza albergada por sus conocidos y familiares estribaba en la posibilidad de que, buscando amparo del temporal, hubieran logrado refugio en la Illa de l’Aire y que no se hubieran podido comunicar, puesto que por aquel entonces no existía el teléfono. Pero nunca más se supo nada de ninguno de los tres. Con el paso de los años, las barcas de arrastre, que suelen trabajar por la zona, han ido extrayendo del fondo del mar diversas partes de la embarcación naufragada, como la propia proa y siendo lo último el motor de la misma. Los datos aportados por los patrones de los arrastreros sitúan el pecio en la enfilación de Monte Toro por el faro de la isla del Aire, sobre un fondo de unos 120 metros. En aquellos años se trajo desde fuera una embarcación para realizar trayectos hasta la Mola que iba propulsada por un motor bastante potente. A esta embarcación se la hizo salir varias veces hasta la zona del posible naufragio para ver si peinándola podía encontrar rastro de los desaparecidos o de la propia barca. El día del naufragio se iniciaba el fin de la Guerra Civil en Menorca, por lo que pudieron coincidir en el caso toda clase de hipótesis.

> 1.43 08-03-1939 Bote

El día 8 de marzo de 1939 desaparecían en las inmediaciones de el Cap Negre, situado entre Cala Mesquida y el puerto de Maó los pescadores profesionales Antonio Garriga y Diego Riera, los cuales habían salido a faenar a bordo de su embarcación de pesca. Se desconocen los motivos que pudieron originar el trágico naufragio y tan sólo transcurrían unos pocos días cuando era hallado el cadáver del patrón, Antonio Garriga. Durante varios días más se continuó con la intensa búsqueda del cuerpo del tripulante pero ni se hallaría éste ni tampoco la embarcación que tripulaban.

> 1.44 28-03-1941 “Miguel Juan”

DÁRSENA DE LOS PESCADORES DE FORNELLS

Durante la noche del 28 al 29 de marzo de 1941 se formaba un impresionante temporal de poniente en la costa norte de Menorca. La mar había adquirido el grado de “gruesa” en la escala de Douglas y el viento rugía terriblemente a esas horas. La embarcación, un llaut de 32 palmos denominado “Miguel Juan”, con el número de Folio 214 de la 3ª Lista, había salido a primera hora de la tarde a realizar sus faenas de pesca, al parecer, cerca del sector de Ses Fontanelles (en el término de Ciutadella) y en el momento de comenzar a refrescar el tiempo, sobre el atardecer, no había regresado. Ante esta evidencia, casi al punto de la anochecida se hacía a la mar la embarcación de salvamento con base en Fornells patroneada por el veterano patrón Sebastià Fuxá (“en Bià”), que regresaría poco después debido a que no habían podido avistarles y estar establecida una mar gruesa que dificultaba las evoluciones de la embarcación. Al parecer, la embarcación de pesca había salido de puerto tripulada por los hermanos Rosselló Riera, más conocidos entre sus convecinos como “Es Patatus”, Miguel y Juan de 33 años,  casado el primero, y de 30 años y soltero el segundo. A primeras horas de la mañana siguiente la embarcación de salvamento realizaba una nueva salida, que tendría más éxito aunque haría presagiar un fatal desenlace en la suerte que pudieran haber corrido los dos hermanos. Pronto descubrieron al aproximarse a la zona que se suponía debían de haber ocurrido los hechos y flotando sobre las aguas varias prendas de vestir, así como diversos aparejos de una embarcación de pesca. Al doblar el Cap de Cavalleria y poco antes de llegar a Sanitja, era avistada también la embarcación, la cual se encontraba volcada y con serias averías, aunque no podría hallarse a ninguno de los dos hermanos, ni en la misma ni por los alrededores. Nunca fueron encontrados sus cadáveres, por lo que serían dados por desaparecidos en la mar. Un testigo de este triste suceso fue Toni “Neni”, un veterano pescador de Fornells, quien manifestó en una entrevista concedida al diario local “Menorca”: “Éramos varias barcas faenando y ellos fueron los que tuvieron peor suerte. Nosotros volvíamos a puerto desde la parte de poniente de Sanitja cuando ellos se cruzaron cerca de nosotros frente a s’Olla de sa Punta rumbo a poniente, delante de las tres piedras, que son una excelente pesquera de obladas. Yo estaba dentro de la barca, mi padre llevaba el timón y ellos no llevaban cebo para poder pescar. Como nosotros habíamos estado pescando “quissones” (mielgas, galludos, especie de escualos que se capturan mediante el palangre), les dimos dos para que las usaran como carnaza. Esa sería la última ocasión en que los veríamos. A partir de aquel momento comenzamos a navegar muy mal puesto que el tiempo había empeorado ostensiblemente. Todas las barcas que lograron regresar a Fornells lo hicieron en pésimas condiciones, habiendo embarcado grandes cantidades de agua…”. Curiosamente el llaut “Miguel Juan” no se perdió, sino que se mantuvo a flote, aunque lleno de agua. Neni: “Con una de nuestras embarcaciones cruzamos hasta la Cala de Viola de Llevant y subimos a Cavalleria para poder observar los alrededores intentando descubrir algo. Inmediatamente avistamoss el bote de los hermanos que se mantenía anegado pero a flote en la zona que denominamos Es Dormidor, casi en el extremo de la península de Cavalleria. Se encontraba llena de agua, pero sin los cuarteles ni ningún tipo de aparejo, que tras haber sido arrebatados por el temporal se habían hundido o habían sido arrastrados por la corriente, desapareciendo entre las agitadas aguas. Llegamos hasta el bote y tras amarrarle un cabo le dimos remolque hasta el puerto”. Toni “Roxillo”, otro veterano pescador forneller ya desaparecido, tenía presente todavía el naufragio de los “Patatus” cuando se le efectuó una entrevista para el diario local “Menorca”. “Eran dos pescadores que iban de ‘nanses’, al igual que muchos otros. El mayor de los dos hermanos era de mi quinta, Miquel, y éramos muy amigos. El otro era Joan, de apellidos, Roselló Riera. Quizás aquel accidente pudo haberse evitado puesto que no se dio la alarma hasta que fue demasiado tarde. Estábamos todos en el puerto desde bastante antes del mediodía. A última hora de la tarde, cuando me iba a dormir, vino Bià, el patrón del bote de salvamento a avisarme de que no me metiera en la cama puesto que tendríamos que salir a la mar. Yo le pregunté a dónde ibámos a ir a esa hora tan intempestiva y me contestó que no se sabía nada hasta ese momento de los dos hermanos. Se llegó a pensar que muy probablemente se habrían quedado en cualquier punto de la costa al salirles el temporal ya que al parecer habían marchado a pescar a poniente de Cavallería. Al día siguiente localizábamos el bote atrapado en “Es Passet” con un agujero en su casco. Era un mes de marzo y aquel día era muy frío. Se supone que estuvieron aguantando mientras pudieron y que incluso amarraron en el palo un trozo de papel para que los vieran desde la costa, pero se ve que se debió romper con el viento y no hubo forma de hacer nada por ellos”.

> 1.45 10-01-1942 “Dos Hermanos”

Un gran temporal del S se desataba en las últimas horas del 10 de enero de 1942, que acarrearía gravísimas consecuencias a unos pescadores de Ciutadella que fueron sorprendidos en esa terrible noche. Ellos eran los hermanos Cánovas Marquet, de nombre Miguel y Mateo, quienes se encontraban durmiendo a bordo de su embarcación en el paraje de la costa sur del término municipal de Ciutadella conocido como Es Calons, perteneciente al predio denominado Es Banyuls. Parece ser que la barca desapareció en el transcurso del violento temporal, llevándose consigo a sus dos tripulantes, que nunca pudieron ser encontrados. La embarcación se llamaba precisamente “Dos Hermanos” y pertenecía a la lista 3ª de Ciutadella, estando inscrita en el folio número 60. La noticia causó gran consternación entre la población de poniente y, más, en su ambiente marinero.

> 1.46 09-10-1944 Bote

COSTA NORTE CON LA ILLA DE SES BLEDES AL FONDO

Vivían en Fornells dos hermanos, pescadores de profesión, llamados Biel y Bià Sans Fuxá, más conocidos como “es Bessons”, con los cuales solía ir bastante a pescar Toni “Neni” y uno de los cuales, Bià, falleció al ser alcanzado por un rayo cuando se encontraban trabajando en plena mar el 9 de octubre de 1944. La temporada de Sant Miguel y Navidad estaba transcurriendo aquel año con un tiempo para navegar bastante aceptable. Como observaran que la bonanza se mantenía, Toni “Neni” y uno de ellos habían decidido salir a la mañana siguiente a capturar unos cuantos serranos pero, al presentarse el otro hermano y como también se apuntara a la idea, Toni decidió, sabiendo que tenía todos sus aparejos en la barca, aprovechar la jornada e irse por su cuenta a pescar “d’aubes”, por lo cual esa noche tras despedirse de ambos hermanos, se metió pronto en la cama. Sin embargo, al poco rato llamaba a la puerta de su casa uno de los hermanos, Bià, que venía en busca de papel de fumar del que carecía y se había olvidado de comprar aquella tarde para llevárselo a la mar. Como Toni se encontrara ya en la cama durmiendo le atendió su madre: “Yo ya no le vi nunca más…” manifestaría lacónicamente “Neni” al relatar los hechos. A la mañana siguiente se hacían los dos hermanos a la mar a bordo de su embarcación “San Jaime” con rumbo a poniente, con la idea de trabajar en la Illa de ses Bledes. Por su parte “Neni”, tras salir a mar abierta, ponía a su embarcación proa a levante, hacia Cales Morts. Mientras este último se encontraba trabajando observó una fea nube en el “llebetx” e incluso escuchó un par de truenos que no le hicieron ninguna gracia pero, como aquello se disipó al poco tiempo, ya no le dió mayor importancia. Cuando estaba ya de regreso, cerca de Cala en Tusqueta se encontró con otra barca en la que iba un pariente de los “Bessons”, conocido como “es conco Tanu”, que también había salido “d’aubes” y como también había terminado, volvieron navegando juntos hasta Fornells. Una vez entrados, amarraron y se quedaron sentados en el mismo muelle junto a “Can Garriga”. No pasó mucho tiempo cuando observamos que regresaba el llaüt de los Sans, que era conducido por Biel, en un estado aparentemente muy nervioso. Llegó al muelle y no lo pudo parar. Sólamente le veíamos a él lo cual nos extrañó. Cuando volvió a intentar atracar salté a bordo para ayudarle y entonces pude ver a su hermano Bià tumbado en cubierta. Estaba muerto. Al parecer le había alcanzado un rayo procedente de aquella nube que yo había visto cuando se encontraban navegando frente a Cala Pregonda, de regreso de la Illa de ses Bledes. Le había entrado por un oído y le había salido por el recto, atravesando seguidamente la cubierta de la embarcación y perforando el casco por el costado, unos pocos centímetros sobre la línea de flotación, había entrado en el agua”. Biel explicó que cuando sucedieron los hechos su hermano estaba gobernando la embarcación y llevaba sujeta la caña del timón. En aquellos momentos él se encontraba agazapado junto al motor, aguantando el chubasco que les estaba cayendo. Continuó explicando que al encontrarse al través de Cala Pregonda su hermano se había incorporado de súbito. Él le preguntó qué le sucedía pero ya no le respondió. Había quedado acurrucado en la popa de la embarcación y le salía sangre por un oido. Fue una gran desgracia “Lo ocurrido aquel día lo comentamos muchas veces, puesto que yo tenía que ir con ellos y, cuando solía hacerlo, normalmente solía llevar la caña”. Aquellos hechos afectaron muy fuertemente a Toni “Neni”, hasta el punto de recordarlo como si hubieran acaecido pocas horas antes cuando los relataba. Curiosamente y por esas extrañas circunstancias de la vida, tan sólo seis años más adelante él mismo sería protagonista de otro naufragio a bordo de su propia embarcación de pesca que podría haberle costado la vida.

> 1.47 09-12-1945 “Lorenzo”

Sucedió en la mañana del día 9 de diciembre de 1945, cuando se comenzó a echar en falta a la embarcación de pesca denominada “Lorenzo”, de cuarenta palmos de eslora, propiedad de Lorenzo Llabrés Pons, más bien conocido como “En Redó”. Además del patrón se encontraban también a bordo Antonio Comellas Pons, Samuel Llabrés, Juan Triay y el joven de catorce años de edad Pedro Seguí Noguera. La embarcación se había hecho a la mar desde el puerto de Maó para dedicarse a sus labores de pesca habituales en la zona situada entre Ets Esqueixos y el Baix d’en Caragol, en la costa sur de la Isla. La salida se había efectuado en la madrugada del día 6, siendo sorprendido en alta mar por un furioso temporal del N que se desencadenaba súbitamente y que estaría dominando la Isla por espacio de varios días. Al parecer, quienes vieron la embarcación por última vez, la situaban en las aguas de la cala de Binibèquer, en la costa sur de la Isla, estando el patrón intentando poner en marcha el motor. Transcurrían las últimas horas del atardecer. El hecho es que cuando se perdía todo vestigio de visibilidad, Lorenzo Llabrés aún no había conseguido su propósito y seguía manipulando su motor. Se estuvo especulando con el hecho de que pudieran haber sido recogidos a bordo de un mercante inglés el cual, debido precisamente a ese fuerte temporal, había dejado caer el ancla y quedado fondeado al abrigo de la costa en las aguas cercanas al lugar de los hechos, pero pocos días después se conocía el desarrollo de los acontecimientos. La mar, embravecida a resultas del temporal de tramontana, había arrastrado al “Lorenzo” hasta las proximidades del cabo Carbón, en la costa de Argelia, logrando entrar remolcados por una embarcación que los había encontrado cuando estaban a la deriva en el puerto de Bougie, tras un recorrido obligado de 185 millas náuticas. La esposa del patrón había recibido un telegrama puesto por su marido a las cuatro de la madrugada del día 13 explicando los hechos. A pesar de lo intempestivo de la hora, el mensaje fue llevado a los inquietos familiares de la tripulación que celebraban, como es lógico, el feliz epílogo de la odisea.

> 1.48 16-12-1949 “Simoun”

El día 16 de diciembre de 1949 era observado por el personal de guardia del semáforo de Bajolí una embarcación a la deriva que estaba realizando señales en demanda de auxilio. Avisada de inmediato la Ayudantía de Marina de Ciutadella, se dispuso la salida inmediata del “Playa Pequeña”, al mando del patrón Antonio Oliva, que por suerte estaba trabajando ese día en aquel puerto, embarcando en el mismo el propio ayudante José Alemany. La embarcación con problemas resultó ser el pesquero francés “Simoun”, de 20 toneladas de desplazamiento y matrícula de Marsella, que había zarpado el sábado 10 de dicho puerto con rumbo a Sète. Cuando se encontraba a unas 15 millas de distancia de su punto de destino se vio sorprendido por el violento temporal de tramontana que había estado dominando la zona durante estos últimos días. Los vientos contrarios sumados a las averías sufridas en casco y motor, le dejaron a la deriva durante 6 largos días, aunque afortunadamente no resultara ningún tripulante herido y la embarcaciuón empujada hacia la costa de Menorca. Quien primero se apercibió de la presencia de la embarcación fue el armador de la barca “Esperanza”, Guillermo Cortés, cuyo patrón Francisco Cortés se aproximó a ella viendo que se encontraban a bordo tres hombres al límite de sus fuerzas. Luego se acercó la “Ocho Hermanos” cuyo patrón Miguel Cerdà, más conocido como “en Niu”, vio que hacía falta una embarcación de mayor potencia para proceder al remolque. También se hizo a la mar la balandra “Valldemosa, siendo finalmente el “Playa Pequeña” quien llevaría a cabo la operación de salvamento. El “Simoun” fue remolcado hasta Ciutadella donde su tripulación compuesta por los tres hombres que se encontraban a bordo, el patrón Charles Bublay; el mecánico Direne Ricci  y el marinero Louis Manent, sería perfectamente atendida, de lo cual agradecieron a las autoridades tales atenciones recibidas. También cooperaron en las tareas de salvamento las embarcaciones, “Pérez Segundo” y “San Miguel”, todas ellas de la Cofradía de Pescadores de Ciutadella. Al principio, la población creyó que los tres tripulantes habían sido hallados muertos, descendiendo en gran número al muelle para presenciar la llegada de los mismos.

> 1.49 26-06-1950 “Salmerón”

Transcurría el 26 de junio de 1950 cuando el bote “Salmerón” junto a su patrón Toni Riera (más conocido como Toni  “Neni”), se encontraba navegando en las inmediaciones del Cap de Cavalleria. Eran días en que los pescadores con base en Fornells se encontraban trabajando con viento de fuera (de gregal). Toni “Neni” solía trabajar en solitario, y en esos momentos había recuperado ya tanto las “nanses” como todos los demás aparejos de pesca. Era un hombre al que le gustaba trabajar sólo, transcurrían más o menos las nueve de la mañana y el hombre había previsto en principio entrar al puerto de Sanitja, puesto que corrían tiempos en que todavía el Estado les daba un cupo muy bajo de gasolina y no estaban para derrocharlo. Pero como había capturado unas cuantas langostas y no tenía donde ponerlas para mantenerlas en condiciones, decidió sobre la marcha continuar navegando hasta Fornells, lo que sería su error. El mar había experimentado un cambio extraño y cuando viró la Llosa del Patró Pere, en el extremo E de la península de Cavalleria, embistió la embarcación un fortísimo golpe de mar que no pudo salvar de ninguna manera. Tras volcar la barca su tripulante quedó totalmente sepultado por una ola descomunal: “Y cuando, tras un considerable esfuerzo logré sacar fuera la cabeza en medio del inmenso mar de espuma que envolvía todo lo que alcanzaba a ver con mis ojos, pude oir aún el motor de mi barca, que todavía estaba funcionando a pesar de encontrarse casi anegado. Por aquel entonces tenía yo 24 años de edad y me defendía bastante bien nadando, todo hay que decirlo”. La barca había volcado y, como tenía el cristal del vivero abierto, se escapó el aire que podía haber servido de cámara, lo que facilitó su fácil y rápido hundimiento. Otro pescador que se encontraba en aquellas inmediaciones cuando había irrumpido el cambio meteorológico había logrado con no pocos apuros arribar a Fornells y al llegar preguntó si “Neni” también estaba en puerto, a lo que le respondieron negativamente. El hombre esbozó un lacónico: “Pues si no está aquí, ya no vendrá…”. Había muy mala mar. Cuando “Neni” se encontró a flote y pudo reaccionar, recuperó como pudo uno de los cuarteles de la barca que se encontraba flotando relativamente cerca de él, así como el palo y la vela pero, cada vez que la mar le asestaba un nuevo golpe, se lo hacía soltar todo: “Llegué a quedar golpeado y herido por todas las partes del cuerpo. Sin embargo tuve la suficiente capacidad de reacción como para averigüar la dirección de la corriente, puesto que casi siempre, con viento de fuera la corriente suele ser de dentro. Observé que perdía de vista la isla de Sanitja (Porros) y poco después las Covas de s’Ull de Sol, lo que me demostraba que estaba siendo arrastrado rápida y afortunadamente hacia tierra. Aquello me devolvió fuertes esperanzas”. Toni continuó siendo arrastrado hasta encontrarse prácticamente por el través de Cala Viola de Llevant, cuando serían ya las doce del mediodía (llevaba entonces tres horas luchando sólo en aquellas aguas). Cuando vio que podía continuar siendo arrastrado, posiblemente contra alguna rompiente que no pudiera evitar, lo soltó todo: “Y es que si hubiera continuado dejándome arrastrar hasta la costa de En Salé, seguro que las fuerzas me hubieran abandonado y allí se hubiera perdido toda esperanza…”. Había cogido el cuartel de la barco y el palo con la vela para que le sirvieran de salvavidas, puesto que había escuchado durante muchos años a los más mayores del pueblo pesquero que: “…quien quería ir por si sólo en el agua no llegaba a ninguna parte…”. La suerte es que Cala Viola de Llevant, a pesar de que está lleno de piedras, éstas tienen su superficie bastante lisa y es muy difícil que puedan producir heridas en caso de rozar con ellas, lo que podía ocurrir muy fácilmente. Y así, como pudo llegó hasta tierra y continuando materialmente arrastrándose se puso a seguro. Cuando en la población comprobaron que el hombre no llegaba, se hicieron a la mar varios hombres a bordo del bote salvavidas en su ayuda, poniendo rumbo a Sanitja, que era el lugar que suponían se encontraría la embarcación de permanecer aún a flote. Toni, que ya estaba en tierra, les hizo señales. Ante las insinuaciones que le hicieron desde el bote de que se metiera en el agua y nadara hacia ellos, como es lógico, nuestro hombre se negó en redondo, así que, otro grupo de voluntarios que había tomado un coche y se había dirigido hasta las inmediaciones de Sanitja por el camino para realizar la búsqueda desde tierra, lo localizó y recogió cuando éste se encontraba totalmente exhausto sobre el acantilado. Había tragado grandes cantidades de agua de mar durante su aventura y se encontraba bastante mal por lo que, sin pérdida de tiempo se lo llevaron rápidamente hacia Fornells. Después de este episodio Toni estuvo bastante mal, no pudiendo comer correctamente ni poder sorber agua durante bastante tiempo. Sin embargo y a pesar de haber perdido su barca, decidió en un supremo esfuerzo continuar saliendo a diario embarcando en el bote de su primo Toni, para lo cual unieron sus aparejos de “nanses”. Pero tuvo que desplazarse varias veces a Barcelona para ser sometido a severos chequeos puesto que el accidente había dejado mella en su cuerpo. Sus familiares decidieron entonces buscarle trabajo en tierra y se trasladó a vivir a Maó, dejando por una temporada de tener su existencia directamente ligada a la mar. Así pasaron los años y más adelante todo volvió a empezar: comenzó a trabajar a bordo de las motoras de la Mola, después en las barcas del bou, y terminó por comprarse una nueva embarcación de 25 palmos, un llaut de madera construido por el “mestre d’aixa” mahonés Petrus, que es la que tiene actualmente y de la cual se siente orgulloso. Toni: “La familia me hizo ponerle el nombre de “Toni”, ya que no querían que le pusiera el de “Neni”, que es un apodo que me viene por parte de mi padre y que es como me conoce todo el mundo, hasta que decidí definitivamente ponerle este último, tal y como yo quería”.

> 1.50 30-08-1957 “José”

El viernes 30 de agosto de 1957 se hacía a la mar desde Ciutadella y con cuatro tripulantes a bordo la embarcación denominada “José”. Ocurrió que durante esa jornada de pesca y mientras sus tripulantes estaban faenando al igual que otras embarcaciones del mismo puerto, se desencadenó una fortísima y violenta tempestad que puso a todos ellos en serios problemas para mantener su integridad. Por ello, comenzaron a dirigirse rápidamente en busca de la seguridad del puerto. Todas, menos la “José”. Cuando las demás tripulaciones observaron que no había regresado ni se la divisaba en el horizonte, comenzó a especularse con la posibilidad de que se hubiera refugiado en cualquier otra cala de la zona, no dándole más importancia al hecho. El temporal cesó y poco a poco volvió la normalidad. Sin embargo anochecía y la embarcación con sus cuatro tripulantes ni regresaba a puerto ni había dado señales de vida, por lo que comenzó a cundir la alarma entre la población y su ambiente marítimo. Por ello, se hicieron a la mar varias embarcaciones convenientemente tripuladas con la intención de auxiliarles si hubiera surgido algún problema. No encontraron rastro alguno, volviendo a puerto entrada ya la noche. Se dio la casualidad de que la estación costera “Palma radio” difundiera a última hora un aviso a los navegantes en el que se daba cuenta de que “cuatro náufragos de nacionalidad española habían sido rescatados por un mercante de bandera italiana”, lo que hizo renacer la esperanza por la suerte de José Arana, Bartolomé Cifré, Diego Sanz y Carlos Moreno, pescadores profesionales y con habilidad manifiesta en la mar, que así se llamaban los tripulantes de la “José”. Otra noticia que trascendió en el ambiente del puerto fue que los tripulantes de otra de las embarcaciones que se encontraban cerca de la embarcación desaparecida al iniciarse el temporal, les sugirieron volver a puerto visto el mal cariz que iba tomando el cielo, algo que según parece rechazaron en un primer momento, continuando con sus trabajos. La tempestad estuvo formada por tres o cuatro “caps de fibló” encadenados, que duraron poco más de una hora, originando durísimas rachas de viento y violentos torbellinos, tanto en la mar como en tierra. Lo realmente cierto es que nada más se supo de ellos. El comandante de Marina de Menorca nombró Juez Instructor del expediente al A.N. don Juan Muntaner, ayudante de Marina de Ciutadella.

> 1.51 17-02-1960 “Valldemosa”

EL PESQUERO DE BOU “VALLDEMOSA” VISTO DE PROA

El 17 de febrero de 1960 el pesquero “Valldemosa”, con base en el puerto de Ciutadella,  se hizo a la mar como era habitual para realizar sus labores de pesca. Al encontrarse a 12 millas náuticas de Fornells sufrió una avería de máquina que lo dejó al pairo. No había forma de poder solucionar el problema, por lo que su patrón optó por izar la vela, ya que se contaba con un viento favorable del NE y poner rumbo de regreso a Ciutadella. Al propio tiempo intentaba lanzar un mensaje de socorro por radio como medida de seguridad y poder alertar y tranquilizar tanto al personal de tierra como a los familiares de la tripulación por la tardanza acumulada. Ya de noche y navegando propulsados por el viento, decidieron lanzar bengalas de socorro que no serían avistadas por nadie. Tampoco respondería a su mensaje por radio estación alguna al hallarse, muy posiblemente, en zona de sombra al estar muy próximos a tierra.

OTRA PERSPECTIVA DEL PESQUERO

A las cuatro de la madrugada y tras un nuevo intento eran contestados por la costera Palma radio que acusaba recibo de su llamada. En el mensaje especificaban que se encontraban al través de sa Farola Nova (faro de Punta Nati), que la estación de radio entendía como “situados al través de La Mola” y procedía a avisar inmediatamente a la Estación Naval de Mahón. Partió una embarcación desde dicho centro de la Armada y, lógicamente, en los alrededores de La Mola no encontraron a nadie. Entretanto, el “Valldemosa” había llegado a la bahía de Ciutadella y como no tenía maniobrabilidad para acceder al puerto con las circunstancias meteorológicas claramente adversas existentes en ese momento y amarrar, optó por fondear en su bocana. A primeras horas de la mañana, un  pesquero local le remolcó hasta su apostadero en el interior del puerto, amarrándose sin mayor dificultad. Todo finalizó felizmente salvo el natural susto habido entre los familiares de la tripulación.

> 1.52 01-12-1970 “Cordobesa”

Pero no solamente ocurrían los accidentes debido a circunstancias puramente meteorológicas. El martes 1 de diciembre de 1970, cuando habían transcurrido apenas unos minutos de las cuatro de la tarde y, tras sus operaciones de descarga en el puerto de Ciutadella, se hacía a la mar el motovelero denominado “Berta Costa”, de la matrícula de Eivissa, rumbo a Barcelona al mando de su patrón don José Cardell Juan. La otra embarcación implicada en este siniestro, dedicada a las labores de pesca y llamada “Cordobesa”, con base en el mismo puerto, de 5,20 metros de eslora por 2,00 metros de manga, se hallaba situada a media milla escasa de la bocana del puerto y su patrón, Gabriel Cerdá Cifré, estaba por la labor calando sus redes como era su trabajo habitual. De pronto, se percató de que el motovelero dirigía su proa directamente hacia su posición, por lo que inmediatamente comenzó a gritar intentando alertar a la tripulación, algo que no conseguiría; así que, con la suficiente sangre fría y viendo que allí iba a ocurrir algo inevitable, se despojó de su calzado y de su ropa de abrigo, echándose al mar al propio tiempo que continuaba gritando. Nadó con fuerza para apartarse del rumbo de la mole que se acercaba implacable hacia su frágil embarcación, a la que iba a dar un tremendo impacto. Tuvo que nadar además con la suficiente precaución para no quedar enredado entre sus propias artes de pesca, que hubieran resultado una trampa mortal. Pero, quizás deslumbrados por los fuertes rayos del sol de la tarde y realizando su rumbo habitual hacia el W para salir del resguardo de la costa y poder remontar seguidamente hacia el N, no logró ningún miembro de la tripulación del “Berta Costa” percatarse de la presencia de la pequeña embarcación de pesca justo en medio de su derrota. No tardó en producirse la colisión con el consiguiente destrozo y hundimiento de la “Cordobesa”. Sería entonces cuando los hombres que se encontraban a bordo lograrían escuchar los gritos del desesperado pescador que luchaba por mantenerse a flote en el agua, maniobrando para virar en redondo y poder lanzar un salvavidas al infortunado náufrago. Tras treinta largos minutos conseguían por fin su objetivo e, izándole a bordo, entraban nuevamente de regreso a puerto. Afortunadamente no llegaron a ocurrir desgracias personales en esta ocasión, aunque se perdería la embarcación y todas las artes de pesca que se encontraban a bordo, yéndose a pique, con el consiguiente susto recibido por Gabriel Cerdá. En la tarde del día 5, un equipo formado por el Ayudante de Marina don Casimiro Pérez, el suboficial don Bienvenido Rihuete, el presidente de la Cofradía de Pescadores de Ciutadella Domingo Moll, el buceador de la Compañía Atlántica de Dragados S.A. que estaba llevando las obras de dragado del puerto, Cristóbal Peralta, y varios familiares del pescador se hacían a la mar con el fin de localizar y estudiar “in situ” las posibilidades de recuperar la embarcación naufragada. La localización se hizo efectiva en no mucho tiempo, gracias a las enfilaciones facilitadas por el propio pescador. Tras ello, el buceador hizo un par de inmersiones, logrando localizar la embarcación en la segunda de ellas. Tras analizar su estado, explicó la situación al resto de la expedición que esperaba en la superficie: tendría que extraerse el casco del lodo, que ya empezaba a aprisionarla y, suspendida entre dos aguas, remolcarla hasta el puerto de Ciutadella. Nuevamente se sumergería Peralta y tras trincar el casco, comenzaba la operación de arrancarla del fondo, que resultaría laboriosa puesto que el casco estaba siendo soldado por el lodo. Una vez suspendida, y cuando a través de las aguas podía percibirse claramente la silueta de la embarcación, a velocidad extremadamente lenta comenzó a ser reconducida a puerto, a donde se llegaría ya anocheciendo, por lo que se decidió abarloarla al pie de la grúa del Club Nàutic Ciutadella. A primera hora de la mañana siguiente comenzaban las operaciones de reflotamiento, y a las nueve la grúa la embragaba y dejaba sobre el muelle a fin de que los maestros de ribera locales valorasen los daños y posibilidades de recuperación. El dictamen fue que los daños recibidos eran de bastante consideración, aunque recuperables, por lo que resultaba factible su reparación. Así se hizo, y poco tiempo después la embarcación era devuelta al agua para continuar con su actividad usual.

> 1.53 08-05-1975 “Antonieta”

Otro accidente que pudo derivar a mayores ocurría al comenzar a clarear el día 8 de mayo de 1975, en que la barca de pesca con base en el puerto de Ciutadella y 38 palmos de eslora con un motor Perkins de 3 cilindros, “Antonieta”, se hacía a la mar, llevando a bordo a su patrón Gabriel Cerdá Cabiró y al tripulante de éste Jaime Martí, dispuestos a cumplir con su trabajo. Se trataba de una jornada de carácter festivo (La Ascensión) y era el deseo de ambos trabajadores de la mar regresar pronto a tierra para pasar el día en compañía de sus respectivas familias. Aquel día había un poco de “estropeig” (la mar se encontraba entre rizada y marejadilla). Al hallarse a unas cuatro o cinco millas de distancia de la bocana del puerto y sobre el lugar popularmente conocido como Sa Barra, pararon su motor para iniciar la faena de levar las “filères de nanses”. Al poco tiempo observaban las evoluciones de un yate tipo goleta que navegaba a vela y motor, acercándose lentamente a la zona. Como fuera algo habitual, continuaron con sus quehaceres sin darle mayor importancia y más al comprobar que el rumbo que hacía la embarcación de recreo quedaba bastante abierto de su situación. Pero no transcurrirían muchos minutos cuando pudieron comprobar estupefactos que el yate había variado sensiblemente su rumbo inicial y su proa se dirigía directamente hacia ellos. No pudieron reaccionar, puesto que todo se desarrolló en un cortísimo espacio de tiempo. El yate, del cual no era visible ninguno de sus tripulantes en cubierta, entró en colisión contra la proa del “Antonieta”. El patrón le dijo al tripulante que comprobara rápidamente los daños puesto que si no fueran de consideración podrían colocarle una lona como pallete de colisión y poder ser remolcados hasta puerto. El tripulante lo miró y contestó que existía una importantísima brecha y que la proa había quedado totalmente astillada, pues era de construcción de madera, lo que hizo entender que allí no había nada que hacer, ni contaban siquiera con el mínimo tiempo para intentar salvar algo. Inmediatamente se despojaron de sus prendas de agua y botas y, tras colocarse los chalecos salvavidas, se echaron al mar0, al mismo tiempo que su barca, su medio de vida, emprendía su trágica y última singladura para dirigirse hacia el fondo. Con el impacto de la colisión, los tripulantes del yate se habían dado perfecta cuenta de que algo anormal había sucedido y viendo la barca que se hundía, comenzaron a buscar desesperadamente a sus ocupantes que, tras ser localizados, fueron izados a bordo con bastante dificultad debido al estado de la mar. Seguidamente pusieron rumbo a Ciutadella haciendo entrada poco después de las diez de la mañana. Era el propietario del yate Mr. P. Griebel. La embarcación, denominada “Rena”, había zarpado hacía un mes del puerto de Kiel (Alemania) con rumbo a Antibes, llevando a bordo al propietario de la misma, a un marino de la reserva activa de aquel país, que actuaba como capitán y se dedicaba a realizar traslado de yates entre puertos. Habían atravesado el Canal de la Mancha con bastante mal tiempo y parece ser que el piloto automático no respondía como debiera de hacerlo al haber sufrido un recalentamiento. Como el propietario no tenía práctica en el manejo de embarcaciones, cuando el capitán necesitaba descansar, solía poner el piloto en marcha. En esa ocasión, tras avisar al armador que vigilara la proa, puso el piloto y se fue a dormir un rato. El propietario reconoció en tierra que había observado la barca de los pescadores ciudadelanos por su proa, pero como iban bastante abiertos no creyó que fuera a suceder nada. Cuando se dio cuenta era ya demasiado tarde. La Comandancia de Marina, a través de la Ayudantía del puerto de Ciutadella, se hizo cargo de las gestiones que iban a resultar más ágiles de lo esperado debido a la inexistencia de daños físicos a los tripulantes y al reconocimiento de la autoría de los hechos por parte del yate agresor. El armador manifestó que el barco tenía un seguro que cubriría el siniestro o, en caso contrario, él mismo se haría cargo de los gastos ocasionados. Tras un contacto entre bancos de Ciutadella y Alemania y un completo acuerdo entre propietarios sobre el valor del “Antonieta” y sus aparejos de pesca, se hacía efectivo sin más el importe de los daños materiales, con lo que quedaba zanjado el suceso. “Al propietario del yate no le salieron bien los trámites al principio puesto que, contrariamente a lo esperado, su casa aseguradora no aceptaba el documento redactado que hacía referencia a lo sucedido. Como el hombre tenía un chalet en Eivissa, mandó un conocido suyo con el ruego de que se hiciera cargo de la gestión. Se redactó el documento nuevamente y esta vez si fue admitido. Cerdá, al recordar los hechos acaecidos, afirmó que el propietario de había llamado para comunicarle “que el próximo año vendría a vernos, pero el pobre falleció. Vinieron la viuda, su hijo y el capitán, que residía en Francia y quiso sumarse al acto. Fuimos a cenar a un restaurante del puerto. Tras la pérdida de la embarcación y como estábamos en plena temporada de langosta me fui a Mallorca en busca de una nueva y en Cala Ratjada compré la que tuve últimamente, que tenía tan solo un año desde que saliera del astillero y que le puse el nombre de “Llum i Vida”, de 43 palmos de eslora. Al cabo de una semana ya estaba en Ciutadella”.

> 1.54 03-12-1979 “San Rafael”

En la madrugada del lunes 3 de diciembre de 1979 se hacía a la mar el pescador con base n el puerto de Ciutadella Joan Marquès Bagur a bordo de su bote “San Rafael”, dispuesto a levantar unos calamentos de palangre que había dejado fondeados el día anterior en las inmediaciones de la cala de Santa Galdana. Su única compañía a bordo era su fiel perro que tenía por nombre “Petit”. Como transcurriera gran parte de la tarde y el hombre no regresara, comenzó a cundir la alarma entre sus familiares y los medios marítimos locales, en el seno del cual gozaba de gran popularidad. Alertada, pues, la Ayudantía de Marina, se comenzaba a organizar una expedición con el fin de localizar al pescador desaparecido, sobre cuyo suceso comenzaban a especularse las más diversas opiniones: desde un abordaje por un buque que navegara por la zona, a un desvanecimiento del patrón. Bien era cierto que en los últimos días se había quejado de continuas jaquecas y molestias. Por otro lado, la mar presentaba un excelente aspecto esos días, por lo que se descartaba de antemano la posibilidad de que la embarcación hubiera llegado a zozobrar, ya que las circunstancias eran desde luego totalmente adversas para que ello pudiera ocurrir. Montada la operación de búsqueda de la embarcación desaparecida y su patrón, se hicieron a la mar varias embarcaciones de la Cofradía de Pescadores de Ciutadella, además de una unidad del S.A.R., efectivos de la Cruz Roja del Mar y otros, coordinados todos por el ayudante de Marina don José Villalonga, estableciéndose el centro de operaciones en el restaurante del puerto Ca’n Manolo, propiedad de don Manuel Plens, desde donde se recibían y expedían todo tipo de llamadas telefónicas al respecto. Los primeros resultados fueron desalentadores al no encontrar el menor vestigio que delatara la presencia de la embarcación desaparecida en la zona. El balance de la operación fue que llegaran a localizarse los palangres, puesto que continuaban en su sitio. Sin embargo, cuando las operaciones aéreas se estaban dando ya por finalizadas y cundía el desánimo, el industrial zaragozano don Pedro de Wenetz, poseedor de una vivienda de veraneo en el acantilado de la bahía de Ciutadella, ofreció al señor Villalonga la posibilidad de trasladar dos helicópteros de su empresa Semillas Agrar S.A. desde Zaragoza a Menorca para participar en la búsqueda. Éste no lo dudó ni un momento y aceptó la oferta de inmediato. Como sucediera que esos días existía una espesa niebla en la parte oriental de la Península, los dos aparatos fueron desmontados y transportados por carretera hasta Sant Carles de la Ràpita, donde fueron montados nuevamente, cruzando hasta Menorca. El Ayudante de Marina embarcó en uno de los aparatos y comenzaron a peinar minuciosamente la costa y sus alrededores. El jueves 6 escudriñaban un área de 75 millas, el viernes otra de 120 millas, llevando su radio de acción hasta la misma costa argelina. No pudieron sobrevolar su área de soberanía debido al tiempo exigido por ese país para la concesión de los permisos correspondientes, por lo que decidieron regresar a la zona de las Illes Balears, cuarteando a partir de esos momentos la costa sur de Mallorca, el archipiélago de Cabrera y sur de Menorca. Ello tenía lugar en el transcurso del día 7. Cuando se encontraban sobre el archipiélago de Cabrera, en una calita de la costa del islote denominado Imperial, pudieron observar una mancha blanca en uno de sus recodos, por lo que fijaron en ella su atención. Al bajar a una altura razonable, pudieron constatar que se trataba de la embarcación buscada, que se mantenía perfectamente a flote y en su cubierta se encontraban el patrón y su perro. Una vez en tierra y en el intento de querer acercarse a la embarcación, encontraron al perro, al que se suponía hambriento por no comer en varios días, que estaba sumamente nervioso y que defendía la embarcación frente a los miembros del equipo que pretendían abordarla. El señor Marquès se encontraba con las piernas metidas en el escotillón, pero caído sobre su costado derecho y sobre el timón. Era cadáver. Mientras los hombres que se encontraban en tierra controlaban al fiel guardian del infortunado pescador, el helicóptero continuaba hasta Cabrera para dar parte de lo sucedido, por lo que inmediatamente varios miembros de la Guardia Civil se personaban en el lugar del descubrimiento. El helicóptero regresó y tras aterrizar para embarcar el cadáver lo transportaba hasta Palma de Mallorca, en donde se daba cuenta de haber hallado al desaparecido a la autoridad de Marina. Los hechos demostraban que el pescador había fallecido por causas totalmente naturales mientras navegaba, quedando la embarcación a merced de las olas y la corriente, que la transportaron hasta el mencionado archipiélago donde quedaría retenida en una de sus calas. La noticia del hallazgo causó gran consternación entre la población de Ciutadella, en donde era una persona muy apreciada. Los helicópteros que tomaron parte en las operaciones fueron el “EC-CMB” y el “EC-CQA”, realizando un rastreo total de más de 2.400 millas náuticas, siendo sus pilotos los profesionales Tomás Gallego, Santiago de Servet, Javier Santodomingo, Laureano Medina, Jaime Veguer y Francisco Valencia. Joan Marquès estaba casado y era padre de dos hijos.

> 1.55 10-10-1982 “Isabel”

La embarcación de pesca con base en Ciutadella denominada “Isabel” fue alcanzada por un rayo el domingo 10 de octubre de 1982 cuando su patrón don Jorge Pons Genestar, su hijo Miguel y un amigo de éste se habían hecho a la mar para seguir de cerca una prueba de natación que se había organizado para esa fecha consistente en realizar la travesía a nado entre las islas de Mallorca y Menorca. Convenientemente pertrechados para hacer las horas que fueren necesarias, habían salido del puerto de Ciutadella sobre las ocho de aquella mañana, con unas condiciones meteorológicas buenas, ya que ni tampoco se habían anunciado perturbaciones dignas de tener en cuenta puesto que de haberlas, la prueba obviamente se habría aplazado. Al poco tiempo el patrón observaba preocupado que el cielo comenzaba a encapotarse, cambiando rápidamente de cariz hasta el punto de amenazar tormenta inminente. Pero siendo como era hombre acostumbrado a aguantar tormentas en la mar, decidió permanecer en la zona y seguir el desarrollo de la prueba deportiva. Pero la cerrazón aumentó más aún, comenzando a saltar las chispas eléctricas y a retumbar por doquier los truenos. Los rayos eran perfectamente visibles y caían con fuerza en la mar. A pesar de ello el patrón se mantuvo sereno y no se asustó de ver la tormenta puesto que no era la primera vez que se encontraba en situación semejante dada su dilatada trayectoria profesional. Se encontraban a unas cinco millas de la costa y el agua comenzó a caer con gran intensidad. De pronto se oyó una fortísima explosión en la parte de proa de la “Isabel”, al propio tiempo que vibraba la embarcación víctima de una fuerte convulsión. Pudo observarse perfectamente que el palo, en cuya parte superior llevaba incorporadas las luces de situación, se astillaba, aparecía un boquete en la parte de babor de la proa, y se quemaba al mismo tiempo parte de la instalación eléctrica. Pero no acabaría aquí la cosa puesto que la chispa, en su recorrido, hacía saltar uno de los escotillones, quemaba dos salvavidas, segaba uno de los soportes del motor y uno de los tubos del gasóleo. La explosión, por si faltara aún espectacularidad, había hecho saltar también los cristales laterales de la cabina del piloto. La sorpresa y el susto por lo que allí hubiera podido pasar fue dispar para los que se encontraban a bordo. Sin que nadie la hubiera tocado, la embarcación había dado por si sóla un giro de 180º sobre su eje horizontal, y del rumbo a levante en que habían estado hasta entonces navegando, actualmente estaban yendo hacia poniente. Una vez sobrepuestos del episodio, que si les hubieran anunciado lo que les iba a pasar, nunca se lo hubieran creído, de acuerdo con el compás de a bordo pusieron rumbo a la costa menorquina, la que alcanzarían tras cuarenta y cinco minutos: “…los más largos de mi vida…” manifestaría al poner pie a tierra su patrón. Los tres tripulantes no sintieron miedo a bordo en ningún momento, aunque sí, un gran respeto por todo lo que allí acababa de sucederles. Y no era para menos.

> 1.56 12-10-1982 “Oliu”

Si bien el episodio anterior tuvo un final feliz para sus protagonistas, ya que no se registraron desgracias personales para los tripulantes, tan sólo dos días después, en otra embarcación pesquera del puerto de Ciutadella, ocurría un accidente laboral en la mar que afectaría seriamente a uno de los hombres que se encontraban a bordo. Sucedía a bordo de la barca denominada “Oliu”. Ocurrían los hechos el 12 de octubre de 1982. La embarcación había salido a trabajar esa madrugada llevando a bordo a uno de sus tripulantes, el joven de veintidós años Jesús Sevilla. Al cabo de unas horas, al estar trasegando con los aparejos de pesca, tuvo la desgracia de que los mismos se enredasen en uno de sus pies, concretamente el derecho, con la fatalidad de ser seccionado instantáneamente. Arrastrado por las propias artes de pesca, desaparecería hundiéndose en el agua. Corrieron inmediatamente sus compañeros a socorrerlo, haciendo cuanto estaba en su mano para intentar detener la hemorragia provocada por la aparatosidad del accidente. El patrón del barco, Bartolomé Parrom, saltó al radioteléfono de a bordo llamando a la costera Palma-radio solicitando ayuda y dando parte del accidente y la posición del barco. El operador de la estación lo conectó inmediatamente con el Servicio Radiomédico del Instituto Social de la Marina desde dónde uno de los facultativos de turno procedió a transmitirle todos los pasos necesarios a realizar para aplicar unos primeros auxilios garantizados al infortunado marinero, e intentar cortar la aparatosa hemorragia producida. Seguidamente comunicó la estación a la Comandancia de Marina de Menorca el suceso y tras comenzarse a coordinar la asistencia en tierra del accidentado se daba orden al pesquero de poner rumbo a puerto. Una vez entraron en Ciutadella observaron que en el muelle les aguardaban una ambulancia y un facultativo que se harían cargo del joven al que trasladarían al Hospital Virgen de Monte Toro de Maó, en donde se le practicarían el resto de atenciones necesarias. El estado del joven Jesús Sevilla fue calificado, por supuesto, de “grave” quedando internado en el centro sanitario aunque sin riesgo de su vida.

> 1.57 22-04-1988 “Joven Diego”

DIFICULTOSAS OPERACIONES DE SALVAMENTO

En las primeras horas de la mañana del 22 de abril de 1988 embarrancaba en unos escollos cercanos a la Platja de l’Aire, en el punto conocido como Punta Prima, el barco de pesca tipo bou “Joven Diego” en que, tras quedar encajado entre las rocas, los fuertes y recios embates de la mar comenzaron a castigarlo, hasta acabar por destrozarlo. La tripulación había sido rescatada momentos antes por miembros de la Cruz Roja del Mar pertenecientes a la base de Maó. Tras finalizar las operaciones, fueron trasladados hasta Calesfonts (Es Castell), mientras su patrón era internado en la residencia sanitaria Virgen de Monte Toro. Momentos antes habían sido atendidos también por el personal facultativo del centro dos tripulantes pertenecientes al bou “Rosa Santa” que habían intervenido en las operaciones de salvamento y, por culpa de un violento golpe de las olas, habían sido materialmente lanzados sobre las rocas, sufriendo una conmoción que hizo aconsejar un reconocimiento médico.

CASTIGADO POR EL DURO TEMPORAL QUE NO CESA

En el salvamento, además del “Rosa Santa”, intervino igualmente el bou de casco de hierro y mayor potencia de motor “Port de Llansá”, una patrullera de la Armada española con base en Maó y otras embarcaciones de pesca. El siniestro había tenido lugar sobre las cinco y cuarto de la mañana, aunque la tripulación no pudo ser rescatada hasta varias horas más tarde como consecuencia del estado de la mar, cuyo violento oleaje impedía cualquier intento de aproximación. También es cierto que los miembros de la tripulación se resistieron hasta el último momento a abandonar su barco. Tras haber estado insistiendo reiteradamente el delegado de la Cruz Roja del Mar don Juan Cabrera, accedieron por fin a lanzarse al agua, desde donde fueron recuperados uno a uno con auxilio de una neumática. El patrón del pesquero naufragado, don Miguel Moreno, fue el último en abandonar el barco, lo que haría conminado por un hombre-rana de la E.N. de Mahón, haciéndole asirse a una rueda salvavidas que mantenían sujeta por una rabiza. El pesquero tenía base en el puerto de Ciutadella aunque habitualmente operaba en las aguas del sudeste de Sant Lluís, utilizando como base provisional el puerto de Maó. Se da la circunstancia de que el barco había sido ya objeto de un sabotaje estando en su base de Ciutadella, al serle introducida gravilla en sus depósitos de combustible y aceite por parte de unos desaprensivos. Había sido adquirido hacía poco más de un año y su patrón, a raíz del accidente acaecido, sufrió un fuerte shock, quedando prácticamente en coma por espacio de varias horas, hasta que afortunadamente logró recuperarse. Sin embargo, el drama comenzaría a gestarse en los días siguientes, ya que el barco, que había costado a su patrón (que era al propio tiempo el armador) la suma de diez millones de pesetas, no podía hacer efectivo su seguro puesto que en el momento del accidente se encontraba aún en fase de trámite. Sus tres tripulantes estaban afiliados a la Cofradía de Pescadores de Porto Colom (Mallorca) y parece ser que dicha cofradía se desentendió en principio de ellos, por lo que tuvieron que ser auxiliados por la de Maó. El patrón comenzó a pasar a partir de esos momentos las semanas más amargas de toda su vida. Tras el accidente, la costa de Punta Prima se hallaba repleta de trozos de tablazón y otros múltiples restos del barco accidentado, tras haberse diseminado por todo el entorno. La causa del accidente parecía ser un fallo humano. El caso es que nada de a bordo había logrado salvarse: ni las artes de pesca, ni la electrónica; ni tan siquiera el motor. De su historial se desprende que, precediendo a Ciutadella, el “Joven Diego” había tenido como base a Porto Colom, puerto que está situado en el término de Felanitx. Al vivir la tripulación a bordo del barco, que estaba constituido como su único hogar, se quedaron sin todos sus efectos personales, incluida la vestimenta. Dos de ellos eran naturales de Bermeo (País Vasco), mientras que el tercero era natural de Málaga. En tales condiciones, por cuenta de la Cofradía de Pescadores de Maó, que presidía don Gabriel Morro, fueron alojados en la Pensión Reynés. Al final, la Cofradía de Porto Colom se ofreció a recolocarlos, aunque los desplazamientos hasta la isla vecina debían de correr de sus respectivos bolsillos.

LA CATÁSTROFE YA ES PATENTE E INEVITABLE

El patrón explicaría las circunstancias que habían derivado en el accidente y pérdida del barco: tras hacerse a la mar desde Maó a las cuatro y treinta y cinco de aquella fatídica mañana, pusieron rumbo al punto en donde se encontraban caladas las nasas que utilizaban para la captura de la gamba (más o menos, a 4 millas de la Illa de l’Aire y 8 del Cap de ses Penyes). En el momento de ocurrirles el accidente navegaban sin prisas; habían dejado las boyas de la bocana de Maó y habían puesto proa a la Illa de l’Aire. Parece ser que el patrón se hizo daño, posiblemente debido a los bruscos movimientos del barco debido al estado que presentaba la mar, y había cedido el gobierno del mismo a uno de sus tripulantes. El caso es que sin saber cómo ni por qué, una fuerte convulsión se hizo sentir a bordo, y quedaron inmediatamente inmovilizados. Se habían acercado en demasía a tierra y, cuando quisieron darse cuenta de ello, tenían frente a ellos la Punta Prima y era demasiado tarde para abrirse. “Me mantuve a bordo hasta el último momento. Más bien hasta que comprendí que era muy peligroso intentar permanecer por más tiempo puesto que todo se venía abajo. Mi última maniobra fue intentar botar el bote de salvamento, en un intento de salvar algunos de los equipos más valiosos y la documentación de a bordo. Todo resultó completamente inútil…”.

SÓLO RESTABA RECUPERAR TODO LO QUE FUERA POSIBLE

Sobre las doce del mediodía el temporal conseguía su objetivo y el barco se rompía en mil pedazos, mientras todos sus equipos y enseres quedaban desperdigados a lo largo de la costa. Una pareja de la Guardia Civil fue puesta en vigilancia para evitar el pillaje.

> 1.58 16-12-1990 “Marinete”

Otro suceso acaecido en este sector se refiere al acontecido el domingo día 16 de diciembre de 1990, tras haberse hecho a la mar a bordo de su llaut de 28 palmos denominado “Marinete”, dispuesto a pescar, el vecino de Ciutadella Juan Marqués Calafat, de 52 años de edad. No era en este caso un profesional como los anteriores, pero sí estaba considerado como un buen aficionado a la pesca y por ello tenía como práctica habitual el hacerse a la mar todos los fines de semana para llevar a cabo su afición favorita. Durante esa semana había salido en dos ocasiones, el viernes y el sábado, llevando consigo a su hermano. Y el domingo tenían que salir juntos nuevamente pero como fueran ya las seis de la mañana y no apareciera su compañero de pesca, había decidido hacerse sólo a la mar, aunque con la intención de volver a tierra sobre las diez, que también era la hora habitual de regreso. Sobre las ocho y media, otros pescadores le habían situado al través del Cap de Banyos, en las inmediaciones de la ubicación del hotel Farragut. Pero el hombre no regresó a las diez, ni tampoco a las diez y media, ni a las once. El tiempo había refrescado sensiblemente y donde hasta entonces había sido calma, se había establecido un viento del N que soplaba racheado con puntas de fuerza 6. La mar empujaba alborotada y, en tierra, la familia comenzaba a inquietarse para hacerlo poco después diversos amigos de Marqués pertenecientes al ámbito portuario. Vista la situación, se decidió no esperar más y poco después se hacían a la mar varias embarcaciones tripuladas por amigos suyos, que partían en su busca. Más tarde zarpaban los bous “Vicenta” y “Mares del Sur”, pero las horas iban pasando y los resultados seguían siendo negativos. A primera hora de la tarde se agregaba el ayudante de Marina de Ciutadella que había sido informado del hecho, sumándose una embarcación con su dotación de la Cruz Roja del Mar. Se alertó al SAR, que hizo presencia y estuvo colaborando en la búsqueda hasta el atardecer. A la mañana siguiente la zona de búsqueda se extendía desde el Cap de Cavalleria, por la parte N, hasta la Cala de Santa Galdana, por el S. Nada se sabía y nada se supo de lo sucedido a Juan Marqués, aunque su familia se extrañara del hecho de que no se hubiera recibido mensaje de socorro alguno por parte del mismo, aun estando dotado el “Marinete”  del correspondiente equipo de señales luminosas y de radioteléfono sistema VHF. El día 21 se entendían por concluidas todas las operaciones de búsqueda, dándose al infortunado pescador por desaparecido en la mar.

> 1.59 25-08-1993 “Isabel”

En la tarde del miércoles 25 de agosto de 1993, la embarcación dedicada a las labores de pesca denominada “Isabel” resultó abordada por un velero de bandera inglesa. Los hechos tuvieron lugar en la bahía de Ciutadella y el resultado fueron diversos desperfectos de consideración tanto en la cabina de mando como en la popa. La “Isabel” medía 9 metros de eslora, siendo propiedad del patrón ciudadelano Jordi Pons, el cual se hallaba manipulando sus redes en el momento de ocurrir los hechos. Resultó abordado en su popa por el velero denominado “Accolade”, que le reventaba la aleta y le arrancaba la cabina de su asiento. Se especuló con la posibilidad de que el velero estuviera navegando con el piloto automático conectado y su patrón no estuviera pendiente de lo que pudiera tener frente a su proa, por lo que no se percataría de la presencia de la embarcación en plena faena. Sin embargo el patrón inglés manifestó que manejaba el timón manualmente y que estaba navegando a vela. Una vez en tierra el perito tasó los daños en unas 400.000 pesetas, que el barco causante abonó sin ningún problema, por lo que no llegó a formalizarse denuncia. La “Isabel” es la misma embarcación que resultó alcanzada por un rayo años atrás, accidente que también figura en esta obra.

> 1.60 29-12-1995 “Bonanza”

El 29 de diciembre de 1995 desaparecía en la mar a bordo de su pequeño bote “Bonanza” el vecino de Es Castell de setenta y un años de edad don Francisco Miret Torres. Había salido a pescar desde Cales Fonts sobre las cinco y media de la tarde. En la misma noche se iniciaron las operaciones de búsqueda después de que sus familiares avisaran alarmados a la Cruz Roja del Mar. Varias embarcaciones tripuladas por voluntarios estuvieron rastreando la zona de la bocana del puerto, entre las que se encontraba la lancha de salvamento “Virgen de Monte Toro”. A la mañana siguiente se unían miembros del Cuerpo de Bomberos del Consell Insular de Menorca, miembros de la Autoritat Portuària y del Club Náutico Villacarlos. Durante la búsqueda tan sólo fueron localizados los dos remos de la embarcación, en aguas cercanas a la Illa de Sant Felipet, donde se ubica el Lazareto.

> 1.61 27-01-1996 “María Kati”

EL LLAÜT RECUPERADO DEL FONDO DEL MAR

Sobre las cuatro y media de la tarde del día 27 de enero de 1996 se hacía a la mar desde el torrente de la cala de Santa Galdana a bordo de su embarcación con la intención de practicar la pesca el profesional jubilado Cristóbal Torrent Coll, de 67 años, a quien acompañaba su hija Joana Torrent Goñalons, de 39. Ambos eran naturales de Ferreries y se hacían a la mar a bordo del “María Kati”. Como fueran pasando más horas de lo habitual y no regresaran a su domicilio, sus familiares comenzaron a sentirse preocupados, decidiendo marchar a la cala para ver qué les retenía tanto tiempo en la misma. Pero la embarcación no estaba amarrada en su apostadero. Comenzaron entonces a repartirse por la zona buscando a ambos ladas de la cala para comprobar que no estuvieran todavía fuera, sin resultado alguno. Al notar la presencia de una pareja de la Policía Local, les manifestaron su inquietud como consecuencia de los dos familiares y la barca desaparecidos, por lo que se trasladaba el hecho a la Comandancia de Marina, que pondría en marcha las operaciones de búsqueda, tras alertar a la Guardia Civil y a la Cruz Roja, que comenzaba a peinar toda la zona comprendida entre el Cap d’Artrutx y la Platja de Sant Tomàs por tierra.

LA PROA DESDE SU AMURA DE ESTRIBOR

Por su parte la lancha de Salvamento adscrita a Sasemar “Virgen de Monte Toro” recibía la orden de largar amarras y zarpar de su base en Maó y comenzaba a hacer lo propio en la mar. A las seis y media de la mañana siguiente se incrementaban los efectivos al unírseles otras embarcaciones pertenecientes a voluntarios, neumáticas de la Cruz Roja, efectivos del Cuerpo de Bomberos y una avioneta del S.A.R., mientras la base de operaciones se establecía junto al torrente donde el jefe del Parque Insular de Bomberos don Rafael Le-Senne y el responsable de la Policía Local de Ferreries, el cabo Javier Jurado, coordinaban a los equipos de rastreo. No tradaron en encontrarse las redes caladas en su emplazamiento, por lo que se dedujo que el accidente tuvo que haberse producido antes de que la embarcación llegara a su destino. Al ir rastreando la zona la lancha de salvamento al alimón con uno de los llauts de los voluntarios, les pareció ver cerca de la costa de Cala Mitjana lo que parecía ser una cabeza o cuerpo humano en el agua. Sin embargo tan sólo se trataba de un trozo de tubo aislante térmico que se encontraba flotando. De pronto, el llaut, que se encontraba navegando a unos diez metros de tierra descubrió a la joven resguardada en una grieta existente e una de las márgenes de cala Mitjana. Había mar y los tripulantes de la lancha desconocían la situación de la misma, su estado anímico, posibles heridas, etc. Por ello no quisieron ni siquiera insinuarle que se lanzara al agua de nuevo y nadara hacia ellos después de lo sucedido, puesto que la embarcación tampoco podía acercarse. Desembarcaron, entonces, a dos de los tripulantes que se desplazaron por tierra y junto a otros voluntarios que habían acudido al enterarse de la situación a través del VHF, la rescataron accediendo al punto en que se encontraba desde la parte superior del acantilado. La joven estaba agotada, aterida de frío y muy afectada por todo lo que le había ocurrido. Aún así manifestó que su padre se había hundido a pesar de sus esfuerzos, al igual que la embarcación. La joven fue trasladada al hospital de Maó, mientras que por parte del equipo de rescate se cambiaba la filosofía mantenida hasta entonces en la operación: ya no se trataba de buscar en la superficie sino en el fondo del mar. Eran entonces las nueve y media de la mañana. Tras un rápido reconocimiento pudo constatarse que la joven presentaba heridas en sus brazos y manos, debido al encuentro con las rocas, por las que tuvo que subir para escapar del agua. Y el origen del hundimiento de la embarcación vino a través del fallo en uno de los manguitos de refrigeración del motor, por cuyo motivo se había llenado muy rápidamente de agua, con una intensidad tal que los dos tripulantes no pudieron achicarla cuando se dieron cuenta de la situación, yendo muy rápidamente al fondo. Tras volcar, la joven había intentado hacer todo lo posible por salvar a su padre, poniéndole un chaleco salvavidas y arrastrándolo hacia la costa. Pero en el último momento le fallaron las fuerzas y tuvo que contemplar impotente cómo su padre se sumergía inevitablemente. Tras la terrible tragedia que acababa de vivir, tuvo que sacar aún fuerzas para lograr aferrarse y trepar como pudiera por el acantilado hasta resguardarse en la grieta donde fue encontrada. La búsqueda continuó y, al suspender las operaciones por la tarde se habían hallado diferentes trozos de madera, cabos y cuarteles del llaut siniestrado, entre Cala en Turqueta y cala Macarelleta. Por fin el día 29 el mar devolvía el cuerpo del infortunado pescador, que aparecía flotando en aguas de cala Macarella, llevando puesto aún el chaleco que su hija le había colocado. El cadáver había sido localizado transcurridas más de treinta horas de búsqueda, tras lo cual un equipo de submarinistas lo recuperaban sobre las diez y veinte de esa mañana.

PERSPECTIVA DESDE LA POPA

La joven Joana fue dada de alta el domingo 28 a última hora de la tarde. Sería entonces cuando explicaría con mayor detalle toda la tragedia que le había tocado protagonizar. El Cuerpo de Bomberos consiguía recuperar del fondo del mar al “María Kati” el 18 de marzo siguiente, aprovechando la ocasión para realizar unos ejercicios prácticos de recuperaciones en la mar. La embarcación se encontraba en un fondo de unos treinta metros, muy próxima a la bocana de la cala. Las tareas de puesta a flote se prolongaron por espacio de más de tres horas, participando en las mismas un total de cinco hombres. Para ello se utilizaron los clásicos globos que, una vez sujetos a proa y a popa de la embarcación fueron rellenados de aire procedente de las botellas de los submarinistas y poco a poco comenzaron a ascender a la superficie arrastrando consigo el objeto sumergido, en este caso, la embarcación siniestrada. Para esta ocasión se contó con la colaboración de una embarcación auxiliar que serviría para remolcar al “María Kati” hasta el interior del torrente, teniendo que pasar por debajo del puente que pasa por encima del mismo. Al encontrarse la embarcación sumergida y debido a la existencia de muy poco fondo en el torrente, se tuvo que improvisar otro sistema que hizo que quedara al nivel del agua; una vez conseguido, se continuó su remolque hasta un punto en que un camión grúa pudo izarla y dejarla en seco en el margen del torrente correspondiente a la playa. Al final había quedado tras el naufragio muy deteriorada, siendo como era de madera. Estas operaciones habían sido dirigidas también por el jefe del Cuerpo de Bomberos del Consell Insular de Menorca, don Rafael Le-Senne, que explicaba a la prensa los motivos por los cuales el Cuerpo había procedido a recuperar el llaut, que había quedado prácticamente inservible, basado en que sus propietarios podrían acogerse a un fondo europeo de compensación que permite la retirada de la embarcación de la lista de pesca a cambio de una subvención.

PERSPECTIVA DESDE LA PROA

La iniciativa de reflotar el bote partió del propio Cuerpo de Bomberos, que se lo comunicó al conseller de Agricultura, Alejandro Pax, quien dio la correspondiente autorización. Dos fueron los motivos que impulsaron a los bomberos a cursar esta solicitud. Por una parte consideraron que la familia Torrent vivía de los rendimientos que sacaba de la pesca, con lo que su principal medio de subsistencia había desaparecido y la contratación de una empresa privada para llevar a cabo esta operación les hubiera supuesto un desembolso muy elevado. Por otra parte, esta operación suponía un excelente ejercicio práctico para los bomberos del Consell Insular, ya que hasta el momento no habían gozado de una oportunidad similar para desarrollarlo. Cabe señalar que el material utilizado tuvo que ser obtenido de diferentes empresas privadas, ya que el citado organismo no disponía del mismo.

> 1.62 14-02-1996 Bote

CALA ALCALFAR GOZA DE GRAN APRECIO POR PARTE DE LOS MENORQUINES

El día 14 de febrero de 1996 el joven pescador profesional de dieciocho años de edad  Abraham Devesa se encontraba trabajando en sus labores de pesca en las aguas próximas a la cala de Alcalfar. El muchacho era bastante conocido y apreciado en el ambiente profesional pesquero de la zona. Aquel día, como quiera que pasaran las horas y el joven no regresara a su domicilio, originó que sus familiares comenzaran a inquietarse por la anormal tardanza, decidiendo partir en su busca. Tampoco lo hallaron en la cala, ni a su barca, que tampoco se divisaba en mar abierta así que, temiéndose pudiera haber ocurrido algún tipo de percance, avisaron a la Cruz Roja de la situación. No tardaría Salvamento Marítimo en hacer zarpar a la lancha “Virgen de Monte Toro” para que rastreara la zona. Serían las dos y cuarto de la tarde, después de varias horas de búsqueda, cuando era localizada la embarcación reposando en el fondo de las aguas. El hecho hizo suponer que al joven pescador le había sucedido algo, por lo que se intensificó la búsqueda alrededor del punto en que había aparecido y, así fue que, a unos 200 metros al través del peñasco denominado Es Torn se localizaba también el cuerpo del infortunado joven. Parece ser que, al estar trasegando con sus redes, por causas desconocidas debió perder el equilibrio, yendo a parar al agua siendo arrastrado por los mismos aparejos, al propio tiempo que la embarcación zozobraba. El estado de la mar parece ser que fue uno de los condicionantes que motivó que el accidente derivara en tagedia. En las tareas de búsqueda habían participado también miembros de la Guardia Civil, Policía Local de Sant Lluís y varios voluntarios, entre los que se encontraba su propio padre José, también profesional del medio.

> 1.63 02-12-1997 “Bonanova”

El 2 de diciembre de 1997 la embarcación de arrastre (bou) con base en el puerto de Ciutadella “Bonanova” sufría fuego a bordo cuando se encontraba faenando a una distancia de 5 millas del puerto. Eran más o menos las ocho y cuarto de la mañana cuando varios de sus tripulantes advertían la presencia de humo que comenzaba a salir desde la sala de motores. Tras observar una fuerte humareda en el interior de la misma se pusieron en contacto con otra de las embarcaciones que operan en el mismo sector, la “Rosa Santa”, quien acudió sin pérdida de tiempo en su ayuda acompañándoles hasta el puerto. Por radio se pusieron en contacto con las autoridades postuarias quiens pondrían en alerta a los bomberos, quienes desplazaron rápidamente una unidad con sus efectivos hasta el Moll de sa Trona donde permanecieron a la espera de la llegada de la embarcación siniestrada. Por su parte, la “Bonanova”, envuelta en una densa y espectacular humareda entraba en puerto siendo rápidamente amarrada en el Moll de sa Trona, tras lo cual desembarcaban tanto el patrón como los cuatro tripulantes sin que afortunadamente hubieran padecido daño alguno, salvo los síntomas de asfixia por inhalación de humo padecido por uno de ellos por lo que sería atendido por miembros de la Cruz Roja quienes también se habían desplazado hasta el  muelle para prestar auxilio de ser necesarios sus servicios. Sus lugares fueron ocupados rápidamente por los miembros del cuerpo de bomberos que iniciaban seguidamente las tareas de extinción. Había que tener en cuenta que a bordo se encontraban dos bidones llenos de gasóleo, por lo que primero se cortó el paso del combustible hacia los motores. El acceso al interior de la cámara incendiada se tuvo que llevar a cabo provistos de máscarillas de oxígeno debido a la toxicidad del humo existente. El fuego sería finalmente dominado y apagado tras utilizarse cinco bidones de espuma y seis toneladas de agua en un timpo de más de dos horas. Seguidamente se conectaban dos autobombas para evacuar el agua del interior del caso. Las causas del siniestro se desconocían aunque todo apuntara hacia un cortocircuito en la instalación eléctrica de la embarcación que, por fortuna, no llegó a alcanzar a los propios motores que continuaron funcionando hasta la arribada a puerto. El patrón y propietario, Rafael Marqués, no podía cuantificar al término del episodio el valor que alcanzarían los daños, aunque afirmaban que serían menores de los previstos en un principio al no haber afectado al motor principal del barco, aunque pasaría un tiempo hasta que volviera a salir a faenar ya que, además de reparar los daños sufridos, la embarcación sería revisada a fondo para dejarla en perfectas condiciones operativas. En las tareas de extinción y salvamento intervinieron el personal afecto al Servicio de Puertos y Costas, la Guardia Civil, la Policía local y el Cuerpo de Bomberos con base en Ciutadella.

> 1.64 06-05-1998 “Nueva Flor”

Cuando transcurrían poco más de las once y media de la mañana del día 6 de mayo de 1998 la patrullera de la Guardia Civil avisaba al Centro Coordinador del Salvamento Marítimo de Palma sobre el hundimiento que afectaba a la embarcación de pesca con base en Ciutadella “Nueva Flor” a bordo del cual se encontraban 8 tripulantes. La embarcación en el momento del siniestro se encontraba al W de la Illa de l’Aire. Los hechos ocurrían en un día soleado, con vientos bonancibles y mar marejadilla, siendo las causas la apertura de una importante vía de agua que no habría podido ser controlada con los medios de que se disponían a bordo. Con el hundimiento se había puesto en funcionamiento la radiobaliza de la misma en la frecuencia de trabajo de 406 MHz. Rápidamente sería desplazada la embarcación de salvamento “Virgen de Monte Toro” que permanecería en el lugar de los hechos mientras se consumaba el hundimiento, dedicándose posteriormente a labores de limpieza de la zona y apoyo. Se trataba de una embarcación del tipo “bou”, que se encontraba en plena campaña de pesca.

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TEMPORAL DE TRAMONTANA OBSERVADO DESDE LA PUNTA DES SIULET (NA MACARET)

EL CABALLO DE PURA RAZA MENORQUINA AL PRIMER PLANO DE LA INFORMACIÓN

EL CABALLO DE PURA RAZA MENORQUINA AL PRIMER PLANO DE LA INFORMACIÓN

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Toda la información que aparece en esta Guía virtual sobre empresas y entidades, así como las colaboraciones fotográficas o cualquier otro tipo de aportación encaminada a mejorar la información al navegante son completamente gratuitas siendo, por ello, un Portal Náutico público de uso general.

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De la COORDINACIÓN de este Portal:

Alfonso Buenaventura Pons (Es Castell, Menorca, 1947), Patrón de yate y miembro de la Real Liga Naval Española. Ex-directivo del Club Marítimo de Mahón y Juez y Jurado de Regatas.

* Desde el año 2000 fue colaborador semanal del diario “Menorca” en temas marítimos y portuarios, realizando en la actualidad colaboraciones especiales.
* También ha intervenido y colaborado puntualmente en otros temas típicamente menorquines, así como en otras publicaciones, programas de TV y radio.
* Desde septiembre de 1988 hasta diciembre de 2000 dirigió la revista interna de difusión social del Club Marítimo de Mahón, con una aparición de cadencia trimestral.
* El año 1995 publicó una base de datos en dos tomos sobre la historia de los primeros 50 años de la veterana sociedad náutica mahonesa.
* El año 1995, con el soporte de la Fundació Rubió Tudurí Andrómaco, publicó una recopilación histórica sobre el Lazareto de Maó bajo el título “El Lazareto de Mahón. Notas históricas”.
* El año 1998 publicó la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca”, de la cual se agotaron sucesivamente dos ediciones.
* El año 1998 publicó la obra “Menorca. Atlas náutico”, que ofrece toda la información necesaria para aquellos que se dedican a navegar por la costa de Menorca.
* El año 2001 publica la guia “La Reserva Marina del Norte de Menorca”, que da a conocer las singularidades de esta particular zona marítima menorquina.
* El año 2002 publica la guía y el plano para el visitante de “La Albufera des Grau” en castellano, catalán, inglés y alemán.
* El año 2003 aparece la obra sobre el caballo, la gallina, la oveja y la vaca menorquines, bajo el título de “Las razas autóctonas de Menorca”.
* El año 2004 lanza un nuevo “Menorca. Atlas náutico”, que incluye una guia para el submarinismo y nuevas informaciones y portulanos del cual se irían agotando sucesivamente dos ediciones.
* En el mes de abril de 2007 aparece la obra “Menorca. Caballos y tradición popular”, con referencia al mundo del caballo y su protagonismo en las fiestas menorquinas, de Sant Joan en Ciutadella, y patronales en el resto de las poblaciones.
* Finalizando ese mismo año publicaba el primer volumen de la serie “Menorca. Illa, mar i homes” (en catalán)
* El año 2008 publica la historia de la agencia de consignaciones marítimas Federico J. Cardona Trémol S.L., bajo el título de “125 años de ilusiones compartidas 1883-2008″.
* El mismo año publica la guía “Ciutadella de Menorca. Las fiestas de Sant Joan”. * El mes de abril aparece la tercera edición de la obra “Menorca. Atlas náutico, totalmente actualizada. * El 2008 publica el 2º volumen de la colección “Menorca. Illa, mar i homes”.
* El 22 de febrero de 2010 inicia un blog en la web bajo el título “Menorca, isla sin par” (bilingüe catalán-castellano) destinado a publicitar la isla de Menorca en todas sus vertientes poniendo un punto y final a su etapa de publicación de libros divulgativos.
* El 18 de enero de 2011 publica la 3ª edición de la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca” notablemente ampliada que, por primera vez, se presenta de forma digitalizada y colgada en la red en forma de blog actualizable bajo el título “Naufragios y pecios de Menorca”.
* El 23 de enero de 2011 inicia la publicación en forma de blog colgado en la red y bajo el título “Puerto de Maó, siglo XX” de todos los artículos (aumentando el número de imágenes antiguas que en su momento no pudieron incluirse en la edición de papel por razones de espacio), que fueron apareciendo durante casi diez años en las páginas del diario insular “Menorca”.
* El 21 de junio de 2011 abre un nuevo blog con el título “La cuina de vorera” (La cocina de ribera), también bilingüe catalán-castellano, destinado a recoger todas las recetas recogidas de pescadores y gentes de todos los ambientes durante la etapa de entrevistas efectuadas en sus diferentes publicaciones a fin de ponerlas a disposición del gran público.
* El 4 de agosto de 2011 inicia un blog fotográfico bajo el título “Menorca a través de tus ojos”.
* El 18 de marzo de 2012 cuelga en la red la 4ª edición de su derrotero “Menorca. Atlas náutico”. Notablemente ampliado en cuanto a contenido, imágenes y digitalizado, será actualizable por suscripción gratuita para el navegante interesado y la idea es convertirlo en la guía náutica total de la isla de Menorca.
* La importancia que va adquiriendo el portal “Menorca Atlas Náutico” obligará a ir cerrando paulatinamente los blogs “Menorca, isla sin par”, “Menorca a través de tus ojos”, “La cuina de vorera” y otros proyectos. Sus contenidos se irán incorporando al nuevo portal o quedarán en archivo pendientes de una futura ubicación.
* En abril de 2012 cuelga en la red el contenido de la obra “El Lazareto de Mahón” notablemente ampliado.
* A finales de 2012 se abren las páginas en Facebook de “Menorca Atlas Náutico”, “Naufragios y pecios de Menorca”, “Puerto de Maó, Siglo XX” y “Lazareto de Mahón”, y en Tweeter, “Menorca Atlas Náutico”.
* 2014 supondrá el año de la reconversión: “Menorca Atlas Náutico” aglutina a “Naufragios y Pecios de Menorca” y “Puerto de Maó, Siglo XX”, quien a su vez ha hecho lo mismo con “Lazareto de Mahón”, aunque conservando todas sus estructuras originales y dejando tan sólo una única página -tanto en Facebook como en Tweeter- que anuncia todas las actualizaciones: “Menorca Atlas Náutico”. La razón: en 28 meses se han rebasado las 67.000 consultas. Al propio tiempo se da paso a la ampliación de colaboradores tanto gráficos como de artículos adquiriendo la guía la categoría de “comunidad“.
* 2015 lo será el de su expansión con una total remodelación de su estructura, con adición de nuevos bloques y secciones una vez superadas las 120.000 consultas.

* El 22 de abril de 2016, rebasadas ya las 175.000 consultas, tanto el PORTAL como la TOTALIDAD DE PUBLICACIONES del autor, ALFONSO BUENAVENTURA PONS, son cedidas por el mismo a todos los efectos a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO.

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De la TITULARIDAD de este Portal: 

Desde el 22 de abril de 2016, tanto este PORTAL NÁUTICO como las diferentes obras publicadas por el mismo autor, amén de otra serie de documentos históricos e imágenes debidamente relacionados, fueron donados así como cedidos sus derechos de explotación a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO, siendo desde entonces esta entidad la única titular y gestora de los mismos.

LA ISLA DEL AIRE OBSERVADA DESDE PUNTA PRIMA (Imagen de RAQUEL ARIÑO)

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Foto A. BUENAVENTURA FLORIT

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Imagen de A. BUENAVENTURA FLORIT

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Un comentario

  • Yo fui amigo de Jesús Sevilla, quien perdió la pierna derecha en el Oliu, Gracias por rocordarnoslo. Gran persona, gran amigo. Y una gran madre.

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