El Lazareto de Mahón (Dr. J. A. Palanca)

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DE OTRAS FUENTES

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Por detrás de las impresionantes murallas que protegen y cierran los diferentes espacios en que se divide el Lazareto de Mahón han pasado o permanecido multitud de personas de diferentes estatus y por distintos motivos: por enfermedad o por desarrollar su trabajo; por gusto o bien por obligación; de visita o por vacaciones; para recuperarse de una enfermedad -en este caso contagiosa- o para pasar un imperativo de carácter sanitario obligado por las circunstancias del momento…

El personaje autor del artículo que sigue a continuación presenta varias cualidades que le avalan para aparecer en esta historia, aunque cualquiera de ellas sería suficiente:

En primer lugar por su importantísimo currículum que le llevó a alcanzar el grado de General del Ejército español, el de Catedrático en diferentes Facultades de Medicina, lograr ser Miembro de Honor de la Real Academia de Medicina de Zaragoza (1941), de numerosas sociedades científicas extranjeras y ostentar el cargo de Presidente de la Real Academia Nacional de Medicina.

En segundo lugar por atender a un deseo del que fuera director del Lazareto, doctor Francisco Aristoy y venir personalmente a visitar las instalaciones del puerto mahonés para protegerlas al máximo y, una vez realizado el viaje y quedar impresionado por la monumentalidad de las mismas luchar por que fueran declaradas “monumento histórico nacional” en aras a lograr su protección.

En tercer lugar mandó fundir a “FIDELIUS”, la escultura (emplazada ante la puerta principal de acceso, de la que en próximo artículo se ofrecerán algunos detalles al respecto), ornamental de la instalación sanitaria que representa a la Humanidad doliente de la que muy pocos conocen su origen.

Y por último, en estos artículos se despejan las razones por los que en su día comenzó a utilizarse el complejo sanitario del Lazareto como lugar de descanso para el personal de Sanidad (un hecho que siempre ha despertado controversia) cuando el recinto comenzaba a estar abandonado, lo que permitió un mantenimiento que evitaría su desmoronamiento como sucede con tantos y tantos edificios históricos. Cierto es que, últimamente, la situación de dicho personal ya no era la de entonces pero, aquí quedan despejadas las mismas.

Los artículos del Doctor Palanca refrentes al Lazareto de Mahón son tres, aunque seguirán a éstas nuevas colaboraciones. Toda esta información es una valiosa colaboración por parte de su nieta María Cruz Menárguez Palanca.

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José Alberto Palanca y Martínez Fortún

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Nacido en Palma de Mallorca el 23 de abril de 1888, José Alberto Palanca y Martínez Fortún fue Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina, toma posesión el 3 de febrero de 1929 ocupando el Sillón nº 17, pronunciando el Discurso de Ingreso: “El problema de la fiebre tifoidea en España” siendo contestado por el Excmo. Sr. D. Nicasio Mariscal y García de Rello.

JOSÉ ALBERTO PALANCA Y MARTÍNEZ FORTÚN
(Óleo perteneciente al Banco de Imágenes de la Real Academia Nacional de Medicina)

Datos más relevantes de su Biografía:

Doctor en Medicina con Sobresaliente (1912) por la Facultad de Medicina de Madrid. Médico del Cuerpo de Sanidad Militar con el Número Uno de su promoción (1908), asistiendo a las campañas de África, por las que obtuvo varias Cruces del Mérito Militar, llegando a ser General Médico y Jefe de Sanidad Militar de la Primera Región. Profesor de Parasitología en el Instituto de Higiene Militar. Catedrático de Higiene con prácticas de Bacteriología Sanitaria en las Facultades de Medicina de Sevilla (1923) y Madrid (1940). Inspector Provincial de Sanidad de Madrid (1926). Director General de Sanidad (1930 y 1936-56). Diputado por Jaén. Fundó la Escuela Nacional de Sanidad sustituyendo al Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII (1940). Inspector Médico y Jefe de los Servicios en el Ejército (1940). Fundador Director del Instituto Provincial de Higiene de Madrid, fundando la revista “Archivos de Higiene y Sanidad Pública”. Vicepresidente de la Sociedad Española de Higiene (1928), del Consejo de Sanidad y del Patronato Nacional Antituberculoso. Delegado de España en la Oficina Internacional de Higiene, de París. Reorganizó los Colegios de Médicos y la Previsión Sanitaria Nacional y fundó los Archivos Españoles de Higiene Pública (1923). Miembro de Honor de la Real Academia de Medicina de Zaragoza (1941) y de numerosas sociedades científicas extranjeras. Publicista fecundo, destaca por una obra de higiene de gran valor didáctico y de una monografía titulada “Medio siglo al servicio de la Sanidad Pública”. Ocupó la Medalla Nº 17 de la Real Academia Nacional de Medicina y fue su Presidente (1953-1970).

Falleció el 8 de noviembre de 1973.

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El Lazareto de Mahón

(Palanca, 1959)

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Hace ya varios años el Dr. Aristoy, actual Jefe de Sanidad Provincial de Cádiz y entonces de Mahón, me llamó la atención sobre la necesidad de conservar el Lazareto de Mahón una pieza histórica inestimable. Valor sanitario para los devotos de esta rama de la Medicina. Como prueba de la veracidad de esta afirmación, me remitió una serie de fotografías del Lazareto, todas interesantes, pero entre todas, una de llamó poderosamente la atención. En una vista panorámica de los fondeaderos del Lazareto de Mahón tomada el 10 de Junio de 1888, cuando yo apenas si tenía tres meses de edad. En la fotografía se ven más de cien buques, unos de vela, otros de vapor y el resto mixtos. Todos los barcos se encontraban guardando la cuarentena. No había necesidad por tanto de remontarse muchos años atrás para cerciorarse de lo que en épocas pasada significaba el Lazareto. Decidí pues visitarlo y busqué la compañía de un médico de Sanidad Nacional, el Dr. Turégano y los dos juntos nos fuimos a Mahón.

LA REVISTA EN LA QUE FUERON PUBLICADOS LOS ARTÍCULOS DEL DR. PALANCA

LA REVISTA EN LA QUE FUERON PUBLICADOS LOS ARTÍCULOS DEL DR. PALANCA

Y no me arrepentí, porque nos quedamos sorprendidos de la grandeza de concepción que había informado la construcción del establecimiento y lo bien conservado que se encontraba, gracias sobre todo a los cuidados del Dr. Aristoy. Las murallas estaban intactas, con sus torres de vigilancia, en buen estado estaban la gran parte de sus pabellones y tampoco estaban abandonados los que en su día fueron dedicados a las fumigaciones y, sobre todo los cementerios. Aún se encontraban datos en el archivo, por ejemplo de controversias entre los contagionistas y los recontagionistas de épocas pasadas, los últimos representados principalmente por Chervin y Aubertloche, dos médicos franceses apasionados por sus opiniones. Unos y otros utilizaban toda clase de argumentos para hacer prevalecer sus ideas, algunos tan cándidos como la censura de Napoleón, cuando al volver de la Isla de Elba no guardó la cuarentena y prefirió invadir Francia. De lo que allí encontramos se deducía que en Menorca, como en otros puertos, había juntas de Sanidad, sucesoras legítimas de las antiguas “Morberas”, que admitían y despachaban a los barcos que no tenían novedades sanitarias a bordo, mientras que a los sospechosos se les hacía guardar la cuarentena, haciéndoles fondear alrededor de un pequeño islote fuera de la bahía. Pero la terrible peste de Marsella en el Siglo XVIII, hizo pensar seriamente en la construcción del Lazareto. El proyecto aprobado por Floridablanca, se sometió a la regia sanción de Carlos III; y tras un estudio de los mejores lazaretos de la época (Marsella, Venecia y Génova), se comenzó la construcción del Lazareto de Mahón. El terreno donde había de asentarse fue tasado en 9.018 libras (30.000 pesetas), y para comenzar la construcción, el Gobierno libró 300.000 pesos de a ocho procedentes de los fondos de la Santa Cruzada. El sitio elegido comprendía la llamada Península de Felipet que tenía una superficie de 1.214 metros de longitud por 300 metros de anchura media. Las obras comenzaron el año 1793, colocándose la primera piedra el 15 de Noviembre de dicho año y finalizándose en el año 1796 el departamento destinado a sospechosos. La dominación inglesa en Menorca de 1798 a 1802, interrumpió las obras, que se reanudaron en cuanto aquella cesó. El 15 de Octubre de 1807, el Obispo de Menorca bendijo la capilla, que fue colocada bajo la advocación de San Sebastián. La Guerra de la Independencia convirtió el Lazareto en un cuartel. En 1809 fueron enviados a él más de 1.000 enfermos procedentes del Ejército de Cataluña; en el mismo año por orden de la Regencia, fueron alojados 376 prisioneros del Ejército del general DuPont, procedentes de Bailén. En el año 1817 inauguró el Lazareto su función sanitaria sometiendo a cuarentena a la bombarda española “Antonia”. De la importancia que se concedía al nuevo Centro puede juzgarse sabiendo que durante los tres primeros años fondearon 630 barcos, 7.307 tripulantes y 2.062 pasajeros. El coste de la obra realizada hasta entonces había sido de 5.632.746 reales y dos maravedíes, y quedaba por terminar el departamento limpio, presupuestado en cuatro millones de reales. Al concluir las obras el Lazareto constaba de hospederías para las tres clases de pasajeros; primera, segunda y tercera, disponía 141 habitaciones, dos enfermerías para enfermedades comunes, tres enfermerías para apestados, 49 cocinas y 53 retretes. Había 6 “Sahumerios”, donde al hacer su entrada los cuarentenarios se les sometía a una fumigación que se graduaba en intensidad y procedimiento según las circunstancias. Disponía de 7 almacenes y otros tantos locutorios con doble rejas distanciadas más de cinco metros entre sí, cuerpo de guardia, caballerizas, huertos, 7 cisternas y numerosos pozos. Lo más curioso y que aún se conserva intacta, es la pequeña capilla, de forma octogonal situada en el centro del Lazareto y encristalada con espacio sólo para el altar y el sacerdote oficiante y distante 17 metros de los oratorios que la rodeaban dispuestos en 15 semicírculos a cada lado y sólidamente enrejados.

La muralla que rodea al Lazareto es doble, dejando entre los muros un foso de 13 metros de ancho; tiene un espesor de 1.55 metros y una altura de 7,45 metros. En total mide 1.210 metros de desarrollo lineal y está flanqueada por tres torres de vigilancia, bajo una de las cuales hay un sótano abovedado que debió utilizarse como calabozo y que está lleno de inscripciones de los que estuvieron allí encerrados. Finalmente hay un cementerio católico y otro civil. Todas las puertas estaban rigurosamente cerradas y el número de llaves era de 372. Durante el Siglo XIX purgaron cuarentena en el Lazareto gran número de barcos por el cólera del año 1885. A partir de este momento la importancia del Lazareto fue disminuyendo, y al final solo se realizaron una contra el “Princesa Mafalda”, era un barco italiano con un cargamento de trigo procedente de Argentina, que traía a bordo varios enfermos de peste, y la del vapor “España número 6”, también por casos de peste.

EL MOSQUITP TRANSMISOR AEDES AEGYPTI

EL MOSQUITO TRANSMISOR AEDES AEGYPTI

Un detalle curioso que merece la pena mencionarse es que el 13 de Agosto de 1821 llegó al lazareto el Jabeque “Constitution” procedente de Barcelona para cumplir cuarentena por fiebre amarilla, lo que dio lugar a una de las epidemias más mortíferas que se presentaron en el Real Lazareto de Mahón, muriendo en ella además de muchos cuarentenarios, el Alcalde, el sacerdote y varios empleados. Extrañáronse entonces muchos patrones de embarcaciones de que llegara hasta ellos el contagio, a pesar de estar ellos fondeados lejos del Lazareto. El hecho no tuvo explicación hasta muchos años después, hasta que Finlay puso en claro el papel del Aedes en la transmisión de la enfermedad, porque como pudo comprobar el Dr. Martín Salazar, en Mahón, y en verano, se encontraban con cierta abundancia los mosquitos transmisores de la fiebre amarilla. Pero como en aquellos tiempos esto se ignoraba, era preceptiva la cuarentena en Mahón por esta enfermedad de los barcos procedentes de América con patente sucia por fiebre amarilla.

Del año 1914 a 1917, siendo Inspector General de Sanidad el Dr. Martín Salazar, se reformó el Lazareto mejorándose su hospedería de primera clase, dotándola de cuartos de baño con termosifones; se mejoró la enfermería, se instalaron nuevos laboratorios y estufas de desinfección ya modernas, se montó una central eléctrica; en fin se puso el Lazareto en las mejores condiciones para realizar su misión con arreglo a los conocimientos epidemiológicos de la época. Pero ya era tarde porque las epidemias declinaban lenta pero constantemente.

TORRE DE VIGILANCIA EN LA MURALLA

TORRE DE VIGILANCIA EN LA MURALLA

Algo curioso del Lazareto era el archivo, donde existían reseñas de noticias curiosísimas. Allí encontramos algo relacionado con el reglamento por el que se regía el Lazareto, databa nada menos que del 3 de Junio de 1817, así como la plantilla y sueldos de los empleados, que era la siguiente: El Alcalde 10.000 reales, teniente alcalde 7.000, un médico 11.000, un cirujano 6.600, dos porteros y doce guardas.

Figuraba en el archivo que en cierta ocasión el cirujano fue denunciado por pasearse fuera de las murallas y alejarse más de 500 metros de ellas. Poco tiempo después su cadáver apareció flotando sobre las aguas, no se sabe si por un accidente o por la neurastenia que se desarrollaba entre el personal al vivir separados del mundo exterior en el mismo régimen que los apestados. Hay allí un testamento de un árabe, que lega su fortuna a sus dos esposas Fátima y Zoraida.

Los objetos que llegaban a la cuarentena se dividían en dos categorías: los de estructura blanda o fofa, que se declaraban, desde luego, contumaces y los duros, que no eran contagiosos, pero que podían volverse contumaces si se elevaba la temperatura. Había por lo tanto que “purificar” los tejidos de algodón, de seda, de hilo, de cáñamo y la estera, el pelo, las pieles, las plumas y las esponjas. También eran contumaces: el velamen, las cuerdas no alquitranadas, el papel, los libros y las cartas. También se encontró un Proyecto de Ley de Sanidad pública nada menos que del año 1821, es decir en la época de “Los tres mal llamados años”, en el que se detallaban las reglas para el embarque en los navíos sospechosos, para la travesía, lazaretos, cuarentenas y expurgos.

A LA IZQUIERDA, UNO DE LOS 2 GRANDES ALMACENES DE DOS PLANTAS PARA OREO DE MERCANCÍAS

Incidentalmente se hablaba de productos que dentro y fuera de los lazaretos se empleaban para estos expurgos, tales como la tríaca, mitridato, bezoar, bolo armento, tierra sellada, rasura de asta de Unicornio, vinagres de cuatro ladrones y de ruda, azogue, arsénico, piedras preciosas –como diamantes, esmeraldas o Jacintos atados al brazo-, azafrán, beber en vasos de oro o de marfil etc… Se encomiaba el “Paramiasmas de Bressy”, que consistía en respirar vapores de sebo para engrasar las vías respiratorias impidiendo con ello la entrada de los mismas a su través.

Por allí andaban los antecedentes de cierta epidemia mortífera ocurrida en Jaén en el año 1602, y que un médico jienense, Freylas, describió en un libro cuyo capítulo final se dedicaba al poder adivinatorio que según el autor, tenían los melancólicos. En fin allí se recopilaban una serie de datos que demostraban lo que eran las epidemias en otros tiempos y cómo se las temía. Con decir que hasta se recomendaba el paso por las calles de rebaños de ovejas o de vacas y que se creía que los cañonazos, las detonaciones y las hogueras, sobre todo las hogueras alimentadas con maderas aromáticas, al remover y movilizarlas, el aire lo purificaba, queda dicho lo que nuestros antecesores creían que les podía librar de las catástrofes epidemiológicas.

DETALLE DE LA REVISTA EN QUE APAREIERON PUBLICADOS, ENTRE OTROS, LOS ARTÍCULOS REFERENTES AL LAZARETO DE MAHÓN

DETALLE DE LA REVISTA EN QUE APAREIERON PUBLICADOS, ENTRE OTROS, LOS ARTÍCULOS REFERENTES AL LAZARETO DE MAHÓN

Confrontando lo que aquello había sido con lo que quedaba de su antiguo esplendor, llegué a la conclusión de que había que conservar aquellos vestigios gloriosos de otros tiempos. Mucho de lo que nos ocurre actualmente a los sanitarios es culpa de la apatía de nuestra colectividad, que mientras ensalza las glorias de los demás olvida las propias. Bien me parece que glorifiquemos a los héroes militares, a los que combatieron, a los que triunfaron en las guerras, a los que nos transmitieron una patria mejor que la que ellos recibieron; pero también nosotros en nuestra esfera hemos tenido héroes, hemos ganado guerras y hemos recibido de nuestros antecesores una España mejorada. Todos nos enorgullecemos de las hazañas del “El Empecinado” y de los triunfos de Castaños; pero hemos olvidado nombres de médicos que también fueron guerrilleros contra las epidemias y que ganaron batallas contra ellas. Cómo, además nosotros somos tan individualistas que cuando ocupamos un cargo en la Administración creemos que nada ha habido antes que merezca la pena de mencionarlo ni de recordarlo, y esto no es así; hay que pensar, ciertamente en el presente, pero sin olvidar el pasado en que apoyarnos y el porvenir que nos aguarda. Con esto quiero decir que al conocer el Lazareto de Mahón, me creí en la obligación de conservarlo y de hacer algo que recordase a los que lo fundaron, además, si en los momentos actuales en que han desaparecido las epidemias no tenemos algo que nos enseñe, lo que eran en el pasado las generaciones presentes, no comprenderán el miedo que inspiraban a nuestros antepasados ni las medidas que estos tomaron para controlarlas. Decidí conservar el Lazareto a toda costa, fuera como fuera, y si era preciso saltarme por encima a los prejuicios jurídicos.

Y comprendí que la única manera de lograrlo era buscar una utilidad al Lazareto, finalidad que ya en otros tiempos había conseguido el Dr. Aristoy, consiguiendo subvenciones de diversos centros oficiales, entre otros del Ayuntamiento de Mahón y de la propia Dirección General de Sanidad, para sostener colonias escolares veraniegas. Pero es que tras nuestra Guerra Civil, la situación del Lazareto se agravó, porque nuestros bombardeos sobre la fortaleza de La Mola, contigua al Lazareto y en poder de los republicanos, causaron grandes desperfectos en los edificios e instalaciones de nuestro centro.

UNA PERSPECTIVA DE LA HOSPEDERÍA DE 1ª CLASE (CONOCIDA TAMBIÉN COMO CUADRA FRANCESA)

UNA PERSPECTIVA DE LOS JARDINES DE LA HOSPEDERÍA DE 1ª CLASE (CONOCIDA TAMBIÉN COMO CUADRA FRANCESA)

Al llegar a esta conclusión, que había que utilizar para algo, las indicaciones de Aristoy y de Turégano me fueron de una gran utilidad. Durante mi paso por la Dirección General de Sanidad, no había logrado subir los sueldos de una forma justa y el mal efecto era, sobre todo, sensible en los funcionarios modestos. Hacía mucho tiempo que yo buscaba para ellos compensaciones concediéndoles ventajas en otros terrenos, y este podría ser uno de ellos. Se trataba de un personal mal pagado, que digan lo que digan trabajaban con ahínco y buena fe, permaneciendo muchas horas en atmósferas confinadas, y cuando llegaba el final del invierno, su salud se resentía. Esto, que importa en todas las oficinas, importa aún más en la Sanidad, cuya misión específica es conservar la salud de los ciudadanos. Por otra parte comprobaba con satisfacción como otros organismos estatales y paraestatales se preocupaban de la salud de sus obreros y empleados, proporcionándoles descanso en épocas de vacaciones, yo decidí seguir su ejemplo. Comprendí que enviándoles unas semanas a Mahón, podría lograr una doble finalidad de conservar el Lazareto y proporcionarles descanso a los que trabajaban a mis órdenes. Y como lo pensamos lo hicimos con la tranquilidad de conciencia que lo que es moral puede defenderse aunque no sea completamente ortodoxo en el orden administrativo. Unas pequeñísimas obras para mejorar lo que en otro tiempo fue un hotel; arreglo de cocinas, reposición de ropas y vajillas y nada más.

Nunca me alegraré bastante de esta decisión, porque el Lazareto entró en una nueva fase y la satisfacción de los modestos funcionarios, que fueron aquel primer verano a Mahón me compensó sobradamente de cualquier molestia y trabajo que aquello me hubiera podido causar. Posteriormente a mi cese, dificultades de orden administrativo hicieron suspender estas vacaciones, que hay que esperar se vuelvan a reanudar más adelante.

Pero si esto era bastante en el orden material, no lo era en el orden espiritual. Solicité del organismo competente que el Lazareto de Mahón fuese declarado monumento histórico nacional, lo que constituiría una garantía para su conservación y aún creí necesario algo más que demostrase nuestra gratitud a los que habían fundado y sostenido el Lazareto, muchas veces con el sacrificio de sus vidas. Encargué a un escultor una figura de bronce de tamaño un poco mayor que el natural, donde se simbolizaría a la Humanidad rompiendo el martirio y la esclavitud a la que la tenían sometida las epidemias.

FOTO ORIGINAL QUE SE GUARDA ENTRE LA DOCUMENTACIÓN DEL DR. PALANCA EN MADRID

FOTO ORIGINAL QUE SE GUARDA ENTRE LA DOCUMENTACIÓN DEL DR. PALANCA EN MADRID

Envié el modesto monumento a Mahón, y ordené la construcción del basamento sobre el que habría de colocarse de piedra formando una pirámide cuadrangular truncada y me propuse grabar en cada una de las caras el nombre de cuatro bienhechores de la Humanidad que con sus trabajos lograron romper las cadenas epidemiológicas de la misma manera que Pinel había roto las de los locos. Pensé en Pasteur, cuyos trabajos bacteriológicos e inmunológicos conocemos todos; pensé también en Koch, del que tampoco hay nada que recordar, y reservaba las otras dos caras para el cubano Finlay, gracias al cual se terminó el azote de la fiebre amarilla en el mundo entero y en el mismo Mahón, como he dicho antes, y para un español Ferrán, figura destacadísima en la prevención del cólera. Con este monumento y una lápida para los sanitarios muertos en el Lazareto a través de los años, creía cumplidos mis deberes de sanitario.

Pero este último propósito no tuve tiempo de realizarlo, y cuando escribo estas líneas ni siquiera sé si la escultura ha sido colocada en el sitio elegido –la puerta principal del Lazareto-, o si estará cubriéndose de verdín en cualquier rincón del Lazareto, que todo podría ser. En cualquier caso me permito desde estas columnas rogar a la Superioridad que no olvide al Lazareto de Mahón ni a los que tanto lucharon e hicieron por librarnos de las epidemias legándonos una España mejor.

PERSPECTIVA DE LA ESCULTURA Y LA PUERTA DE LOS BORBONES

PERSPECTIVA DE LA ESCULTURA Y LA PUERTA PRINCIPAL DE ACCESO

El pasado año de 1958, publiqué en la revista Medicamenta un artículo con este mismo título con el que me proponía llamar la atención de las autoridades sanitarias sobre la necesidad de evitar la ruina de este Lazareto, que constituye un documento histórico de incalculable valor, al menos para los que nos hemos dedicado toda la vida a realizar trabajos sanitarios. Por fortuna el Lazareto de Mahón ha reanudado su función como colonia veraniega de reposo para los funcionarios sanitarios, que por cierto han vuelto contentísimos de la breve temporada pasada en la isla de Menorca. Por ello y ante todo expreso aquí mi agradecimiento a los doctores GARCÍA ORCOYEN y FERNANDO TURÉGANO y, en general a todos aquellos que han intervenido en la rehabilitación del Centro.

Hoy en este artículo quiero expresar los motivos que tuve para grabar en las cuatro caras del basamento del modesto monumento que encargué y que se ha emplazado ya en un lugar apropiado del lazareto, los cuatro nombres siguientes: PASTEUR, KOCH, FERRÁN y FINLAY. Dejo a un lado los dos primeros porque son muy conocidos, son extranjeros y me ocuparé solo de los dos nombres nacionales, ya que estrictamente no podemos considerar a Finlay como totalmente ajeno a nosotros.

DETALLE CONSTRUCTIVO

DETALLE CONSTRUCTIVO

Antes del año 1884, el nombre de FERRÁN, no era conocido entre la gran masa del pueblo, pero sí lo era entre una minoría selecta de los médicos españoles: los aficionados a la fotografía y los especializados en estudios bacteriológicos sabían muy bien quién era el médico tortosino. Fue en el año 1885 cuando el nombre de FERRÁN se extendió por España, popularizándose con rapidez y el motivo fue el siguiente:

En el año 1884 había aparecido el cólera en Francia, sobre todo en Marsella y en Tolón y como la epidemia crecía con rapidez, en Marsella hubo de habilitarse un hospital para enfermos coléricos, utilizándose para ello un palacio construido por la Emperatriz Eugenia y que no llegó a habilitarlo, al que se le puso el nombre de Hospital Pharos. A este hospital fue FERRÁN acompañado de su amigo Pauli, a estudiar la enfermedad.

El 12 de Julio del año 1884, en el Lazareto de Mahón había más de cien buques de toda clase guardando cuarentena, la mayor parte de ellos debido al cólera. España que había sido duramente castigada por las anteriores epidemias, esperaba la invasión de cólera en medio de un pánico enorme. Pero aún más miedo inspiraban los lazaretos, las fumigaciones, y en general las medidas sanitarias; las protestas contra ellas iban creciendo y llegaron a ser clamorosas. Como de costumbre el primer blanco de las iras populares fueron los médicos, a los que se acusaba de “hipertrofiar” el peligro para crear prebendas y plazas retribuidas ayudados por los Consejos de Sanidad. En el año 1884, no había aumentado mucho la cultura popular en relación con otros tiempos anteriores, que por lo demás tampoco ha subido mucho, al menos en el aspecto sanitario, desde 1885, hasta ahora. Y también como ahora, los partidos políticos creían realizar una gran obra tratando de vulgarizar cuanto se refería al cólera, y no hubo particularidad de la enfermedad ni detalle del vibrión colérico que no saliese a relucir en letras de molde, muchas veces en forma inexacta y siempre fuera del alcance de las mentes populares que las interpretaban mal y que solo servían para aumentar el miedo a la epidemia. Pero al Gobierno no le parecía mal que hubiera algo que distrajese a la gente y que con mayor importancia popular hiciese pasar a un segundo lugar otros problemas que le causaban mayor preocupación, como eran los de orden público, los sociales, que ya empezaban a agravarse; los internacionales siempre vidriosos –en este momento había tirantez entre Rusia e Inglaterra-; los económicos de constante actualidad, y hasta algunos de carácter especial a nuestra manera de ser, como por ejemplo, el que creaba la terminación del Cementerio del Este, con el cierre simultáneo de las sacramentales, porque como era lógico, si aquel no tenía la bendición, no podría enterrarse en él. Afortunadamente los rumores en aquel caso no pasaron de chismes y enredos; el Cementerio de la Almudena se bendijo con gran solemnidad, aunque para enmascarar tanta dificultad, la epidemia venía de perilla, y el cólera desempeñó entonces un papel semejante al que hoy día corre a cargo de la liga de fútbol o de las vueltas ciclistas. Y es que una epidemia puede utilizarse para todo, hasta para hacer propaganda política, y tal ocurrió con el Partido Progresista en la epidemia de 1865, en la que la conducta de Sagasta visitando y auxiliando a los coléricos sirvió para la expansión de su partido, al que el pueblo miraba con simpatía por su postura caritativa.

PERSPECTIVA DE CONJUNTO. AL FONDO, LA ISLA DEL REY CON EL HOSPITAL CONTRUIDO POR LOS BRITÁNICOS

Por el mes de Octubre de 1884, el cólera seguía extendiéndose por Francia, y simultáneamente aumentaba el temor de los españoles de verse invadidos por él. Los más preocupados por la proximidad de la enfermedad eran los médicos, y su inquietud se traducía en una nube de conferencias, artículos, reportajes, y lo que era peor, en polémicas. Estas discusiones a la luz de dos años transcurridos en constantes adelantos científicos, podrían hoy día calificarse de ridículas. Hubo intervenciones notables como la del famoso LETAMENDI y la de OLAVIDE –Director del Laboratorio Provincial-. Como es natural no estaban jamás de acuerdo: cada uno juzgaba a su criterio las medidas sanitarias impuestas por el Gobierno, y cada uno se apoyaba en lo que sus ojos veían a través de los objetivos de sus microscopios. Para LETAMENDI no había sustancia química capaz de matar a los microbios y para demostrarlo acudía al método experimental. En un portaobjetos colocaba una sustancia con gérmenes distintos, unas veces usaba colibacilo, otras subtilis y hasta el mismo vibrión colérico; después añadía soluciones de los productos que se utilizaban para desinfectar, ácido fénico, timol, sulfato ferroso, lejía de sosa y hasta agua regia.. Y no pasaba nada, los microbios seguían tan ágiles, moviéndose con presteza y no parecían impresionarles la presencia de antisépticos por poderosos que fueran.

Así llegaba a la conclusión de que en las fumigaciones y desinfecciones en las que había que actuar sobre los gérmenes más resguardados dentro del organismo vivo o en materias complejas, la eficacia sería menor. Podría por lo tanto afirmarse que estas maniobras solo servían para molestar y vejar a las personas que por su desgracia cayeran bajo la férula de algún alcalde celoso. Pero OLAVIDE no era escéptico, y también fundaba su opinión en el método experimental. Los desinfectantes disminuían la vitalidad de los microbios más o menos según el poder bacteriostático de cada uno de ellos; pero algunos como el nitrato de plata, poseían una acción poderosísima, y paralizaban casi instantáneamente los movimientos microbianos.

Pero lo más sorprendente que observó OLAVIDE fue lo que ocurría con el Láudano, medicamento de tanto uso entonces en el cólera. Si a las suspensiones de gérmenes se añadía opio en sus diferentes formas, los microorganismos no causaban malestar de ninguna clase; pero si se empleaba azafrán, entonces los movimientos de los gérmenes disminuían hasta cesar por completo. De aquí que se pensara que el azafrán tenía una acción específica contra el bacilo colérico. Hasta ese momento este producto solo se había empleado en la industria culinaria, especialmente en la elaboración de la paella. Entonces se lanzó la idea de que podía utilizarse en el tratamiento del cólera. OLAVIDE requirió el concurso de varios bacteriólogos, que confirmaron sus observaciones; pero a pesar de ello el azafrán sigue empleándose casi exclusivamente como colorante y en sabrosos guisos. Todo ello demuestra que también a las lentes del microscopio puede aplicarse aquello de que; “Nada es verdad ni es mentira, sino del color del cristal con que se mira”.

EL BASAMENTO DE CUATRO CARAS QUE ALUDEN A OTROS TANTOS INVESTIGADORES

EL BASAMENTO DE CUATRO CARAS QUE ALUDEN A OTROS TANTOS INVESTIGADORES

LETAMENDI y OLAVIDE procedían de buena fe; pero la realidad era que sus experimentos eran un poco infantiles, llenos de ingenuidad, y que, al cabo de los años bien podemos sonreírnos benévolamente de aquellos investigadores, como es muy posible que se rían de nosotros dentro de cien años. Al Gobierno que seguía atentamente los experimentos y las controversias, no le impresionaban mucho las conclusiones a las que llegaban aquellos sabios, aunque puede ser que en el fondo le agradase la divergencia porque les convenían mucho los escarceos científicos que entretuviesen al pueblo y le apartasen de otras actividades más peligrosas para el Gobierno.

Aquello era a modo de una “diversión estratégica”, a cuya sombra podían cubrirse las responsabilidades sanitarias siguiendo la aplicación de las medidas de vigor, lazaretos, fumigaciones y desinfecciones. Además el carácter alegre y el humorismo del pueblo español, que toma a broma lo más serio, le llevaba a reírse de los médicos, de sus experimentos y de sus polémicas, y a este buen humor reinante contribuyó el estreno de un sainete titulado “Medidas sanitarias”, en el que con un gran salero se ponía en solfa a los médicos, a sus disputas y a las medidas sanitarias. Todo el pueblo de Madrid acudió a aplaudir el sainete. Pero no todo eran risas. En el mes de Noviembre de 1884 ya existían casos de cólera en Barcelona y Alicante y al llegar la primavera de 1885, por cierto muy lluviosa –también se sacó punta epidemiológica a esta abundancia de lluvias-, toda la zona de Levante estaba contaminada; las invasiones y las muertes eran numerosísimas, y en Murcia sobre todo el cólera hizo verdaderos estragos. La gente cansada de tanta vejación inútil y ridícula seguía protestando por la implantación de las medidas sanitarias, porque las autoridades en su afán de legislarlo todo, seguían dando palos de ciego, y hasta le tocó el turno a los perros y se ordenó el “aseo” de estos animales.

"FERRÁN", LA CARA QUIZÁS, MÁS CASTIGADA POR EL PASO DE LOS TIEMPOS

“FERRÁN” LA CARA, QUIZÁS, MÁS CASTIGADA POR EL PASO DE LOS TIEMPOS

Y en ese preciso momento de hastío y protesta popular surgió el nombre de FERRÁN y su procedimiento de vacunación se extendió rápidamente. Al pueblo le parecía de perlas sus inyecciones preventivas, y le animó y le jaleó porque las juzgaba más lógicas y sobre todo más eficientes que las medidas que les imponían, a las que odiaban y rechazaban. FERRÁN entre otros aciertos, tuvo el de rodearse de personas inteligentes, que es lo que en la vida da el triunfo a los hombres de acción, sobre todo si la vanidad y el coro de “Clarines”, no les impulsa a tener ideas técnicas propias y generalmente absurdas, pero estos preceptos se aplican poco a la práctica. Conocer bien a las personas y saber utilizarlas con tacto es lo que ha conducido tantas veces al triunfo a personas mediocres, entre las que no podía ciertamente contarse a FERRÁN. Pero sus auxiliares y propagandistas eran de categoría: AMALIO GIMENO, PAULI, SERRET CANDELA, PULIDO y otros de su mismo fuste le sirvieron de consejeros, de ayudantes, fueron sus propagandistas y se identificaron de tal forma y tan íntimamente con el maestro, que actuaban con la misma fe que si fueran ellos los inventores del método.

Cierto es que un año antes FERRÁN había enviado a la Academia de Ciencias de París una nota acerca de la profilaxis del cólera por medio de inyecciones de gérmenes de virulencia graduada, y este método fue el que puso en práctica en Valencia. Su laboratorio lo instaló en la cocina de una casa en construcción del Dr. CANDELA. Por cierto que uno de los muchos méritos que adornan al Dr. SUCH, actual Director del Instituto Leprológico de Trillo, es que siendo estudiante, inició entre los escolares valencianos la conmemoración de este hecho.

Es verdad que FERRÁN tuvo adversarios de buena fe, y que el mismo CAJAL, no fue un ardiente defensor suyo. Pero estos adversarios que realizaban una crítica constructiva eran un pequeño número al lado de los enemigos apasionados, entre los que descollaban, por el daño que le hicieron, los asesores del Ministro de la Gobernación. Hace poco me decía cierto personaje político, que cuando se trate de disposiciones de carácter sanitario, sean estas lógicas o disparatadas, siempre hay que buscar detrás del que las ordena un médico que las inspira. Algo así como “cherchez la femme” de los franceses, y parodiando una frase de CAJAL, digamos que la ciencia no es envidiosa, pero que los hombres de ciencia pueden serlo, y esto ocurrió con FERRÁN. El asunto de las vacunaciones anticoléricas traspasó los límites gubernamentales y académicos, y llegó a apasionar de tal manera, que la prensa, las revistas y en general, todos los españoles, pero sobre todo los médicos, se dividieron en dos grupos: los que animaban a FERRÁN y creían en él y los que le atacaban violentamente y hasta le insultaban. Ni en los informes oficiales ni en las decisiones gubernativas dominaban la ponderación ni la buena fe. La consecuencia fue el confusionismo en todas las esferas.

Mientras tanto el cólera indiferente a estas pasiones, recorría triunfalmente el país sin preocuparse de informes y discusiones. Si LETAMENDI hubiera podido colocar en la platina de su microscopio, bajo su objetivo, esta alharaca, hubiera visto como el comabacilo se reía del estruendo, y cuenta que por entonces las defunciones diarias pasaban de cien en la región murciana.

Y en ese ambiente de pasión llegó el asunto al Congreso de los Diputados, donde el 18 de Mayo, nada menos que D. Emilio Castelar interpeló al Ministro de la Gobernación con un magnífico discurso, como todos los suyos, pidiendo que se estudiara a fondo y fríamente la vacuna y que se dieran facilidades a FERRÁN para seguir trabajando sobre ella. Pero para nosotros lo más interesante no fue el discurso de Castelar, sino la contestación de Romero Robledo: “El Sr. Castelar –dijo– ha padecido en su discurso una omisión muy sensible. Aquí en Madrid hay una Laboratorio Bioquímico que funciona bajo la dirección del Dr. OLAVIDE, el cual ha adquirido un gran renombre y fama el Dr. MENDOZA; pues bien en ese laboratorio se ha encontrado el bacilo de Virgula en las aguas del lago de la Casa de Campo. Cuando MENDOZA fue a París a mostrar su descubrimiento a los señores PASTEUR y KOCH, estos doctores tuvieron que reconocer que había grandes sombras en su descubrimiento”.

En la misma sesión, los doctores CASTRÓN y BASELGA intervinieron exponiendo distintos puntos de vista: BASELGA afirmó que en Inglaterra se había encontrado el comabacilo en la saliva de personas sanas y el Dr. PULIDO criticó duramente estas intervenciones, en las que había dos partes completamente distintas; la técnica y la personal.

En la técnica había, efectivamente cosas muy oscuras en la etiología y en la epidemiología del cólera. En la etiología, porque había un gran número de vibriones que se confundían con el vibrión colérico: en las aguas, en el queso y en las personas sanas. Pronto se les calificó como pseudovibriones y su identificación era dificilísima, porque sus caracteres morfológicos y aún los culturales eran iguales a los del legítimo vibrión y había que recurrir a las reacciones biológicas, única manera de diferenciarlos, procedimientos que entonces no estarían en las posibilidades del laboratorio de Madrid. Un vibrión aislado en el canal de Suez de un sujeto que venía de una peregrinación suscitó unas dudas enormes, y sobre él se trabajó intensamente y se escribieron numerosos trabajos. Se conoció con el nombre de vibrión El Tor. Tales eran las dificultades de identificación. Y en la epidemiología pasaba algo semejante. En Alemania PETENKOFFER, a regañadientes, llegó a admitir que el vibrión era, efectivamente el agente productor del cólera, pero en ciertas condiciones nada más. Creía que en el suelo y en relación con la capa freática, el vibrión sufría un proceso de maduración, sin el cual no podía producir la enfermedad y llegó a demostrarlo de una manera fehaciente. En una conferencia delante de sus alumnos y de numeroso público, vertió en un vaso de cerveza un cultivo puro en caldo de vibrión y se lo bebió a la vista de todos, y salvo una ligera diarrea, no le pasó nada grave.

En España el Dr. HAUSSER creía algo semejante y para fundamentar su aserto hizo un detenido estudio de las localidades en que el cólera había hecho más estragos a partir de la primera epidemia, y resultaba que había sitios siempre respetados por la epidemia, como el Balneario de Panticosa y la isla de Las Palomas en Tarifa.

Ahora en el aspecto personal, tenía razón el Dr. PULIDO: se combatía a FERRÁN con saña y este Dr. MENDOZA que tanto daño le hizo al creer al Dr. PULIDO, la Diputación Provincial, había montado un Laboratorio bacteriológico que costó 300.000 pesetas –pesetas de entonces- y que no sirvió para nada, porque cuando el Dr. MENDOZA vio que no podía vivir en él, abandonó el servicio. Dice PULIDO que MENDOZA solo se preocupaba de tomar posiciones en distintos puntos, recabando en todos ellos algún sueldo o alguna ventaja, pero sin desempeñar en serio aquello que a sus funciones le obligaban.

PRIMER PLANO OBSERVADO DESDE LA PUERTA DE LOS BORBONES

PRIMER PLANO OBSERVADO DESDE LA PUERTA PRINCIPAL. “FIDELIUS” LIBERÁNDOSE DE LAS CADENAS DEL DOLOR O, EL SÍMBOLO DE LA HUMANIDAD DOLIENTE LIBERÁNDOSE DE SU SUFRIMIENTO

La situación de FERRÁN vino a agravarse por el informe de la Comisión francesa presidida por BROUARDEL, adverso a las vacunaciones más que por un serio estudio de la cuestión, por falta de tacto por ambas partes. BROUARDEL, empeñado en que le diesen detalles para la preparación de la vacuna, que pedía insistentemente y con poca cortesía, y FERRÁN negándoselas y replicando con excesiva vivacidad.

Todo ello desembocó en una orden comunicada que lleva fecha del 27 de Mayo, en la que se prohibió la vacunación y las campañas sociales, pero sin impedir las experiencias del laboratorio. Más adelante esta orden se dulcificó un poco, permitiendo la vacunación, pero con la condición expresa que la practicase FERRÁN personalmente, aunque respondiendo de los daños o incidentes que esta pudiera provocar.

PULIDO creía que la actitud de Romero Robledo se debió a las inspiraciones de MENDOZA –su ninfa Egeria-. A mí esto me parece muy posible porque a través de mis muchos años de actuación sanitaria, tuve que soportar muchas ninfas Egerias, todas ellas con menos preparación sanitaria que yo, pero en cambio con muchos más intereses personales que defender. Y es que el médico de asistencia adquiere una gran influencia sobre sus clientes, que equivocadamente le confieren la misma suficiencia en Sanidad que en su especialidad clínica, y como no tienen ninguna responsabilidad sobre lo que se ejecuta, porque están siempre detrás de la cortina, pueden imponer los mayores disparates, cuya culpa recae siempre aparentemente sobre el que las ejecuta. Gran parte de mi fama de cacique lo debe a las ninfas Egerias.

Repito que podría citar muchos casos, pero huyo de los recientes y recordaré solo dos de la época de la Dictadura: el del agua de Carabaña y el de Asuero.

El caso del agua de Carabaña era un disparate jurídico, el querer aprovecharse de un nombre comercial que en aquella época tenía un gran volumen económico por la prodigalidad con que se administraban los purgantes y por el enorme mercado que tenían en Cuba. Claro es que no prosperó. El caso de Asuero es sobradamente conocido para insistir en él. En los dos casos informé en contra, pero no dejó de causarme disgustos y contrariedades.

LA CASA EN VALENCIA DONDE FERRÁN TENÍA SU LABORATORIO

LA CASA EN VALENCIA DONDE FERRÁN TENÍA SU LABORATORIO

Pero dejemos a estas ninfas que sigan su tarea de informar irresponsablemente y volvamos a la epidemia de cólera del año 1885. El Gobierno sostenía que en Madrid había casos de cólera, aunque pocos. Cosa que era verdad. Pero al comercio no le convenía de ninguna manera esta afirmación y se refugiaba en la explicación, de que era el cólico de Madrid, epidemias frecuentes en épocas de calor excesivo y relacionado con el consumo abusivo de frutas y verduras. Añadamos a esto que al comercio y al pueblo le molestaban las medidas sanitarias que reputaban como inútiles y vejatorias, y el resultado fue un desconcierto general y que cada uno hacía lo que le venía en gana. Los adinerados abandonaban Madrid, por otros lugares que les parecían más seguros, los medrosos que quedaban alborotaban a los tranquilos, y entre unos y otros se producía una situación nada agradable. El Gobierno que se sentía en posesión de la verdad, no cejaba en las medidas sanitarias, lo que provocaban continuas protestas, y el 20 de Junio el comercio entero, incluso cafés y tabernas, cerraron sus puertas durante veinticuatro horas, y aún más aquella noche se produjo un motín en la Puerta del Sol, que Villaverde, el Gobernador Civil, reprimió duramente.

Por si el Gobierno tuviera que luchar con pocos conflictos, al Rey D. Alfonso XII se le ocurrió visitar a los coléricos de Murcia, donde la epidemia adquirió caracteres de gravedad. Era un conflicto serio por los peligros que podían derivarse para la vida del Rey, y el Gobierno amenazó con una crisis si emprendía el viaje. El Rey alegaba el ejemplo de Humberto de Italia, pero se le objetaba que no había paridad en la situación. En Italia la Monarquía estaba más arraigada y la Corona tenía sucesor. En España si el Rey moría no se podía prever lo que pasaría en un país que ya había sostenido varias guerras por la sucesión. El público pensando siempre mal y maliciosamente, creía que, en realidad el motivo de oponerse al viaje era que Romero Robledo, que debía acompañarle, tenía miedo al cólera. De tal manera se extendió el rumor, que el Ministro de la Gobernación realizó un viaje a Murcia. Fue casi sin séquito; la excursión solo duró dos días y con muy buen sentido se tomaron toda clase de medidas. Una acreditada fonda de Madrid, les llevó toda clase de provisiones, hasta harina y agua del Lozoya para hacer el pan y menaje de cocina y de mesa. Como concesión a sus propias medidas, durante el viaje de regreso se detuvieron en Aranjuez, para ser convenientemente fumigados. Y claro es que no les pasó nada. Estos visitantes no fueron los únicos en visitar a los murcianos, y se comentó mucho el rasgo del representante de Uruguay, Sr Kubly, que llevo ropas, medicamentos, alimentos y dinero.

De cuando en cuando surgía alguna panacea contra el cólera. Una de ellas fue la del Dr. MAESTRE, que dio a conocer una especialidad compuesta por estricnina, quinina, pilocarpina y cloral. Creo que esta fórmula no tuvo un gran éxito. Muchos años después en el año 1918, D. TOMÁS MAESTRE hizo saber al público su método para librarse de la gripe. Tomarse todas las noches antes de acostarse un vaso de agua con azúcar en el que se vertía una ampolla de suero antidiftérico, y en su falta, de suero normal. No prevenía la enfermedad, pero el público, siempre crédulo, agotó las existencias de estos productos, y hubo que hacer una importación de sueros desde el país vecino. En el mes de Julio el cólera seguía aproximándose a Madrid, finalmente apareció en Aranjuez, pero esta vez con una gran mortalidad, tanta en cifras relativas, como la epidemia de Murcia. Los muertos se contaban por centenares. Y ahora D. Alfonso XII no consultó con su Gobierno; una mañana tempranito, acompañado de su ayudante, como quién va a dar un paseo, salió del Palacio Real, se dirigió a la Estación del Mediodía, tomó dos billetes de primera y se pasó todo el día visitando a los enfermos de Aranjuez. El pueblo se entusiasmó con el acto regio, con esa euforia que caracteriza al español. Pero al Gobierno lo puso en un brete, porque evidentemente el acto era anticonstitucional y los ministros habían anunciado que si el rey iba a Murcia, ellos dimitirían. Pero en esta ocasión se trataba de un hecho ya realizado, de un acto humanitario que el pueblo aplaudía y el Gobierno optó por el único partido posible, callarse. Mientras tanto el cólera impávido, seguía su recorrido triunfal por mapa nacional. Hubo un pueblecito en la provincia de Soria, Monteagudo, que casi desapareció en su totalidad.

El Gobierno intentó frenar un poco las enormidades que se cometían en los llamados lazaretos y las absurdas desinfecciones, pero solo le obedecían los alcaldes de los pueblos pequeños. Los alcaldes de Sevilla, Málaga, Granada, etc.. seguían tranquilamente en sus prácticas sin hacer el menor caso de las órdenes superiores, y hasta se contaban casos de pobres viajeros asfixiados con los humos empleados para las fumigaciones. La fantasía popular se desbocaba y se lanzaba sobre el Gobierno y los médicos la imputación de envenenar las aguas. Las circunstancias eran ya trágicas y ningún partido político se avenía a sustituir al Gobierno, que de esta manera se “resignaba” a seguir en el Poder.

Y es curioso que en este episodio del cólera de 1985, surgieran las características psicológicas del Gobierno, de los médicos, del pueblo, características que solo muy lamentablemente cambian a través de muchos años. El pueblo ignorante, supersticioso, capaz de creerse cuanto le dicen los malintencionados cargando sobre lo que les parece la culpa de todo lo que sucede. Creyó entonces en el envenenamiento de las aguas, como había creído en 1835 y como creyó la patraña de los caramelos envenenados en la época de la Segunda República. El comercio como antes y como ahora, atento a sus intereses particulares y a sus ganancias. El Ministro de la Gobernación, asesorado por médicos de poca cultura sanitaria. El Gobierno aprovechándose de la epidemia para prolongar su mandato, y la prensa divulgando lo que no se puede divulgar, porque hay algo peor que la mentira, la verdad incompleta y la interpretación de los fenómenos científicos por una masa inculta.

EL CIENTÍFICO JAUME FERRÁN

EL CIENTÍFICO JAUME FERRÁN

Transcurridos casi cien años de aquella epidemia de 1885, que costó a los españoles muchos miles de víctimas, la figura que sobresale, la única entre aquellos personajes y personajillos, es la de JAIME FERRÁN. Nadie sabe ya quién fue MENDOZA, ni se preocupa de él para nada. Los informes de tanta y tanta Comisión yacen olvidados; pero si el cólera amenaza alguna vez como hace pocos años amenazó desde El Cairo, surge la vacunación poco más o menos como en los tiempos de FERRÁN. Y es que todos aquellos famosos “peros” que se le ponían en los informes eran nimiedades. Si los cultivos que empleaban eran puros o no. Si los medios de cultivo eran estos o aquellos. Si los procedimientos de atenuación eran poderosos o débiles, físicos o químicos. Si no querían revelar su secreto…, nada de eso tenía importancia. Lo que si la tenía, lo genial, era el utilizar el germen que producía el cólera para logra con él una inmunidad que protegiera contra la misma enfermedad.

Y en cuanto al Ministro de la Gobernación, su nombre no pasado a la Historia como sanitario y casi no se sabe de él más que por sus travesuras políticas; pero en otros aspectos hizo muchas cosas buenas, y no hay más que contemplar su retrato en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Antequera, para juzgarle como un hombre muy inteligente que hubiera brillado en el campo sanitario, como lució en otros campos, de haber tenido buenos asesores. Es consolador que los pueblos sepan honrar la memoria de los que les beneficiaron, como hizo Romero Robledo en Antequera.

Y por esa misma manera de pensar, yo quise también honrar la memoria de FERRÁN, ya que en la vida tuve que soportar tanta contrariedad y sufrir tanto con el embate de las pasiones humanas. Quizá influyó también en mi propósito el haberle conocido personalmente, y oírle contar de sus propios labios algo de lo que aquí he relatado.

Al correr de los años, hombres y pasiones han desaparecido y siempre que he visitado el Lazareto de Mahón, pensé que allí mismo, en el mismo lugar que tantos cientos de barcos guardaron cuarentena y tantos miles de hombres sucumbieron por el cólera, debiera grabarse el nombre del médico que tanto trabajó y sufrió para evitarlo, y más que para honra suya, para ejemplo de las generaciones venideras, tan propensas a olvidar lo que deben a los que le han precedido, y así lo hice.

Y dejo para otro día hablar de Finlay y de sus estudios también interesantísimos para los sanitarios e íntimamente ligados con la historia de España y sus campañas coloniales.

(Mi agradecimiento a Astilleros Capeador por facilitar el medio de acceso hasta la isla y así poder fotografiar con todo detalle la escultura del Dr. Palanca)

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TEMPORAL DE TRAMONTANA OBSERVADO DESDE LA PUNTA DES SIULET (NA MACARET)

EL CABALLO DE PURA RAZA MENORQUINA AL PRIMER PLANO DE LA INFORMACIÓN

EL CABALLO DE PURA RAZA MENORQUINA AL PRIMER PLANO DE LA INFORMACIÓN

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Toda la información que aparece en esta Guía virtual sobre empresas y entidades, así como las colaboraciones fotográficas o cualquier otro tipo de aportación encaminada a mejorar la información al navegante son completamente gratuitas siendo, por ello, un Portal Náutico público de uso general.

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De la COORDINACIÓN de este Portal:

Alfonso Buenaventura Pons (Es Castell, Menorca, 1947), Patrón de yate y miembro de la Real Liga Naval Española. Ex-directivo del Club Marítimo de Mahón y Juez y Jurado de Regatas.

* Desde el año 2000 fue colaborador semanal del diario “Menorca” en temas marítimos y portuarios, realizando en la actualidad colaboraciones especiales.
* También ha intervenido y colaborado puntualmente en otros temas típicamente menorquines, así como en otras publicaciones, programas de TV y radio.
* Desde septiembre de 1988 hasta diciembre de 2000 dirigió la revista interna de difusión social del Club Marítimo de Mahón, con una aparición de cadencia trimestral.
* El año 1995 publicó una base de datos en dos tomos sobre la historia de los primeros 50 años de la veterana sociedad náutica mahonesa.
* El año 1995, con el soporte de la Fundació Rubió Tudurí Andrómaco, publicó una recopilación histórica sobre el Lazareto de Maó bajo el título “El Lazareto de Mahón. Notas históricas”.
* El año 1998 publicó la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca”, de la cual se agotaron sucesivamente dos ediciones.
* El año 1998 publicó la obra “Menorca. Atlas náutico”, que ofrece toda la información necesaria para aquellos que se dedican a navegar por la costa de Menorca.
* El año 2001 publica la guia “La Reserva Marina del Norte de Menorca”, que da a conocer las singularidades de esta particular zona marítima menorquina.
* El año 2002 publica la guía y el plano para el visitante de “La Albufera des Grau” en castellano, catalán, inglés y alemán.
* El año 2003 aparece la obra sobre el caballo, la gallina, la oveja y la vaca menorquines, bajo el título de “Las razas autóctonas de Menorca”.
* El año 2004 lanza un nuevo “Menorca. Atlas náutico”, que incluye una guia para el submarinismo y nuevas informaciones y portulanos del cual se irían agotando sucesivamente dos ediciones.
* En el mes de abril de 2007 aparece la obra “Menorca. Caballos y tradición popular”, con referencia al mundo del caballo y su protagonismo en las fiestas menorquinas, de Sant Joan en Ciutadella, y patronales en el resto de las poblaciones.
* Finalizando ese mismo año publicaba el primer volumen de la serie “Menorca. Illa, mar i homes” (en catalán)
* El año 2008 publica la historia de la agencia de consignaciones marítimas Federico J. Cardona Trémol S.L., bajo el título de “125 años de ilusiones compartidas 1883-2008″.
* El mismo año publica la guía “Ciutadella de Menorca. Las fiestas de Sant Joan”. * El mes de abril aparece la tercera edición de la obra “Menorca. Atlas náutico, totalmente actualizada. * El 2008 publica el 2º volumen de la colección “Menorca. Illa, mar i homes”.
* El 22 de febrero de 2010 inicia un blog en la web bajo el título “Menorca, isla sin par” (bilingüe catalán-castellano) destinado a publicitar la isla de Menorca en todas sus vertientes poniendo un punto y final a su etapa de publicación de libros divulgativos.
* El 18 de enero de 2011 publica la 3ª edición de la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca” notablemente ampliada que, por primera vez, se presenta de forma digitalizada y colgada en la red en forma de blog actualizable bajo el título “Naufragios y pecios de Menorca”.
* El 23 de enero de 2011 inicia la publicación en forma de blog colgado en la red y bajo el título “Puerto de Maó, siglo XX” de todos los artículos (aumentando el número de imágenes antiguas que en su momento no pudieron incluirse en la edición de papel por razones de espacio), que fueron apareciendo durante casi diez años en las páginas del diario insular “Menorca”.
* El 21 de junio de 2011 abre un nuevo blog con el título “La cuina de vorera” (La cocina de ribera), también bilingüe catalán-castellano, destinado a recoger todas las recetas recogidas de pescadores y gentes de todos los ambientes durante la etapa de entrevistas efectuadas en sus diferentes publicaciones a fin de ponerlas a disposición del gran público.
* El 4 de agosto de 2011 inicia un blog fotográfico bajo el título “Menorca a través de tus ojos”.
* El 18 de marzo de 2012 cuelga en la red la 4ª edición de su derrotero “Menorca. Atlas náutico”. Notablemente ampliado en cuanto a contenido, imágenes y digitalizado, será actualizable por suscripción gratuita para el navegante interesado y la idea es convertirlo en la guía náutica total de la isla de Menorca.
* La importancia que va adquiriendo el portal “Menorca Atlas Náutico” obligará a ir cerrando paulatinamente los blogs “Menorca, isla sin par”, “Menorca a través de tus ojos”, “La cuina de vorera” y otros proyectos. Sus contenidos se irán incorporando al nuevo portal o quedarán en archivo pendientes de una futura ubicación.
* En abril de 2012 cuelga en la red el contenido de la obra “El Lazareto de Mahón” notablemente ampliado.
* A finales de 2012 se abren las páginas en Facebook de “Menorca Atlas Náutico”, “Naufragios y pecios de Menorca”, “Puerto de Maó, Siglo XX” y “Lazareto de Mahón”, y en Tweeter, “Menorca Atlas Náutico”.
* 2014 supondrá el año de la reconversión: “Menorca Atlas Náutico” aglutina a “Naufragios y Pecios de Menorca” y “Puerto de Maó, Siglo XX”, quien a su vez ha hecho lo mismo con “Lazareto de Mahón”, aunque conservando todas sus estructuras originales y dejando tan sólo una única página -tanto en Facebook como en Tweeter- que anuncia todas las actualizaciones: “Menorca Atlas Náutico”. La razón: en 28 meses se han rebasado las 67.000 consultas. Al propio tiempo se da paso a la ampliación de colaboradores tanto gráficos como de artículos adquiriendo la guía la categoría de “comunidad“.
* 2015 lo será el de su expansión con una total remodelación de su estructura, con adición de nuevos bloques y secciones una vez superadas las 120.000 consultas.

* El 22 de abril de 2016, rebasadas ya las 175.000 consultas, tanto el PORTAL como la TOTALIDAD DE PUBLICACIONES del autor, ALFONSO BUENAVENTURA PONS, son cedidas por el mismo a todos los efectos a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO.

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De la TITULARIDAD de este Portal: 

Desde el 22 de abril de 2016, tanto este PORTAL NÁUTICO como las diferentes obras publicadas por el mismo autor, amén de otra serie de documentos históricos e imágenes debidamente relacionados, fueron donados así como cedidos sus derechos de explotación a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO, siendo desde entonces esta entidad la única titular y gestora de los mismos.

LA ISLA DEL AIRE OBSERVADA DESDE PUNTA PRIMA (Imagen de RAQUEL ARIÑO)

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Foto A. BUENAVENTURA FLORIT

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Imagen de A. BUENAVENTURA FLORIT

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