Francisco Marqués Bagur “Felitus”

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MENORQUINES DE MAR

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Francisco Marqués Bagur o “En Xisco Felitus”

(Pescador y Armador de embarcaciones de Pesca de Arrastre del Puerto de Ciutadella)

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FRANCISCO MARQUÉS BAGUR "FELITUS"

FRANCISCO MARQUÉS BAGUR “FELITUS”

Otra de las entrevistas que más me marcaron en su momento. La de un hombre que hablaba del mar con un desparpajo increíble, con las palabras que fluían sin parar -sin agotarse para nada- y en una serie de entrevistas que se llevaron a cabo en varias jornadas. La verdad es que cuando nos despedimos lo sentí vivamente: lo había pasado admirablemente. Aquel hombre era un pozo de ciencia, una fuente de inspiración para, tan sólo de los hechos y acontecimientos de su propia vida, haber escrito una novela de cientos de páginas y, además, pudiendo asegurar que de lo más amena. Hoy le toca a él aparecer en nuestra “Galería de Menorquines de mar”. Y lo que es más curioso (y de ello él mismo no se avergonzaba en absoluto): decía que se mareaba a bordo… A veces pienso si lo debía decir en broma… En fin, éso es algo que tan sólo él sabía a ciencia cierta…

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Francisco Marqués Bagur, más conocido como “Xisco Felitus”, nació a muy pocos metros del puerto de Ciutadella en el seno de una familia perteneciente a una saga histórica de pescadores muy querida y respetada en la población menorquina. Sin embargo, sus comienzos profesionales no estuvieron vinculados a esta actividad marinera, sino al calzado, otra de las industrias que marcaron toda una época en la isla y, más, en su población natal. Su padre estaba aquejado contínuamente de fuertes dolores de espalda, por lo que el médico le sugirió la posibilidad de cambiar de oficio, optando entonces por dedicarse a la pesca artesanal, abandonando el calzado “La verdad es que el nuevo oficio no le quedó corto en dureza, puesto que durante siete años estuvimos buscando las zonas de pesca a base de bogar duramente con nuestra barca, ya que carecía de motor. Entonces transcurrían los años cuarenta…”

La primera embarcación familiar, un bot-llaüt que llevaba en sus amuras por nombre “Titanic”, tenía como base el paradisíaco enclave de Cala en Turqueta. Cuando adquirieron la embarcación ésta tenía ya cien años desde que fuera construida y como resultara que sus zonas de calado les quedaban demasiado lejos del puerto fueron motivo de suficiente peso para trasladar la base a la cala, en cuya parte central tenían un almacén con su rampa, una caseta que estaba constituida por un túnel que profundizaba en el monte donde estaba excavada “La nueva base, que era utilizada principalmente durante los inviernos, no dejaba de ser un problema, puesto que teníamos que traer cada día a Ciutadella la banasta del pescado sobre el hombro, compartiendo una misma bicicleta entre tres personas. Podía dar gracias a que mi mujer me salía a medio camino y realizaba el resto del viaje. Cada día varábamos y botábamos la barca puesto que no nos podíamos fiar del tiempo. Para ello poníamos suficiente “seu” (grasa animal) sobre unos trozos de pino colocados exprofeso en el piso por los cuales la hacíamos deslizar a fin de que no ofreciera gran resistencia. De todos modos aquella embarcación era pequeña”.

A BORDO, SIEMPRE, LO APAREJOS PARA VARAR AN CASO DE SER SORPRENDIDOS POR UN TEMPORAL O TENER QUE PASAR LA NOCHE EN LA COSTA

A BORDO, SIEMPRE, LO APAREJOS PARA VARAR EL BOTE EN CASO DE SER SORPRENDIDOS POR UN TEMPORAL O TENER QUE PASAR LA NOCHE EN LA COSTA

Marqués recuerda un temporal que les cogió cuando se retiraban a Cala en Turqueta con la cubierta llena de calamares que habían capturado. En cuando tocaron tierra vararon rápidamente la embarcación y la pusieron en lugar seguro. Cuando creían que todo estaba solucionado, un gran golpe de mar barrió la zona, embarcación incluida y se llevó consigo todos los calamares que había a bordo. Pero no pasó de ahí. Se quedaron a dormir y a la mañana siguiente el hombre marchó a la arena para ver si había rastro de los calamares “Pues estaban allí aunque sin cabezas y además limpios, de la gran cantidad de vueltas que estuvieron dando toda la noche en la rompiente de la arena. Nos los comimos todos”.

Para el pescador artesanal de aquellos tiempos no existía el horario de trabajo. La familia Marqués se dedicaba mayoritariamente a la pesca del palangre y a los calamares. Reconoce que en aquella época cogían más calamares en un día, que ahora en todo el año. Durante tres años no se había practicado la pesca en la Isla a causa de la guerra y es por ello que cuando reanudaron el trabajo la encontraron abundante en todos los sentidos. Con el palangre venía de todo: sargos, variadas, “cap roigs”… Solían colocar sus aparejos en la conocida barbada que circunda a toda la Isla y que en esa zona presenta fondos de unos 35 metros. En la costa de Cala en Turqueta, la barbada cruza entre dos zonas que los pescadores conocen como “blanc”, con fondos mayoritariamente arenosos, entre los que se encuentran grandes “clapas” de posidonia, una zona donde suelen estar hurgando los codiciados “molls”. Los palangres eran cebados con calamar o lapa (esta última está actualmente protegida y no se puede tocar), debido a su abundancia y por ser uno de los manjares preferidos por una gran mayoría de especies como “pagres”, variadas, sargos y muchos otros. Estas artes tenían 100 m. de longitud y eran del tipo conocido como de “fondo”. No utilizaban los palangres “surants” (que en Ciutadella denominan “de suret”) puesto que este tipo permanecen calados durante toda la noche y, ante el temor de perderlos con un temporal, utilizaban siempre los primeros “En cierta ocasión, en Ses Fontanellas habíamos calado 30 palangres del tipo de “surets”. Cuando estaban ya colocados nos entró una tramontanada y se los llevó todos. Días más tarde aparecieron cerca de Cala Ratjada, en Mallorca”. Los pescadores trabajaban toda la costa en su sector de poniente, que se puede decir equivalía a media isla. Por esta causa, faenaban con embarcaciones no muy grandes y tras calar los aparejos se quedaban a dormir en cualquier playa o cala, tomando la precaución de vararlas para lo cual llevaban a bordo los “prats”, “tabalets” y aparejos necesarios.

Más adelante adquirió una nueva embarcación con una eslora algo mayor, 32 palmos, que sería bautizada con el nombre de “Juanita”. Su hijo Rafel iba creciendo y llegó el día en que decidiría continuar la labor de su padre. Así se contruyó una nueva embarcación que llevaría nuevamente el nombre de “Juanita” mientras que la primera pasaría a denominarse a partir de entonces “Paco”. Al llevar a cabo esta entrevista Marqués se encontraba ya jubilado haría unos ocho años, pero continuaba teniendo para su ocio personal una embarcación de 24 palmos de fibra de vidrio, un llaüt que llevaba por nombre “Felitus I”, con el cual practicaba el curricán, capturando buen número de “espets” en lo cual era un consumado especialista, lo que no impedía dedicar al mismo tiempo igualmente algunas horas a los calamares.

CUANDO SE REALIZÓ ESTA ENTREVISTA, LA "VICENTA" SE ENCONTRABA FELIZMENTE VARADA EN EL JARDÍN DE SU CHALÉ

CUANDO SE REALIZÓ ESTA ENTREVISTA, LA “VICENTA” SE ENCONTRABA FELIZMENTE VARADA EN EL JARDÍN DE SU CHALÉ

Siguiendo con la historia de los acontecimientos, un día su consuegro le animó a comprar conjuntamente una barca de arrastre. Sería la llamada “Vicenta”, de 14 metros de eslora y 13 toneladas de desplazamiento. Marqués acepta pero con la condición de que él se dedicará a reparar las redes en tierra puesto que a bordo se marea. (Cuando le visitamos, esta embarcación estaba dada de baja, pero la tenía de adorno plantada en su chalé de su propiedad, junto a una piscina, a la que continuaba realizando labores de mantenimiento para que no se deteriorara). Más adelante se desplazaron a Barcelona para adquirir otra, de segunda mano, que llevaba por nombre “Virgen de la Bonanova”, a la que seguiría otra más, aún mayor, valorada en 7.500.000 pesetas, que pasaría a denominarse “Vicenta 1ª”, puesto que su hijo consideró que se tenía que añadir “1ª” ya que era la primera que mandaban construir en un astillero para la familia. Para poder llevar a cabo esta construcción, que se haría en un astillero alicantino y, en aplicación a la reglamentación vigente, tuvieron que dar de baja a la “Vicenta” y comprar otra vieja, para darla igualmente de baja. La suma de ambos tonelajes más un tanto por ciento permitido por la ley era el trámite que les permitía construir una embarcación de eslora mayor.

XISCO "fELITUS" SUBÍA A CUBIERTA Y REALIZABA EL MANTENIMIENTO PUES HABÍA QUE LLEVARLO A CABO IGUALMENTE. EL SOL, EN TIERRA, ES IMPLACABLE CON UN CASCO DE MADERA

XISCO “fELITUS” SUBÍA A CUBIERTA Y REALIZABA EL MANTENIMIENTO PUES HABÍA QUE LLEVARLO A CABO IGUALMENTE. EL SOL, EN TIERRA, ES IMPLACABLE CON UN CASCO DE MADERA

Hablando de la abundancia de la pesca, Marqués manifestaba que había descendido notablemente con el paso de los años, dándose los más variados motivos por los cuales ello ha sucedido, entre ellos la circunstancia de que los peces tienen ciclos y un año habrá cantidad de un tipo determinado y al siguiente no habrá ninguno. Por ejemplo las “cabras” (en Ciutadella,“cranques” en Maó y “centollas” en la Península), que salían en cantidades de 40 ó 50 cada vez y hoy prácticamente no se ve ninguna. También había gran abundancia de “mussoles” (musolas), que hoy tampoco se capturan. Con las barcas de “bou” se podían pescar grandes cantidades de “gerret” (caramel); hoy se cogen al año 100 cajas, cuando en aquellos años tal cantidad se acumulaba prácticamente en una sola jornada. Las clásicas “moras” existían igualmente en gran cantidad y sucedía un hecho curioso y es que todo el mundo colocaba las redes, unas encima de otras, para capturarlas (era algo permitido y además aceptado por todos). Las redes se sacaban a mano y el que había quedado debajo no tenía más remedio que esperar al último lugar para poder recuperarlas. Hoy con las maquinillas de levar es diferente y, como algunos no quieren esperar, terminan por estropearlo todo… “Pues tampoco hay “moras”, ya; ni se ven ni se cogen. Incluso al “clavell” (una variedad de raya) lo capturas un día al año. Yo creo que una parte muy importante de la culpa la tiene la contaminación. Hace bastantes años, de cada diez veces que salíamos a la mar a pescar “molls” (salmonetes), cinco aparecían los delfines y nos hacían añicos la pesca”. Precisamente con su consuegro calaban las redes a las siete de la mañana, a las ocho ya las sacaban porque el tiempo transcurrido era más que suficiente y, aún así, en ese tiempo aparecían los delfines y les quitaban las capturas. Los delfines tienen unos órganos extraordinariamente sensibles y solían encontrarse en la zona y en cuanto percibían que habían puesto en marcha el motor de la barca, porque lo percibían perfectamente, ya se situaban al acecho. Su mujer, que le solía acompañar en ocasiones, vigilaba en la proa la subida de las redes y de paso observaba si venía algo en ellas. Si veía algo solía anunciarlo al resto de la tripulación. Y en ese mismo tiempo podía descubrir la desagradable aparición del delfín que limpiamente arrancaba y se comía el pescado que acababa de anunciar. A las barcas de arrastre les pasaba tres cuartos de lo mismo. Actualmente tiran del bou por la popa. Hace años, la embarcación se ponía de costado y con la pluma de carga tiraban del aparejo, hasta subirlo todo estando el pescado capturado en el saco que culmina el aparejo. Era una operación bastante más complicada. Los delfines se encontraban al acecho y cuando veían el momento propicio se tiraban contra el saco y lo rompían, con lo que todo el pescado quedaba suelto y así podían comérselo. En cierta ocasión el consuegro de Marqués le sugirió capturar uno para poder utilizarlo como cebo y pescar gambas a las que, parece ser, agradaba bastante “Pero no tienes que fallarle ¿eh?” a lo que respondió Marqués riendo “¿te crees que yo soy un vikingo?”. Prepararon entonces un cabo de unos 100 metros de longitud al que afirmaron fuertemente un arpón que llevaban a bordo. El delfín, siguiendo su costumbre, se acercó a una velocidad vertiginosa con el fín de romper el saco del pescado que habían capturado y al sumarse su velocidad con la del arpón que iba a su encuentro lanzado por Marqués, el pez quedó automáticamente atravesado “Pensamos entonces en el modo de subirlo a bordo puesto que se trataba de un animal fuerte y se resistía con bravura. Optamos por ir limpiando el pescado capturado con el bou para que se fuera cansando y así no ofrecería tanta resistencia. Lo habían clavado al través de la Cala de Santa Galdana y cuando quisieron darse cuenta, se encontraban frente a Son Bou: el delfín había estado arrastrando el bote de pesca varias millas. Decidieron dar la vuelta para poner rumbo a Ciutadella y cuando emprendían el regreso observaron atónitos que se habían ido acercando a la barca numerosos delfines a cuya manada debió pertenecer el arponeado. Nunca habían escuchado tantos lamentos como los estaba haciendo aquella manada “Todos estaban emitiendo sonidos lastimosamente al mismo tiempo. Se ve que tienen unos sentimientos muy acusados. La verdad es que me llegué a sentir mal por haberlo capturado pero ya no se podía hacer nada. Por fin lo subimos a bordo y lo utilizamos en los siguientes días como cebo, dándonos unos excelentes resultados”. Tanto les llegaron a perjudicar los delfines que finalmente optaron por abandonar la pesca de salmonetes y dedicarse a otras especies, ya que ese año tuvo que trabajar desde Sant Miquel hasta Navidad sólamente para reparar los desperfectos que les habían ocasionado en las redes en solo un mes. También se refiere a los “vells marins” como una especie que no ha desaparecido como defienden algunos biólogos marinos, sino que se ha retirado de estas costas para ir a vivir a las del norte de África. Al igual que los delfines eran otros de los enemigos más molestos para el pescador profesional “Cuando los veíamos chapotear en el agua dábamos ya por descontado que en aquella jornada no habría “part”, puesto que al romper las redes con suma facilidad, devoraban rápidamente el pescado atrapado en ellas”.

OTRA HERMOSA CAPTURA SOBRADA DE PESO

OTRA HERMOSA CAPTURA SOBRADA DE PESO

Marqués recuerda el primer temporal padecido en su larga etapa de pescador. Tenía entonces veinte años. Pero no sería un temporal clásico en mar abierta, sino que tendría lugar estando a bordo de su barca “Araceli” dentro del propio puerto, muy cerca del puente, en el transcurso de una fuerte “rissaga”. Él había advertido a su padre de que el fenómeno iba en aumento cuando eran ya las diez de la noche. El padre decidió entonces salir fuera de puerto a calar las redes y con ello evitarían el posible peligro. Ordenó a su hijo que colocara en la cubierta todos los palangres mientras él iba a avisar a su hermano que se encontraba en el Borne. Al poco de irse comenzó a vaciarse el puerto de agua, la barca pegó un tirón seco, partió su amarra y seguidamente volcó. No le dio tiempo al muchacho a reaccionar y quedó atrapado debajo. Toda la gente que se encontraba sobre el muelle lo había visto, cundió la alarma y comenzaron a buscarlo desesperadamente “Yo intentaba salir a flote pero cada vez que sacaba la cabeza me golpeaba con alguna barca de las que flotaban arremolinadas, hasta que por fin pude nadar hasta una escala próxima y allí, entre cuatro o cinco personas me sacaron a tierra. Mi madre estaba llegando en esos momentos llorando y yo le dije que no llorara puesto que todavía estaba vivo. Recuerdo que cuando estuve debajo de la barca no tuve tiempo de pensar nada ni de sentir sensación alguna, tan sólo quería sacar la cabeza fuera del agua y sentir nuevamente el aire. El problema es que había varias barcas que habían partido sus amarras y cada vez que intentaba emerger me golpeaba con alguna de ellas. Aquello fue un caos terrible”. La embarcación estaba equipada con un motor de gasolina. Cuando el mecánico de la familia escuchó los comentarios entre la gente de que la barca de los “Felitus” se había ido a pique, salió corriendo y bajó al muelle. Cuando llegó ya habían sacado felizmente del agua al náufrago y al ver que ya estaba a salvo, se preocupó de recuperar los elementos más delicados del motor para que no les dieran problemas futuros, tras acercar la embarcación a la escala y vaciarla de agua con cubos hasta poder subirla sobre el muelle.

En otra ocasión un golpe de mar lo tiró al agua, aunque no reinase ningún temporal. Llevaban entonces a bordo una caja de pulpos vivos para pescar, puesto que sabido es que son más efectivos si están vivos que si llevan muertos un par de días. A los pulpos los solían atrapar con las “nanses”, en las que solían aparecer varios de ellos atrapados. Cuando los sacaban los echaban en una barquita pequeña que llevaban a remolque. El muchacho le dijo a su padre que la acercara y con un gancho cogería un pulpo que habían atrapado y lo pondría en la barca grande. Se colocó en la proa pero falló el golpe y no lo clavó, de modo que corrió hacia popa para intentarlo de nuevo cuando la barquita estuviera a su altura pero un golpe seco de mar lo hizo vacilar y cayó al agua “Pero el problema en si no fue la caída, sino que mi padre no sabía como parar el motor de la barca. Yo estaba en el agua e iba un poco justo de ropa. Llevaba un chaquetón de marino que me venía un poco pequeño, que me había regalado mi hermano que estaba cumpliendo el servicio militar en la Base Naval de Maó. Mi padre me preguntaba gritando qué tenía que hacer y yo le contesté que pegara un tirón al cable que iba a la bujía y el motor se pararía. Y así fue. Cuando subí a bordo lo primero que me preguntó mi padre fue “si me había mojado mucho…” aunque en realidad quería saber es si me había hecho daño. El hombre se encontraba francamente nervioso”.

Otra anécdota tendría lugar cuando pudieron observar en la superficie del mar un gran pez que estaba evolucionando no muy lejos de donde ellos se encontraban. Marqués le dijo a su padre que se acercaran hasta sus inmediaciones y así podrían intentar capturarlo con el gancho. Cuando estuvieron cerca se dieron cuenta de que se trataba de una “llunada” (pez martillo) que dejaba ver en el exterior tan solo su aleta dorsal. Rápidamente guardó el gancho diciendo a su padre que viraran y se olvidaran so pena de que les hiciera volcar la barca. Todo lo contrario de lo que le pasaría a un hermano suyo que se topó con otro ejemplar que estaba semidormido al sol en la superficie. Cuando se encontraban a pocos metros el escualo se revolvió y estuvo a punto de hacerles volcar la embarcación “Recuerdo que volvió a puerto blanco como la pared del susto que les había metido… Curiosamente en Maó ocurrió un caso muy parecido y es que había una pareja rondando por aquella zona y dos barcas de pescadores que, al verlos, decidieron abarloarlas para auxiliarse mútuamente. Uno de ellos pasó por enmedio e hizo volcar a ambas embarcaciones aunque, afortunadamente ni el pez les hizo nada ni las embarcaciones se hundieron, pudiendo embarcar nuevamente en las mismas y vaciarlas pacientemente del agua que había dentro”.

MOSTRANDO UN BONITO EJEMPLAR DE MERO

MOSTRANDO UN BONITO EJEMPLAR DE MERO

En otra ocasión calaron unas “soltas” grandes para capturar “sirvias” con su compañero Diego Domingo. Cuando fueron a sacarlas, su hijo Fel, que era la primera vez que iba a pescar con ellos cogió la “ullere” de a bordo para poder mirar el tipo de peces que habían cogido. El susto fue mayúsculo pues cuando el pez salió a la superficie, resultó ser un gran ejemplar que estaba con su enorme boca totalmente abierta y mirando hacia arriba de “angelote”, un escualo de casi 4 metros de longitud y que dio en la balanza el bonito peso de 150 kg. Es una especie que es totalmente inofensiva para el hombre y que se alimenta de lenguados y “escopinyes”. A la mañana siguiente pescaron a su pareja, que pasaba un poco de los 100 kg. En otra jornada tuvieron la emoción de capturar un tiburón blanco de 100 kg, una especie de la cual no se ha vuelto a capturar ningún otro ejemplar en estas aguas. Sin embargo el escualo capturado que más le impresionó pertenecía a la familia de los “marrajos”. Un ejemplar de tres metros el cual, al abrirle la boca para ver su constitución, pudieron observar que tenía nada menos que 7 hileras de terroríficos dientes. Y por lo que se refiere al escualo más grande capturado en su vida profesional, recuerda que rozó los 600 kg de peso. Tiraron la mitad y, para hacerse a la idea, decir que la que quedó a bordo, cuando permanecía levantada mediante el puntal a máxima altura, el otro extremo continuaba tocando abajo.

Para calar las redes llamadas “soltas”, amarraban un extremo en la costa y a continuación iban soltando el aparejo mientras bogaban formando como un caracol (le daban la forma de un “6”). Las “sirvias”, cuando entraban y descubrían la curva del aparejo daban la vuelta para escapar o se ponían an nerviosas que embestían la red quedando así atrapadas “Era una costumbre de hacía años: cada 11 de mayo solíamos capturar una gran cantidad de “sirvias” en la costa de Cala en Turqueta, siempre que el tiempo fuera favorable. Ese año cogimos 16 que dieron en la balanza 355 kg. limpias de tripas, puesto que todas estaban entre los 30 y 40 kg. Pues cuando las tuvimos todas a bordo nos fuimos hasta Cala Ratjada para venderlas. La nuestra era una barca pequeña y tenía un motor de 7 C.V. Tardamos 5 horas en cruzar el canal”. Con las “soltas” pequeñas, tuvieron también la suerte de que se quedara enganchada otra “sirvia” de unos 40 kg. Marqués le dijo a su amigo Domingo que lo sujetara por las piernas que él se echaría sobre la cubierta para cogerla por la cola y subirla más fácilmente. Se echó, su amigo se sentó encima y, tras no pocos esfuerzos, lograron izarla a bordo.

Cuando decidió aceptar la propuesta de dedicarse a las barcas de arrastre se llevó el “Juanita”, el bote de 45 palmos utilizado hasta entonces, al lago de Cala en Bosc puesto que así le quedaba más próximo a sus pesqueras. Con las barcas de arrastre solían coger gran cantidad de pulpos, por lo que decidió llevarse tres o cuatro cajas para utilizarlos para cebar los palangres de “anfós” (mero). Fueron a calarlos a Cala Mitjana, habiendo cebado todos los anzuelos con los pulpos y se retiraron al lago para dormir en lugar seguro. Al despertarse la mañana siguiente observaron que estaba diluviando con ganas pero decidieron salir a recuperarlos de todos modos. Tan sólo salieron fuera del canal, observaron consternados un “capser” (flotador) muy cerca de la bocana que reconocieron como perteneciente al aparejo colocado la noche anterior “Pero me parecía imposible que estuviera allí cuando yo lo había dejado frente a Cala Mitjana, unas cuantas millas más a levante”. El hombre cogió el gancho para recuperarlo y cuando intentaba acercarlo observaba asombrado que se separaba de la barca. Al principio pensó que tal vez había una corriente muy fuerte, pero la sorpresa fue que tenía enganchado un gran pez, parecido a una “musola”, pero mucho más peligroso “Se trataba de un tipo de pez que corta fácilmente los aparejos o produce graves mordeduras si alguien se les pone a tiro. Tan solo descubrí su aleta dorsal que asomaba en la superficie del agua y ya comencé a temblar de pánico. A la tercera intentona conseguí hacerme con el “capser”, pudiendo comprobar que el pez se había enganchado en principio con uno de los anzuelos y posteriormente al sentirse herido y revolverse había liado todo el aparejo. Le clavamos el gancho en las branquias porque suele ser el sitio en que más les duele y ofrecen menos resistencia. Pero pasó todo lo contrario. Pensé que no lo subiría a bordo. Con una mano sujetaba el gancho y con la otra el palangre. Con un mordisco rápido me cortó en seco el palangre mientras que yo, al fallarme éste, me caía sentado en la cubierta. Como la cabeza asomaba por la borda le anudamos fuertemente un cabo pasándolo por uno de los imbornales de proa. Después amarramos su cola, pero el animal se contorsionaba furiosamente y, en una de tantas, alcanzó a coger con su boca una garrafa que tenía en cubierta y la partió en dos. Allí perdí del todo el poco “coratge” (valor) que aún me restaba, pensando que iría a parar al agua del susto. Sobrepasaba los dos metros y medio de longitud y pesó, una vez limpio, más de 50 kg. Cuando me acuerdo todavía tiemblo del mal rato que llegué a pasar”.

UNA CAPTURA DE SERVIAS DE LAS QUE HACEN HISTORIA

UNA CAPTURA DE SERVIAS DE LAS QUE HACEN HISTORIA. “FELITUS”, DE CUCLILLAS EN LA PROA, CON GAFAS.

Y en otra ocasión, levando los palangres de “anfós” vió que se había enganchado otro escualo que dio unos 10 kg y no se le ocurrió otra cosa que cogerlo por la cola. Reconoce que aquella decisión fue un grave error puesto que estos peces deben de cogerse siempre por las branquias y así ofrece menos resistencia, todo lo contrario que el “anfós”, porque las branquias de este último tienen muchas puntas afiladas a la contra que pueden en una contorsión terminar por deshacer la mano del que lo intenta, porque es fácil meterla, pero muy difícil sacarla otra vez. Pues cuando el escualo se sintió cogido por la cola se dio la vuelta violentamente y menos mal que se encontró con la roda de la barca a la cual mordió y dejó marcada para toda la vida. Si llega a encontrarse con la mano de Marqués, a bien seguro que se la hubiera cortado. Sobre el problema de que puedes engancharte con las branquias y que es difícil liberarte de ellas si te las clavas, resulta semejante a lo que sucede si una “ferrassa” (pastinaca) consigue clavarte su aguijón: mejor es cortarlo y hacerlo salir por delante pues tiene forma de arpón con aletas. En otra ocasión faenó con él, pues lo estuvo haciendo durante una temporada, un pescador de Fornells al que llamaban “Patró Cuca” y mientras navegaban, Marqués, observando el fondo, le dijo al “forneller” que estaba convencido que aquel fondo siempre había sido “negre” (de piedras, cascajo o algas) pero que estaba observando que curiosamente era “blanc” (de arena). El “forneller” se lo miró y le respondió que era blanco, efectivamente, pero por causa de tener bajo la barca una “ferrassa” que triplicaba su eslora y que les estaba acompañando desde hacía un buen rato.

Con su primera barca de arrastre “Vicenta” hicieron en cierta ocasión una gran captura de pescado (más de dos mil kilos). El “bou” había quedado tan hinchado que hubo pescado por todas partes: habían capturado una “mola” de “quissones” (mielgas) que cuando las tuvieron a bordo, pensaron que lo mejor era llevarlas a vender a Mallorca puesto que en Menorca no tendrían salida. Pero resultaba que en Mallorca no querían que fueran a vender su pescado pescadores ajenos. Por ello decidieron buscar un contacto y ofrecerlo a un posible comprador que solía acudir habitualmente a la lonja. Afortunadamente el hombre aceptó la oferta y se quedó con 1.600 kg. Tuvieron que desembarcarlo en una playa “Dios sabe la que tuvimos que improvisar. Parecíamos contrabandistas…” Por contra, a Ciutadella llegaban las barcas de Barcelona cargadas de pescado y los pescadores locales no les decían nada “Actualmente vienen barcas de Mallorca a pescar en estas aguas con sus palangres de nylon y nosotros tampoco les decimos nada, a pesar de que lo limpian todo. Pero es que hay que pensar que, años atrás, nosotros íbamos también a Mallorca a pescar serranos. Con sus palangres kilométricos, que pueden recuperar con la ayuda de una maquinilla montada en cubierta, en cuanto los calan cuatro o cinco veces, ya no queda ningún pez bajo el agua. Estos días había faenando 8 ó 9 barcas por estos contornos. Los pescadores locales se quejan de su presencia, pero la verdad es que antes fuímos nosotros a sus pesqueras. La presencia de aquellos pescadores catalanes hacía que el pescado bajara de precio, pero tampoco respetaban nuestro horario y, con la escusa de que iban a Barcelona se ponían a faenar una hora antes que las barcas locales. Nosotros protestamos, no porque no quisiéramos que faenaran en estas aguas, sino que queríamos que por lo menos cumplieran nuestro mismo horario, de salir a las cinco de la mañana y estar nuevamente atracados a las seis de la tarde. Ahora hace ya unos nueve años que no vienen”. En los últimos tiempos las quejas de los pescadores han arreciado debido a los abusos que se estaban cometiendo y parece que existen intenciones de diálogo. Aunque sólamente sean éso: intenciones.

Marqués recordaba otra etapa en que los pescadores locales se desplazaban hasta las costas de Italia para dedicarse a la pesca de la langosta. Recordaba que transportaban sus embarcaciones, dotadas de vivero incorporado, en los pailebots de carga y cuando se encontraban a medio camino las botaban en mar abierta y se ponían inmediatamente a faenar. La pesca era abundantísima y las piezas capturadas de tamaño considerable (se llegó a pescar una langosta que dio 11 kg en la balanza). Para llevar a cabo perfectamente la campaña, el pailebot era preparado para que sirviera de “barco nodriza”, de tal forma que le hacían un agujero de barrena en el fondo del casco para que entrara el agua del mar y sirviera de vivero flotante hasta que regresasen a Ciutadella. Cuando llegaban a puerto uno de los hombres se tiraba dentro del “vivero” y taponaba el agujero con un espiche para seguidamente vaciarlo de agua y recuperar las langostas. Una vez les sucedió una anécdota a bordo: aquella campaña tuvieron como ayudante a un marinero italiano. El cebo utilizado para los palangres consistía en pulpo cocido y tenían tomada la medida de forma que llevaban la cantidad necesaria para cebar todos los palangres. Pero en aquella campaña comenzó a faltar. Nadie se lo explicaba. Hasta que por fin descubrieron que el italiano, según iba cebando anzuelos, se iba comiendo igualmente los trozos del pulpo “Recuerdo que nosotros solíamos decir que el hombre era poco hablador y lo que en realidad pasaba era que tenía siempre la boca llena…” manifestaba sonriendo.

Hubo una etapa en que su padre estuvo navegando hasta la Habana como patrón de un pailebot, necesitando medio año para llevar a cabo el viaje de ida y vuelta. Eran aquellos aquellos años en que cuando los barcos regresaban tenían que guardar cuarentena en el Lazareto de la isla de Sant Felipet de Maó. El pailebot se denominaba “Lorencito”, e iban a Cuba para cargar carbón y traerlo a España. Uno de los tripulantes de a bordo era un tipo bajito al cual conocían con el apodo de “En Patilleta”. Cierto día, al hombre no se le ocurrió otra cosa que ir a defecar tras una de las montañas de carbón. Cuando se volvió descubrió que había otro hombre, de raza negra, que estaba haciendo lo mismo. Cuando hubo acabado el nativo le dijo “toma manteca de la Habana” y le pringó la cara con sus excrementos. El tripulante español se enfadó sobremanera y como llevaba encima una pistola echó mano de ella y disparándole a bocajarro le contestó “toma, un garbanzo de España…” y lo mató. El patrón, que era el padre de Marqués, cuando oyó el disparo acudió inmediatamente pues sabía que “En Patilleta” se encontraba por allí y le preguntó qué había sucedido y el hombre le respondió que el otro le había pringado la cara. Al final tuvieron que embarcar corriendo puesto que comenzaron a salir de todos los rincones compañeros del muerto con muy malas intenciones.

Un fenómeno muy conocido entre los navegantes es el denominado “Fuego de San Telmo”. Marqués también lo ha visto en una ocasión, en que saliendo del puerto de Ciutadella y poniendo proa hacia el Cap d’Artrutx, se dirigieron a las costas de “migjorn”. Estando en plena navegación, Marqués advirtió a su hermano que iba en otra barca que por el horizonte estaba relampagueando. El hermano asintió, dando a entender que también lo había observado y comenzaron a calar los aparejos rápidamente. Cuando doblaban el Cap d’Artrutx recrudeció rápidamente rompiendo en fuertes chubascos, relámpagos y truenos. En medio del fragor de la tormenta, Marqués pudo observar dos luces que parecían desprenderse del extremo de la “entena” de su palo. Recordó, no sin cierta impresión, que había oído en más de una ocasión a los más viejos que si veía las luces de San Temo se podía preparar… “Pero a pesar de todo tuvimos suerte. En pleno chubasco tuve que parar el motor y aguantarme con los remos. Procuraba no perder el sonido que hacían las aguas del mar al romper pues a causa de la densidad de la cortina de agua me resultaba imposible alcanzar a ver la costa. Era una hora antes de que saliera el alba. En un momento determinado alcancé a oir el mar que rompía contra las rocas más claramente con lo que ya pude orientarme. Había quedado con mi hermano que nos encontraríamos en Cala en Turqueta y allí lo encontré. Pero él no había terminado de calar su aparejo pensando que yo tampoco lo haría”. Finalizaron el trabajo estando establecido el “gregal”. De pronto se estableció una encalmada tras la cual entraba violentamente el poniente. Pensaron en el lago pero resultaba un contratiempo puesto que tendrían que venir desde Ciutadella a buscar el pescado o tendrían que esperar ellos a que calmara y poder regresar a puerto. Se decidieron por navegar hacia Ciutadella y cuando se encontraban al través de Cala Blanca los golpes de mar eran terroríficos. Marqués vio que le venía una ola gigantesca y pensó “ara si qu’estic llest” (“ahora si que estoy listo”) y le dio la popa… “Me pasó por encima y los palangres, con la fuerte escora alcanzada por la barca fueron arrastrados hasta la proa en un tris de salir despedidos por la borda. Quien si fue a parar al mar fue todo el pescado que había capturado. La barca parecía querer hundirse por el agua embarcada así que desembragué el motor y, poco a poco, se fue recuperando. En esos momentos íbamos juntos y mi hermano esperó a que yo saliera de debajo del agua que había llenado la barca. Era curioso observarle pues el hombre no se preocupaba por nada de lo que estaba ocurriendo, llevaba la capucha puesta y sólamente miraba fijamente hacia Ciutadella”.

HILERA DE "SURETS" DE LOS EMPLEADOS POR LOS PESCADORES

HILERA DE “SURETS” DE LOS EMPLEADOS POR LOS PESCADORES

Marqués marchó solo en otra ocasión, navegando a bordo de su barca a calar los palangres de “surets” y pescar variadas y sargos, hasta Es Llosar (extremo de levante del Codolar de sa Torrenova). Pronto se dio cuenta de que el cielo aparecía muy “serrat” por el “mestral” (nubes negras amenazadoras subiendo por el NW). Pensó entonces para sus adentros que había que darse prisa y tras calarlos se dirigió al extremo opuesto y comenzó a levarlo. Todo finalizó bien pero en lugar de dirigirse a Ses Fontanellas, que le quedaba relativamente cerca y como mal menor hubiera navegado de aleta, decidió ir a Ciutadella. Entró primeramente a la Cala des Morts buscando la encalmada para rellenar su depósito, con capacidad para 6 litros de combustible. En el interior de la cala el agua estaba como un plato. Una vez rellenado se hizo nuevamente a la mar “Y ahí fue donde cometí mi fallo. Tenía que haber trabado con un trozo de esponja o trapo los cuarteles a la cubierta y no lo hice. Los golpes de mar me dieron los primeros avisos y cuando había doblado “sa Farola Nova” (Punta Nati), comenzó a aumentar la intensidad a “duro”, aunque procuraba gobernarla de forma que la ola le viniera de “mig de ganya” (por la amura) para capearla. Aún así la barca se ponía casi en posición vertical con la proa hacia arriba, de forma que cuando caía nuevamente y no encontraba agua, se levantaban todos los cuarteles y se iban hacia atrás con un gran estrépito. Tenía que desembragar para ponerlos nuevamente en su sitio, claro está, que hasta la próxima tanda de olas”. Esta operación la repitió por lo menos en treinta ocasiones, pero continuó adelante doblando el Cap de Menorca y estaba a punto de hacerlo también con el Cap de Banyos. Pensó que ya lo había conseguido pero en una última uno de los cuarteles fue a parar al agua embarcando media barca de agua y Marqués pensó para si “ya estic llest…” (“ya estoy listo”), pero pudo llegar a puerto. En la misma tormenta, el pailebot “Cala Marsal”, que también navegaba en demanda del puerto de Ciutadella, perdió la chimenea con un golpe de mar.

Marqués vivió el naufragio del pailebot “Cala Murtà” en la punta de Na Peu de Porc, en la banda de la playa de Fil de Ferro, cuando navegando cargado de sacos de cemento y por causa de una fuerte cerrazón por niebla no pudo ver la costa, colisionando con ella quedando embarrancado y semihundido. Aquel día les dijo a sus hijos que al día siguiente no irían al colegio porque pensaba llevarlos a ver el barco. Se los llevó consigo, caló los palangres a propósito cerca del lugar del suceso y les estuvo mostrando los restos del naufragio. Al día siguiente al ir a calar sus aparejos de nuevo vio que el pailebot no se encontraba ya en el lugar en el cual había quedado las jornadas precedentes. Se acercó intrigado y descubrió por doquier multitud de trozos de madera tanto flotando en el agua, como en la costa. Como el cargamento era cemento, con el agua había emulsionado y reventado el casco de madera, que terminó por partirse en mil astillas. Marqués vivió igualmente el naufragio del “Francina” muy cerca de la Punta de s’Escullar, en la costa norte “…un barco en el cual si su tripulación hubiera permanecido a bordo, sin duda se hubiera salvado, pero tuvieron miedo de una explosión a causa del incendio. Y no pasó nada. Estaban todos muertos, o en su mayoría, y el barco seguía permaneciendo a flote hasta que chocó contra el acantilado. En los días siguientes el barco sufrió un expolio de pronóstico reservado pues no le dejaron nada a bordo. Todo el mundo se llevaba lo que se encontraba…”

Con respecto al acaecido al “Malakoff”, Marqués tenía su apostadero en Cala en Turqueta cuando el pesquero “Saldes”, de Mallorca, que había ganado la subasta para desguazarlo, estuvo trabajando sobre el pecio. Recuerda que los trabajadores volaban con dinamita las piezas del barco que pretendían recuperar y que posteriormente eran izadas y estibadas a bordo del pesquero para trasladarlas a Palma. Consecuencia de esas explosiones eran los peces que morían al reventársele la vejiga natatoria y que quedaban a flote. Los “surells” podían ser cogidos por ellos pero las “sirvias” se las quedaban los trabajadores. En aquellos días, uno de los buzos de la Estación Naval que trabajaba en el pecio murió en accidente al cortársele el tubo del aire y el cabo que le sujetaba al pesquero. Cuando fue hallado, a pesar de los esfuerzos que se hicieron para reanimarlo ya no había ninguna posibilidad. Recuerda que igualmente fue utilizada la dinamita para desprender el plomo que como lastre llevaba en la bodega el vapor “Ioannis”, hundido en Es Degotissos (Son Angladó).

Ellos también sufrieron un encontronazo a bordo de la “Vicenta” con la costa a causa de una niebla cerrada. Buscaban la costa y el patrón gobernaba la embarcación llevando una mano siempre sobre el “morse” (telemando de gobierno del motor) dispuesto a actuar en el momento en que apareciera por la proa. La tripulación le advirtió que aparecía en aquellos momentos, pero no fue suficiente y colisionó en las playas de Es Banyul y de Bellavista. La barca quedó varada y tuvo que desplazarse un “mestre d’aixa” a valorar el problema decidiendo llevarla a Ciutadella para repararla con la ayuda de la grúa del Club Náutico puesto que no existía varadero. Una vez abarloada a la grúa, ésta la suspendió de proa lo suficiente para que el “mestre d’aixa” pudiera llevar a cabo su reparación, mientras el resto del casco permanecía en el agua. En una noche quedó solventada la avería “El operario me dijo que había resistido trabajando toda la noche porque mi hijo Fel le había estado llevando un café cada cuarto de hora… Recuerdo que en agradecimiento le regalamos, además, un televisor en color”.

Marqués nos describió, también, un tipo de pez que suele capturarse en raras ocasiones y que es conocido como “peix porc”, un tipo de pez que se caracteriza por tener un hígado de tamaño exagerado “Si el pez pesa un kilo, cuando lo abres y extraes su hígado, verás que este pesa unos 600 gramos. Al hígado lo exponemos al sol en la terraza, envuelto en un trozo de paño y tapado por un plástico de color blanco para evitar la humedad, con un cubo debajo. A los tres días ha destilado una gran cantidad de aceite que queda recogido en el mismo. Ese aceite hace milagros para curar los golpes a la gente.

El complicado y espinoso tema que vivía por aquellos años la situación del puerto de Ciutadella era algo que preocupaba bastante a Francisco Marqués. Los peligros en los fallos de maniobra de los ferrys era algo que había sentido en sus propios intereses al estar a punto de perder sus barcos de arrastre “Sabemos, porque nos lo han dicho personas perfectamente documentadas, que para hacer un nuevo puerto tienen que darse unas circunstancias del todo homologadas, entre las cuales destaca la distancia mínima en millas náuticas de otro puerto comercial. En la isla tenemos a Maó y el puerto de Ciutadella no guarda esa distancia. Si se construyera el brazo y se acertara en su concepción sería una gran mejora para la Isla”. Sobre el viejo puerto, el natural, y según se dieran las condiciones meteorológicas o el grado de confianza que llevara el capitán del ferry hacía que Marqués estuviera en vilo con las maniobras de entrada y salida “Si todo va bien no pasa nada pero, cuidado si se da el menor fallo humano o mecánico. Además, está el peligro de que exista algo de rissaga o “sèca”, en que es muy fácil que el barco toque el fondo en según que puntos y a partir de ese momento pierda el control, que es lo que ha pasado cuando se ha llevado embarcaciones, yates o lo que se ha encontrado por delante. Estos sustos solían pasar más fácilmente con el “Rolón Plata”, puesto que era un barco de un solo motor, semidiesel, que para dar marcha atrás tenía que ser parado previamente. Además, la hélice de proa le fallaba a menudo. En cierta ocasión enganchó las barcas del Club Náutico y las arrastró hasta el restaurante Tritón. Menos mal que dejó caer las anclas y éstas lo detuvieron. En el año 1999 enganchó un catamarán y se lo llevó arrastrando. A éste se le rompió el palo que fue a caer sobre un vehículo de las inmediaciones y tuvo la gran suerte de que no se encontraba nadie delante y pudo lograr pasar. En otra ocasión, tras tocar el fondo, se vino directo a donde se encontraban amarrados mis dos barcos de arrastre. Suerte de unas grandes defensas que teníamos puestas que amortiguaron algo el impacto. Aún así, la “Virgen de la Bonanova” fue a parar casi sobre el mismo muelle, mientras que la “Vicenta”, que se encontraba en la banda de fuera, sufrió la rotura del puente que sostiene los “bous” y diversos daños en la obra muerta. Tuvimos que vararlas rápidamente para poder reparar los daños ocasionados”.

Hace muchos años, Francisco Marqués “Felitus” iba de palangres con su padre para capturar las codiciadas “vacas”, “esparralls” y otras especies de pescado blanco. Llevaban a bordo una serie de estos aparejos, que estaban armados con una cantidad de entre 50 y 70 anzuelos del número 18, cada uno. Este es un tipo de anzuelo con el cual se podía capturar todo tipo de peces pequeños. Actualmente y de acuerdo con la legislación vigente, existen unas tallas mínimas y los anzuelos han tenido que sustituirse por otros de tamaño mayor, con el fin de impedir que los pequeños puedan quedar prendidos. De la pesca de calamares realizada por la tarde solían separar tres o cuatro ejemplares que, una vez limpiados y debidamente troceados, utilizaban para cebar estos aparejos, al igual que trozos de sepia o pulpo, que también solían prenderse habitualmente en las “calamareras” (poteras). Este cebo era ideal para los “esparralls” y las variadas. Padre e hijo solían guardar los palangres en una caseta que tenían en la bajada del puerto de Ciutadella, donde también dejaban el cebo suficientemente aireado, puesto que no existían las cámaras frigoríficas. Cuando llegaba la época de los raores su objetivo se desviaba hacia este tipo de pez, muy codiciado por sus carnes blanquísimas, que entonces era muy abundante. Hoy escasea, como todo, y se ha tenido que publicar recientemente un período de veda en un intento de evitar su desaparición definitiva. Para ellos el cebo utilizado era la aguja, que les gustaba más. Y si para los primeros se tenían que calar “d’auba”, para los raores, cualquier hora del día resultaba buena “Hoy esto resulta impensable y ya no puedes coger ni cangrejos peludos porque no encuentras ni uno; las lapas (“pigellides”) han tenido que ser protegidas porque al paso que iba, tampoco tardarían mucho en desaparecer. Nosotros las usábamos para cebar los palangres y sus resultados eran magníficos. Si eran pequeñas ensartábamos hasta tres; de ser grandes, una sola era suficiente. Ellas constituían el cebo preferido de los sargos.

UN PALANGRE PERFECTAMENTE ESTIBADO EN SU "COFA"

UN PALANGRE PERFECTAMENTE ESTIBADO EN SU “COFA”

La constitución física del palangre para este tipo de pesca se componía de una línea madre que los pescadores guardaban almacenadas en las cofas dando vueltas (que ellos denominan “duyas”). De cada tres “duyas” (más o menos 1,5 metros) salía una línea (o “braçol”) que terminaba en un anzuelo. La línea madre consistía en un cordel, mientras que para las derivaciones se utilizaba el llamado “pel de cuca”, cuya longitud era de unos 30-40 centímetros, por lo cual se tenían que unir unos a otros hasta conseguir la medida necesaria para el uso que fuera a dársele. No existían entonces ni el nylon ni las otras fibras sintéticas sin límites de longitud actuales “Si queríamos hacer una línea para una potera para ir de calamares, teníamos que unir muchos de esos “pels de cuca” y, cada dos palmos aproximadamente, quedaba un nudo y por este motivo siempre teníamos los dedos de las manos lesionados”. La otra variedad de palangre, el de “surets” (“surant” en otras zonas de la Isla), tenía una constitución física diferente. Así, las derivaciones solían medir unas 2 brazas (unos 3,5 metros). De su punto de unión, en la línea madre y a la misma distancia de la medida de la derivación, se ensartaba un corcho; se volvía a dejar la misma distancia y salía otra derivación, y después otro corcho, y así hasta construir todo el aparejo que solía tener unas 100 brazas de longitud total. De cada uno de estos corchos salía otra derivación consistente en un cabito de 2,5 brazas, que iba ligada a un “pedralet” (una simple piedra pequeñita) que estaba destinado a mantener entre aguas al aparejo pues de lo contrario, los corchos lo arrastrarían hasta la superficie. Cuando el palangre estaba colocado perfectamente dentro de su cofa, el “pedralet” permanecía enrollado directamente sobre si mismo por el cabito. Cuando se colocaba en el agua, esto es, se calaba, la piedrecita, por su propio peso, se desenrollaba de su cabito y se apoyaba en el fondo arrastrando el aparejo tras de si, que permanecía entre aguas aupado por los flotadores. Existía otra forma de trabajar consistente en ir ligando el “pedralet” con su cabito al flotador a medida que se fondeaba mediante una gaza de inserción rápida, pero el sistema habitual de la mayoria de los pescadores era el primero “En aquellos años disfrutabas con este tipo de pesca puesto que cogías los sargos y variadas que querías, llegando a sacar de setenta a ochenta peces”. La profundidad máxima en que se calaban estos aparejos era la cota de 40 metros. Los sargos, cántaras y variadas aparecían hasta la sonda de los 15, aproximadamente; a partir de ahí y buscando lo que denominan los pescadores como “fort viu”, sacaban alguna “móllera” y tampoco era raro que vinieran prendidas varias langostas y “rotjas” (el popular “cap roig” en Ciutadella). Los palangres de “suret” solían trabajar bastante bien; por esta causa los pescadores, por precaución, solían esperar más de una semana para volver a calarlos en el mismo lugar a fin de que se repusiera nuevamente. “Felitus” decía que la perteneciente a la familia era la única embarcación que se dedicaba a utilizarlos y estaba totalmente de acuerdo, igualmente, en la teoría de que el “tel” (una membrana interna) de la “murena mansa” (holoturia), otro de los empleados, es el mejor cebo que hay para los palangres que tienen que trabajar cerca de la orilla, por su dureza y consistencia. Cuando se calaban alejados de la costa preferían el cefalópodo o la lapa. Para coger estas últimas, los pescadores eran perfectamente conocedores de los mejores lugares para encontrarlas que estuvieran cercanos a cada pesquera, de tal forma que, antes de calar, se acercaban a la costa y en pocos minutos obtenían las necesarias con la ayuda de un destornillador o la punta de un cuchillo. Las más grandes solían cogerlas en Ses Fontanellas, en la costa norte. Además, hay que decir que el pez tiene sus manías. Por ello, “Felitus” sabía que si utilizaban pulpo fresco o lapas, del día, encontrarían mayoría entre los sargos y las variadas. Si era del día anterior, el palangre sería portador de más “càntaras”, en detrimento de los primeros “Y eso sucedía porque la variada siempre ha tenido el paladar más fino. Recuerdo incluso el caso curioso de que, en una ocasión, capturamos un mero que dio en el pesaje 8 kilos, el cual había querido tragarse un sargo que se había quedado prendido y que le quedó atravesado en la garganta hasta el punto de morir asfixiado en la aventura”.

Otra de las modalidades de pesca que puso en práctica, porque siempre fue propenso en el arte de emplear y experimentar aparejos nuevos, fue la de utilizar redes (no trasmallos, porque eran de una sola capa y tampoco eran “soltas”, sino un tipo al que los pescadores que iban de “gerret” denominaban “vogueres”). Al principio aparejó a la barca con cuatro de 25 metros cada una (en la actualidad las redes suelen tener por término medio los 100 metros) “Puede que parezcan cortos, pero solíamos pescar muy a menudo entre 50 y 70 salmonetes, además de otra variedad de capturas. Y si calábamos “de prima”, era muy corriente la presencia de “rascles” y entre 5 y 7 kilos de “rotjes” (“cap-roigs”)”. Una costumbre que tenía con su consuegro era la de capturar los salmonetes (“molls”) con red simple, que muchos otros profesionales realizan con trasmallo. “Felitus” defiende su sistema, al que califica con una eficacia de diez contra uno, con respecto al trasmallo “La tela es igual a la del centro del trasmallo, igual de fina, pero en lugar de tener un metro y medio de altura, en este caso tiene tres. Recuerdo que solíamos coger bastantes. A mi hijo Fel, de esto hace ya muchos años, solía darle veinticinco pesetas por cada caja de salmonetes obtenida. Uno de tantos días apareció el agua de color verdoso debido a un tipo de plancton que se encontraba en abundancia. Se ve que a los salmonetes les encantaba porque durante tres días hicimos las capturas más cuantiosas de las que habíamos realizado nunca. El primer día salieron unos ochocientos, mientras que los dos siguientes fueron más de seiscientos en cada ocasión. Fue entonces cuando tuvimos que dejar de pescarlos puesto que los delfines se habían percatado del tema y comenzaron a destrozarnos los aparejos para comerse las capturas en un santiamén. Los últimos días tan solo llegábamos a calar las redes en la mar durante una hora escasa y aún así, no nos bastaba el tiempo. Actualmente los pescadores las calan por la mañana, se van a capturar langostas, las vuelven a sacar al atardecer y los delfines no aparecen, ni dan señales de vida. Estoy convencido de que toda la culpa viene de la gran cantidad de porquerías que tiramos al mar hoy en día, con lo cual contaminamos las aguas y consecuencia de ello es que la supervivencia de los peces se hace de cada vez más difícil. En los dos últimos años antes de retirarnos decidimos de común acuerdo con mi consuegro dejar las barcas de arrastre para los hijos, mientras que nosotros haríamos durante ese tiempo la pesca con nuestras barcas pequeñas. Pero tuvimos que dejarlo, porque en el momento en que dábamos arranque al motor con la llave, los delfines se hacían presentes. Se conoce que ya conocían el particular sonido de nuestro motor. De todos es conocido que son muy inteligentes”. Incluso probaron a despistarlos y un día, desde la zona de la Cala de Santandría navegaron hasta Sa Cigonya. En principio parecía que todo había ido bien y comenzaron a calar sus redes (tenían entonces 24). Cuando tenían en el agua cerca de la mitad, descubrieron consternados que por debajo de la barca estaban sus “leales” enemigos… “No llegaba la red al fondo y ya nos la habían roto. Metían la cabeza en el agua y sacaban la cola fuera de ella; entonces daban varios coletazos, al igual que las ballenas (nosotros lo denominamos “batre”) para asustar a los peces, con lo que les obligaban a huir hacia la red, donde quedaban prendidos. Entonces simplemente se limitaban a arrancarlos, rompiendo nuestros aparejos. Aquello resultaba increíble”.

Cuando su hijo comenzó a probar con él el oficio de pescador, Francisco Marqués comenzó a utilizar las “soltas”, para lo cual se trasladaban a la costa cercana a su vivienda y las fue probando entre Es Clot de sa Cera, a escasos diez minutos andando y Cala en Bastó. Se trataba de una solta con malla bastante grande, de dos pasadas por palmo y una longitud de 300 metros. El sistema de calado era fondearla con tres “cantons” (de los usados para la construcción), comenzando por el centro e ir desplegándola en “caragol” (en espiral), dejando un paso de unos 5 metros, distancia suficiente para que pudiera entrar la embarcación y dejar caer el ancla en su interior. Seguidamente se valían del gancho para subir el aparejo por los flotadores, sin desarmarlo, y comprobar el pescado que había quedado enganchado y que ya estuviera muerto. De ser así, lo desenganchaban y lo dejaban sobre la cubierta, pero si era bastante grande y continuaba aún vivo, actuaban de diferente forma y era no tocarlo hasta que se sacara del todo el aparejo puesto que existía la posibilidad de que se soltara de dos coletazos y en consecuencia, escapara. Desde el principio hasta las ocho o nueve brazas lo denominaban “frontère” porque era el punto donde el pez topaba y quedaba enganchado. En cierta ocasión capturaron una cantidad exorbitada de pescado. Iba con su hijo y le sugirió ir hasta Cala en Turqueta (la barca tenía 30 palmos y equipaba un motor de 9 CV. Se trataba de la “Juanita” pequeña) para, desde allí, cruzar hasta Cala Ratjada, en Mallorca, y darle salida. Así lo hicieron, tardando cinco horas en lograr su objetivo.

FEL MARQUÉS "FELITUS", EL HIJO, MOSTRANDO UNA SOBERBIA CAPTURA

FEL MARQUÉS “FELITUS”, EL HIJO, MOSTRANDO UNA SOBERBIA CAPTURA

En sus inicios con las redes comenzó por utilizar unos trasmallos como si fueran “soltas” y al final se decantó por estas últimas. Además, en aquellos años el material era cáñamo o algodón, que con el tiempo llegaba a pudrirse, de tal forma, que era fácil que el pez rompiera el aparejo, puesto que ya era de buen tamaño. Las “soltas” las define como aparejos aptos para la captura de peces de entre 8 y 9 kilos, hasta sobrepasar incluso el centenar, prueba de ello fue el “angelote” capturado en la costa sur. Pero existía un inconveniente con estos aparejos, puesto que los calaban muy cerca de la costa y era que se enrocaban con las piedras y barbadas del fondo, así como con anclas y todo lo que tuviera puntas, de tal forma que las roturas eran algo muy habitual. Así que decidió cortarlas y hacer unos aparejos más pequeños, como si fueran trasmallos pero de una sola capa y probar su rendimiento a mayor profundidad “En éstas, vino a verme un amigo de Maó llamado Felipe Reynés, que también era pescador y, al verme, me preguntó a ver qué estaba haciendo y yo le contesté que unas redes a partir de las “soltas”… ¿resultados? Que no habíamos cogido tanto pescado anteriormente entre meros, servias y “cap-roigs”. Servían para todo, incluso para las langostas, y ello era debido a que no había ido a esa zona nadie y no se encontraba muy castigada. Antes llevábamos a bordo una veintena de redes; en la actualidad se encuentran pescadores que llevan un centenar, y sin embargo no cogen casi nada. En la actualidad estas redes no podrían utilizarse por muy diversos motivos, entre los que se encuentran la gran intensidad de tráfico de lanchas y embarcaciones deportivas que existe constantemente alrededor de todo el litoral; el hostigamiento a que ha sido sometido el medio marino y su fauna y que ha motivado que ésta haya buscado su protección a mayor profundidad y también a los desagües de las diferentes urbanizaciones. Todo esto, claro está, antes no ocurría”…

La sobre explotación ha producido grandes daños en el mundo de la pesca. Los Marqués de Ciutadella han sido siempre muy respetuosos tanto con la pesca, como por el entorno. Precisamente recordaba que, en cierta ocasión y tras unos días de muy mal tiempo, habían podido ir a recoger las redes que tenían caladas. Mientras las subían comprobaron que venían enredadas unas diez langostas bastante pequeñas, con el marinero iba poniendo dentro de la “cofa” para taparlas. Marqués le preguntó qué hacía, a lo que el otro respondió que guardarlas para hacer un buen arroz… Marqués les respondió “No. De estas langostas no probaréis ninguna. Tíralas todas otra vez al agua” (estaban aún vivas, porque parece ser se habían enganchado no hacía mucho tiempo) “Ello no quiere decir que en alguna ocasión, si no se había llegado a la medida reglamentaria se hubiera aprovechado. Pero aquella vez eran muchas y muy pequeñas, y nosotros éramos los principales interesados en apoyar su supervivencia y protección. Hoy existe una ley de tallas mínimas y son muchas las especies protegidas, pero igualmente, de cada vez se coge menos de todo”.

Con referencia a las redes, otra de las técnicas que se refieren a ellas es el sistema de calado: a favor o en contra de la corriente “Hay mucha gente que no se fija en el sentido de la corriente y eso es un disparate. Recuerdo algo que me pasó en cierta ocasión con mi hermano, el cual falleció en la mar, precisamente. Los dos íbamos a pescar juntos, aunque en barcas diferentes. Tenían las dos unos 28 palmos, más o menos. Cuando llegábamos a una zona que nos parecía perfecta nos preguntábamos el uno al otro en qué sentido queríamos calar, yendo cada uno por su lado. No nos mirábamos la corriente “ni un llamp”. Después de aquello ya la comprobábamos cada vez. Estábamos al través del Cap de Mal Passar, cerca del Cap d’Artrutx. Yo tuve la suerte de calar en el sentido de la corriente y cuando terminé y me giré comprobé sorprendido que tenía todos los “capsers” junto a la barca. Por su parte, mi hermano me decía que no encontraba los suyos. Al final los encontramos, pero la corriente había roto las redes en dos lugares diferentes. Las comenzamos a recuperar nuevamente, a mano porque no habían maquinillas, y por un extremo sacamos parte del “tomb” con cuatro, y del otro otras tres… el tramo central había desaparecido. Al día siguiente nos ayudaron otros pescadores soltando sus “ganxos” para localizarlo y no hubo forma. Al cabo de unos cuatro años, nuestra primera barca de arrastre “Vicenta”, la más pequeña, las sacó con el bou en una zona situada a una hora de la costa que conocemos como el “Placer”, con un fondo de unos 60 metros, en el cual se suelen capturar serranos, sepias, pulpos y “gatóns” y pude reconocerlas. La corriente las había arrastrado hasta allí, parecía imposible”. El fondo del Placer está cubierto de los que los pescadores llaman “herba torta”, un tipo de vegetación que tiene sus hojas en forma helicoidal. En él estuvieron trabajando con los palangres que les servían para los “esparralls” y “vacas” durante unos tres meses con unos resultados excelentes. Después vino ya el retiro. El Placer difiere de otra zona pesquera muy popular en Ciutadella, que se conoce como “Sa Barra”, cuyo fondo está constituido mayoritariamente por roca.

UN "MORENELL", ARTILUGIO PARA CAPTURAR MORENAS

UN “MORENELL”, ARTILUGIO PARA CAPTURAR MORENAS

También hubo un tiempo en que los “Felitus” se dedicaron a capturar “murenas” en la zona de Cala Morell, utilizando para ello los “morenells” (tipo de nasa específica para ello). Corría por aquel entonces el año 36, Xisco tenía diez años de edad y la comida escaseaba. Su padre había decidido construir una serie de “morenells” para ello y les regaló uno a cada uno de los dos hijos que le acompañaban para que también ellos fueran realizando sus propias capturas y, cuando fuera necesario, podrían venderlas conjuntamente y obtendrían de este modo un dinero para sus gastos “Cuando teníamos bastantes nos vino un día nuestro padre con dos cuchillos, uno para cada uno y nos dijo que como hacía muy mal tiempo y no podíamos pescar, nos había comprado el cuchillo a cambio de las murenas y el resto del dinero pasaría a la caja común de la familia para comer… En la barca llevábamos una “filera” compuesta de 12 “morenells” y habían jornadas en que lográbamos capturar entre 20 y 40 ejemplares porque abundaban como la langosta. Para cebar los morenells solíamos ir a las barcas del bou a comprar una caja de pulpos que después asábamos al fuego directo mezclados con gran cantidad de “romaní” (romero) con dos finalidades. La primera de ellas era que, tostado, el cebo olía más por lo que su reclamo era mucho más efectivo; y el hacerlo con “romaní” servía para que, poco después de habérselo tragado, les actuara de vomitivo, con lo cual expulsaban todo lo que llevaban dentro. De esta forma, de ser necesario tenerlas expuestas, no olían tanto, porque todo el mundo sabe que las murenas y los congrios huelen bastante. Al principio yo no sabía para qué servía el “romaní”, y por otra parte tampoco quería hacer preguntas indiscretas porque era pequeño y no quería que me llamaran la atención, así que un día se lo pregunté a un hermano de mi abuela, un gran experto en la construcción de “morenells” quien me dio las razones”. El remedio era muy efectivo. Xisco vaciaba los aparejos en tierra y en el preciso momento que las “murenas” tocaban el suelo, vaciaban invariablemente sus estómagos. El preparado del cebo en si tenía su protocolo especial: se preparaba un buen montón de rama y madera para hacer una hoguera generosa; encima se situaba una gruesa capa de ramas de “romaní” y, encima de ésta, los pulpos perfectamente colocados. Seguidamente se vaciaba medio litro de gasolina sobre la rama y se prendía fuego. Hasta que no quedaban más que rescoldos no se retiraban los pulpos, los cuales quedaban con sus carnes completamente agrietadas por las cuales había penetrado el fuerte sabor del “romaní”. El pulpo, solo entonces, quedaba perfectamente preparado para el uso, siendo introducido en el interior de los “morenells”. En el centro de Cala Morell existe un “alguer” frente a la caseta más antigua, emplazada en su márgen de poniente en el cual solían abundar las murenas y en donde solían calar sus aparejos. Esta casita la había hecho construir el mismo buzo mallorquín que se encontraba recuperando los restos del “Malakoff” al través de Cala en Turqueta, con objeto de poder recuperar el plomo existente en las bodegas del “Ioannis”, otro viejo mercante que se había hundido en Es Degotissos, a pocos metros de la cala, tras doblar la Punta de s’Escullar. Sobre el comportamiento de las “murenas” Marqués opina que no son tan fieras como las pintan aunque, eso sí, hay que saber manejarlas con cuidado, cogerlas por la cabeza -nunca por la cola- y con suavidad “Nuestra primera barca tenía tan solo 21 palmos. Era muy pequeña y para poder colocarlo todo solía levantar los “pavols” y colocaba en su interior lo que no cabía sobre cubierta. Pero un día nos quedó olvidada una “murena” en la proa. Yo tomé la esponja para limpiar y se me tiró a la mano. Si no hubiera hecho nada, probablemente me hubiera soltado, pero yo reaccioné bruscamente y más fuerte me prendió. Y aún tuve suerte porque la primera reacción de una murena al prender en algo es hacerse un nudo, lo que le permite ejercer una fuerza mucho mayor al contraer todo su cuerpo. Si se encuentra cogida a un palangre, hace lo mismo y con ello consigue romper el sedal. Todo lo contrario que el congrio, que comienza a dar vueltas sobre sí mismo para poder liberarse y al enrollar tanto el sedal éste termina por partirse. Cada uno tiene su sistema. Lo que suele suceder también con las “murenas” es que la estratagema no acabe de resultarle bien, sino todo lo contrario, y el sedal queda enganchado alrededor de su cuello y como cada vez tira con mayor fuerza, termina por morir asfixiada. Las dos son especies muy peligrosas. También le tocó vivir una desagradable experiencia con un congrio capturado con el palangre “Cierto día mi padre me mandó a casa de un cliente para entregarle un congrio. Lo llevaba dentro de una cesta, todavía vivo y estaba enganchado por la boca con el propio “braçol” del palangre. No se qué pasó, pero aquel pez me enganchó por el dedo y por suerte se encontraba cerca un señor que llevaba en sus manos las llaves de su casa, llaves que no son como las actuales, sino que eran muy grandes y podían hacer de palanca. Se la metió por la boca y le obligó a abrirla, con lo que dejó de moverse y yo pude liberar mi dedo. Pasé un mal rato”.
Xisco era el encargado de matar las “murenas” capturadas en cuanto desembarcaban a tierra, mientras otro tripulante que iba con ellos se dedicaba a limpiarlas debidamente “Yo le entregué varias diciéndole que ya estaban muertas. Por ello él las tomó sin ningún tipo de precaución, pero resultó que entre ellas había una que aún continuaba con vida. El hombre la había cogido por la “ventresca” (más o menos por su parte central) y ésta, ni corta ni perezosa le había prendido en una mano. Cuando aquel hombre vio su sangre comenzó a tambalearse. Yo pensé que iba a desmayarse y así fue. Tuve que sujetarlo y ayudarlo a quedar estirado sobre el suelo ¡vaya susto!. Y es que en la mar no existe ningún pez que no resulte peligroso. Por ejemplo el “espet”, que tiene unos dientes afiladísimos como si de un lobo se tratase. Hace un par de años tuve que ir a urgencias por un encuentro de mi mano con la boca de uno de ellos. La enfermera del centro cuando me vio, me dijo que tenía que pincharme contra el tétanos. Yo le respondí que si me negaba, qué pasaba y entonces ella me respondió que era obligado. Me pinchó y, además, me dio nueve puntos de sutura. Cuando vi a mi mujer le quise gastar una broma, diciéndole que aquel día había cogido más “espets” que ningún otro porque había metido la mano con sangre en el agua y ellos habían venido como locos. La broma vino bien porque aquel día había pescado catorce y todas de buen tamaño. La verdad es que le di un buen susto. Ahora nos han limitado la pesca deportiva porque para las sirviolas nos han puesto una talla mínima y para los “raors” una época de veda. Todo eso está muy bien porque así se respeta la reproducción y el mantenimiento de la especie, pero igualmente existe quien se salta las normas y continúa pescando igual. Las multas son importantes pero para poder aplicarlas hay que coger al infractor y eso resulta más difícil”.

Marqués recuerda la anécdota sucedida a un zapatero jubilado que solía ir a pescar con caña “Pescó poco pues en el tiempo en que estuvo haciéndolo tan solo cogió una doncella. Al poco tiempo le sorprendió la vigilancia y le solicitó el permiso de pesca. El hombre no tenía ninguno, aunque hubiera podido tenerlo perfectamente puesto que a los jubilados se lo conceden gratuitamente. Parece ser que le pusieron cincuenta mil pesetas de multa, más otras mil porque la doncella de marras no daba el tamaño mínimo”.

Sobre otras anécdotas sobre la pesca, recuerda que los congrios son más difíciles de atrapar que las “murenas”, por lo cual decidió construir unos “morenells” especiales para conseguirlo, y lo logró construyendo unos aparejos que tenían el “enfàs” más largo y ancho, ofreciendo mejor resultado. Sobre los peces armados de púas venenosas como puedan serlo arañas, “cap-roigs”, “rascles”, etc. recuerda que tras un pinchazo solía absorber con fuerza el veneno y de este modo el proceso no resultaba tan doloroso “Hace años existía en Ciutadella una mujer a la que llamábamos “sa chineta” que se dedicaba a absorber el veneno a quienes habían resultado picados. La gente solía decir que era muy efectiva con el remedio porque en el paladar de su boca tenía una “Mare de Deu” dibujada. La verdad es que yo no pude comprobarlo nunca. Si se habían pinchado, todos los pescadores solían ir a verla rápidamente. Otro sistema que solía emplear yo era que, tras recibir un pinchazo, le daba un fuerte golpe en la cabeza del pez responsable para matarlo, seguidamente lo abría en canal y me comía su hígado directamente en crudo. Los resultados eran bastante aceptables. Y es que en aquellos años no había casi nada para evitar en dolor. Hoy se encuentran infinidad de productos en las farmacias.

Felitus conoce la niebla en la mar, un fenómeno que asusta las primeras veces, aunque con el paso del tiempo uno termina por acostumbrarse al igual que sucede con otros fenómenos similares. Una gran cerrazón que él no vivió por no encontrarse en aquella jornada a bordo, tuvo como protagonista a la “Vicenta”, su primera embarcación de arrastre. La embarcación, de 13 toneladas, 12,5 metros de eslora y 3,8 de manga, estaba gobernada por su consuegro y socio, y la tripulación era bastante joven. Cuando se encontraron aislados, tras la súbita formación de la niebla, el patrón dijo a los muchachos que se situaran en la proa, vigilaran la aparición de la costa y que no se preocuparan “Ellos sabían dónde se encontraban. El lugar era frente al Escull des Governador, un punto contra el cual colisionó muchos años antes el vapor francés “Malakoff” con el resultado de un rápido hundimiento y desaparición de la mayor parte de su tripulación. Continuaron navegando, muy lentamente y, en un momento dado, uno de los chicos advirtió la costa y gritó ¡atrás!, pero ya era demasiado tarde. La “Vicenta” pegó contra la “seca” y el resultado es que rompió su pie de roda”. En otra ocasión salió a pescar “d’aubes” junto con su esposa y uno de sus nietos. Cuando doblaban el Cap de Menorca (o Bajolí) observaron que se aproximaba hacia ellos una densísima niebla, teniendo que volver al remo y muy pegados a la costa, hasta lograr entrar nuevamente en puerto “Otra vez que me sorprendió en la costa sur, volví a tierra poco a poco, convencido de que entraría en Son Saura si mantenía el rumbo. Y entré. Lo que sucedió es que estuve bastante tiempo sin obtener la completa seguridad de que así era, ya que debido a la escasa visibilidad se me hacía irreconocible”. Hace muchos años, estando próximo a salir de puerto, se le acercó un amigo ofreciéndose para ir a pescar con él. Se llamaba Toni Caules y había sido “nostramo” (contramaestre) de un mercante de los que hacían la línea de Barcelona-Canarias “Yo tenía las redes caladas frente a la bocana del puerto, en la barbada que está situada en el veril de los 35 metros. Se cerró bastante en niebla, así que le dije a mi compañero que teníamos que localizar el “capser” cuanto antes. Aquella niebla de cada vez era más densa. De pronto, Toni me dijo “Xisco, tenemos suerte porque allí se ve la catedral…” ¿la catedral…?. Lo que estaba viendo era exactamente el “capser” de nuestra red, que al tener forma cónica y aparentar unas medidas mucho mayores entre la niebla, lo había despistado completamente. Algo muy similar a lo que me ocurrió en otra ocasión cerca del Cap de Menorca, cuando con densa niebla me encontraba buscando un “capser”. Vi una sombra y le dije a mi tripulante que se trataba de otra barca, por lo cual le preguntaríamos si había localizado nuestro “capser”, puesto que se encontraba por donde estábamos. ¿Dije barca?, pues se trataba del “capser” que estábamos buscando. Ésto permite hacerse una idea de lo complicado que puede suponer navegar con niebla, un fenómeno que deforma la realidad de las cosas. Lo mismo sucede por la noche, en que una pequeña luz puede engañarte perfectamente dando la impresión de ser un gran faro”. La última ocasión en que se encontró cerrado en niebla ocurrió frente a la bocana del puerto de Ciutadella mientras se encontraba pescando “espets” a la “fluixa”. El hombre se encontraba inseguro y bastante preocupado debido al tráfico de embarcaciones que entraban y salían del mismo, lo que le hacía temer por una colisón e ir a parar a pique. Decidió entrar en la caleta de Sa Farola, donde existe una escala para acceder a tierra. Una vez en su interior dejó caer el ancla y amarró en la propia escala. En aquellos momentos estaba rompiendo el alba y Xisco no tenía otra cosa que hacer, de modo que decidió soltar el aparejo allí mismo y aún capturó tres calamares. En otra ocasión en que tenía sus redes caladas al través del Pont de n’Aleix (costa sur) y la niebla se había hecho una vez más presente, Felitus sabía que desde donde se encontraba hasta el punto en que se hallaban sus aparejos distaban entre 75 y 90 minutos de navegación. Para salvar la distancia y evitar los bajos que podría encontrar si navegaba pegado a la costa, decidió realizar un gran bordo, tomando rumbo llebeig durante unos 45 minutos, para posteriormente corregir a gregal “Salí en las inmediaciones de la Cala de Santa Galdana. Y recuerdo aún otra ocasión en que me encontraba pescando calamares frente a Cala en Turqueta, cuando la niebla nos llegó desde llebeig (sudoeste). Por aquel entonces todavía nos desplazábamos al remo. Resolvimos volver a tierra vista la situación, dando popa al llebeig pero tuvimos la mala suerte de que el viento rolara a norte. Nosotros no nos dimos cuenta y cuando consideré que hacía demasiado rato que nos encontrábamos bogando le dije a mi compañero que aquello era muy raro, puesto que continuábamos cerrados en niebla y aún no tocábamos fondo. Solo entonces nos dimos cuenta de que estábamos navegando con rumbo opuesto a tierra, nuestro destino…”.

La barca en la cual Xisco Felitus pasó gran parte de sus anécdotas y que les había costado 4.000 pesetas, iba al remo (como se ha explicado en numerosas ocasiones), hasta que llegó el día en que pudieron instalarle un motor, lo cual supondría un notable avance para la familia. Cierto día un amigo común, con el cual solían compartir plaza para vender el pescado, le preguntó por la causa de que aún fueran al remo “Pues porque no puedo comprarle un motor”, respondió Felitus. El otro, llamado Jaume “Barraxet” le invitó a que encargaran uno, puesto que él lo pagaría y ya le devolverían el dinero cuando pudieran. Así lo hicieron y aquel motor costó 2.500 pesetas, importe que devolvieron a su amigo más adelante.

Y así hubiéramos proseguido hablando animadamente horas y horas con esta enciclopedia viviente del mar que era el bueno de Francisco Marqués, “Felitus”, un hombre siempre dispuesto a atenderte e incapaz de perder la sonrisa de la faz de su cara. Sin duda alguna, un auténtico Menorquín de mar…

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EL CABALLO DE PURA RAZA MENORQUINA AL PRIMER PLANO DE LA INFORMACIÓN

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Toda la información que aparece en esta Guía virtual sobre empresas y entidades, así como las colaboraciones fotográficas o cualquier otro tipo de aportación encaminada a mejorar la información al navegante son completamente gratuitas siendo, por ello, un Portal Náutico público de uso general.

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De la COORDINACIÓN de este Portal:

Alfonso Buenaventura Pons (Es Castell, Menorca, 1947), Patrón de yate y miembro de la Real Liga Naval Española. Ex-directivo del Club Marítimo de Mahón y Juez y Jurado de Regatas.

* Desde el año 2000 fue colaborador semanal del diario “Menorca” en temas marítimos y portuarios, realizando en la actualidad colaboraciones especiales.
* También ha intervenido y colaborado puntualmente en otros temas típicamente menorquines, así como en otras publicaciones, programas de TV y radio.
* Desde septiembre de 1988 hasta diciembre de 2000 dirigió la revista interna de difusión social del Club Marítimo de Mahón, con una aparición de cadencia trimestral.
* El año 1995 publicó una base de datos en dos tomos sobre la historia de los primeros 50 años de la veterana sociedad náutica mahonesa.
* El año 1995, con el soporte de la Fundació Rubió Tudurí Andrómaco, publicó una recopilación histórica sobre el Lazareto de Maó bajo el título “El Lazareto de Mahón. Notas históricas”.
* El año 1998 publicó la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca”, de la cual se agotaron sucesivamente dos ediciones.
* El año 1998 publicó la obra “Menorca. Atlas náutico”, que ofrece toda la información necesaria para aquellos que se dedican a navegar por la costa de Menorca.
* El año 2001 publica la guia “La Reserva Marina del Norte de Menorca”, que da a conocer las singularidades de esta particular zona marítima menorquina.
* El año 2002 publica la guía y el plano para el visitante de “La Albufera des Grau” en castellano, catalán, inglés y alemán.
* El año 2003 aparece la obra sobre el caballo, la gallina, la oveja y la vaca menorquines, bajo el título de “Las razas autóctonas de Menorca”.
* El año 2004 lanza un nuevo “Menorca. Atlas náutico”, que incluye una guia para el submarinismo y nuevas informaciones y portulanos del cual se irían agotando sucesivamente dos ediciones.
* En el mes de abril de 2007 aparece la obra “Menorca. Caballos y tradición popular”, con referencia al mundo del caballo y su protagonismo en las fiestas menorquinas, de Sant Joan en Ciutadella, y patronales en el resto de las poblaciones.
* Finalizando ese mismo año publicaba el primer volumen de la serie “Menorca. Illa, mar i homes” (en catalán)
* El año 2008 publica la historia de la agencia de consignaciones marítimas Federico J. Cardona Trémol S.L., bajo el título de “125 años de ilusiones compartidas 1883-2008″.
* El mismo año publica la guía “Ciutadella de Menorca. Las fiestas de Sant Joan”. * El mes de abril aparece la tercera edición de la obra “Menorca. Atlas náutico, totalmente actualizada. * El 2008 publica el 2º volumen de la colección “Menorca. Illa, mar i homes”.
* El 22 de febrero de 2010 inicia un blog en la web bajo el título “Menorca, isla sin par” (bilingüe catalán-castellano) destinado a publicitar la isla de Menorca en todas sus vertientes poniendo un punto y final a su etapa de publicación de libros divulgativos.
* El 18 de enero de 2011 publica la 3ª edición de la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca” notablemente ampliada que, por primera vez, se presenta de forma digitalizada y colgada en la red en forma de blog actualizable bajo el título “Naufragios y pecios de Menorca”.
* El 23 de enero de 2011 inicia la publicación en forma de blog colgado en la red y bajo el título “Puerto de Maó, siglo XX” de todos los artículos (aumentando el número de imágenes antiguas que en su momento no pudieron incluirse en la edición de papel por razones de espacio), que fueron apareciendo durante casi diez años en las páginas del diario insular “Menorca”.
* El 21 de junio de 2011 abre un nuevo blog con el título “La cuina de vorera” (La cocina de ribera), también bilingüe catalán-castellano, destinado a recoger todas las recetas recogidas de pescadores y gentes de todos los ambientes durante la etapa de entrevistas efectuadas en sus diferentes publicaciones a fin de ponerlas a disposición del gran público.
* El 4 de agosto de 2011 inicia un blog fotográfico bajo el título “Menorca a través de tus ojos”.
* El 18 de marzo de 2012 cuelga en la red la 4ª edición de su derrotero “Menorca. Atlas náutico”. Notablemente ampliado en cuanto a contenido, imágenes y digitalizado, será actualizable por suscripción gratuita para el navegante interesado y la idea es convertirlo en la guía náutica total de la isla de Menorca.
* La importancia que va adquiriendo el portal “Menorca Atlas Náutico” obligará a ir cerrando paulatinamente los blogs “Menorca, isla sin par”, “Menorca a través de tus ojos”, “La cuina de vorera” y otros proyectos. Sus contenidos se irán incorporando al nuevo portal o quedarán en archivo pendientes de una futura ubicación.
* En abril de 2012 cuelga en la red el contenido de la obra “El Lazareto de Mahón” notablemente ampliado.
* A finales de 2012 se abren las páginas en Facebook de “Menorca Atlas Náutico”, “Naufragios y pecios de Menorca”, “Puerto de Maó, Siglo XX” y “Lazareto de Mahón”, y en Tweeter, “Menorca Atlas Náutico”.
* 2014 supondrá el año de la reconversión: “Menorca Atlas Náutico” aglutina a “Naufragios y Pecios de Menorca” y “Puerto de Maó, Siglo XX”, quien a su vez ha hecho lo mismo con “Lazareto de Mahón”, aunque conservando todas sus estructuras originales y dejando tan sólo una única página -tanto en Facebook como en Tweeter- que anuncia todas las actualizaciones: “Menorca Atlas Náutico”. La razón: en 28 meses se han rebasado las 67.000 consultas. Al propio tiempo se da paso a la ampliación de colaboradores tanto gráficos como de artículos adquiriendo la guía la categoría de “comunidad“.
* 2015 lo será el de su expansión con una total remodelación de su estructura, con adición de nuevos bloques y secciones una vez superadas las 120.000 consultas.

* El 22 de abril de 2016, rebasadas ya las 175.000 consultas, tanto el PORTAL como la TOTALIDAD DE PUBLICACIONES del autor, ALFONSO BUENAVENTURA PONS, son cedidas por el mismo a todos los efectos a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO.

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De la TITULARIDAD de este Portal: 

Desde el 22 de abril de 2016, tanto este PORTAL NÁUTICO como las diferentes obras publicadas por el mismo autor, amén de otra serie de documentos históricos e imágenes debidamente relacionados, fueron donados así como cedidos sus derechos de explotación a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO, siendo desde entonces esta entidad la única titular y gestora de los mismos.

LA ISLA DEL AIRE OBSERVADA DESDE PUNTA PRIMA (Imagen de RAQUEL ARIÑO)

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Foto A. BUENAVENTURA FLORIT

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Imagen de A. BUENAVENTURA FLORIT

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