ANTONIO RIERA “NENI”

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LOS PESCADORES Y SU MUNDO

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Antoni Riera (Toni “Neni”)

(Fornells)

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ANTONIO RIERA, MÁS CONOCIDO POPULARMENTE COMO TONI "NENI"

ANTONIO RIERA, MÁS CONOCIDO POPULARMENTE COMO TONI “NENI”

Fornells es la población menorquina cuna de pescadores por excelencia ya que, históricamente, ha dependido esencialmente de esta profesión. No en vano, su principal fuente de ingresos provenía de la pesca, aunque hubiera una época en que la profesión se alternara con la confección de “alpargatas”, recolección de la apreciada “camamil·la” y otras pequeñas actividades. Es por ello que en esta ocasión traemos a este Portal a uno de sus representantes más carismáticos: Toni Riera, el bueno de Toni Riera, más conocido por el sobrenombre de Toni “Neni”.

Comenzó a navegar con su padre a bordo del “Salmerón”, una embarcación que se convertiría junto a él en obligados protagonistas de una singular y dura historia que podría haber tenido fatales consecuencias pero que, sin embargo, le marcaría hondamente para el resto de su vida. Pero vayamos hacia atrás, bastantes años antes, a la juventud de Toni.

Habían bautizado la embarcación paterna con este nombre a raíz de una estancia en Barcelona en casa de unos parientes, puesto que el padre había estado bastante enfermo. Una de sus parientes quiso que denominaran de este modo a su embarcación, tomado de una calle de la propia ciudad condal. Además de ésta, tenían otra más pequeña que utilizaban para mariscar en el puerto empleando los clásicos “rèvols”, con los que se hacían con unas cuantas “padas de bò” que vendían en Maó y unos cuantos “cornets”, con la particularidad que se cotizaban más las primeras que los segundos. Otro marisco que se recogía y que también se cotizaba era la pada de pescar, que los aficionados utilizaban para cebar sus anzuelos. “Las padas las iba a coger a Cala Prudent (o Pudent), y luego las entregábamos al chófer del autobús el cual las trasladaba hasta Maó para ponerlas a la venta”.

“Neni” nos describía con gran animación, viviéndolo, los aparejos típicos utilizados en su querido Fornells, puesto que algunos difieren de los empleados en otras zonas de la Isla. Langostas, “ratjades” o “quisones”, “escorballs”, “cap roigs” o “molls”…” A medida que iba nombrando las diferentes especies sus ojos se iluminaban y sus palabras salían a borbotones, agolpadas. “Mòlleres”, “cànteres”, “variades” y algún que otro “pagret”. Nos habló de las zonas de pesca de la “llampuga”: “Existían dos hacia poniente; la primera, en que solía faenar una sola barca, comprendía el sector de Sanitja, mientras que la segunda incluía En Batiste, En Salé y la propia bahía hasta la bocana del puerto. Quienes se dedicaban a ella eran los “Roxillos”, Biel Mus, “Es Bòmbes”, “Es Tinets”, Biel “Cuca” (que era quien utilizaba más el sector de Ciutadella), En Carrió y “De Mates”, entre otros. A partir de la enfilación de Monte Toro por la bocana del puerto, hacia levante, se obtenían igualmente otros tres o cuatro sectores.

Como nos manifestara en su día su amigo Ángel Pascual, Toni estaba en contra del sistema de trabajo de los buscadores de “tites”, el cotizado cebo vivo que sirve para pescar algunas especies seleccionadas, el cual vive enterrado en el fondo dentro del fango en que crece la pradera submarina. Para ello socavan el lecho marino con una azada arrasando y dejando destruido todo rastro de vegetación. “Y es que de esta manera dejan el fondo destruido para toda la vida”.

De igual forma se manifestaba sobre la cuestión de los fondeos: “Ahora también se está contra las anclas de los yates… ¿qué te parece? Pues una tramontanada o una “llebetjada” producen más daño que 10 yates fondeados. Después de un temporal fuerte he visto como el fondo ha quedado completamente limpio de vegetación, aunque al año siguiente habrá vuelto a salir. Pues con los yates pasa lo mismo…”.

Otro punto de opinión se refería a la disminución o no de la pesca en estas aguas: “Va por temporadas. Y eso lo vemos los pescadores que trabajamos cerca de la costa haciendo “l’auba”. Yo he trabajado muchos años haciendo “vorera” por toda la Isla. Desde Punta Nati hasta el Cap d’Artrutx lo he recorrido en innumerables ocasiones. Comenzábamos a ir por las cigalas cuando terminábamos con el “gerret”, prolongándolo hasta el mes de junio. También he recorrido toda la costa desde la Illa d’en Colom hasta el Cap de Favàritx trabajando de noche con la luz del carburo, primero y con la del “petromat”, después. Hasta con la luz del día. Existe un período anual en el que las cigalas se acercan a tierra, al peñal y con la “ullera” y alumbrando con la luz, podías descubrirlas y con el salabre o el “rai” para cigalas la capturabas sin más. Esto se había perdido del todo durante los últimos años, sin embargo, desde hace un par de ellos parece que quieran volver otra vez. Quizás se deba a que ha aumentado la vigilancia y no transita tanto pescador con botellas. En el 85, que fue el último año en que estuve trabajando en Maó, al pie de las “Cuines de la Mola” y cerca de “Na Nega Janes”, cogí en un día cuatro y otro, cinco ejemplares”.

UNA LABOR ANTAÑO COTIDIANA: REPARAR LAS REDES

UNA LABOR ANTAÑO COTIDIANA: REPARAR LAS REDES

Toni se lamentaba que el puerto de Maó careciera en la actualidad de las magníficas cualidades de criadero de gran variedad de marisco que hubiera tenido antaño. Recuerda que, por ejemplo, Cala Figuera era un magnífico criadero de “corns”. En su momento los técnicos atribuyeron su desaparición a una fuerte contaminación que acabó con esa cualidad “Pues yo digo que la contaminación no fue tanta como se dijo entonces. Se hablaba que por ello habían muerto los “peus de cabrit”, las “escopinyas” y también las ostras. Recuerdo que lo estuve comentando con otro pescador, Joan “Jaumó”, porque en la Cala de Sant Esteve y en Cala Teulera se morían todos los “peus de cabrit” y sin embargo, dentro del puerto estaban en un estado magnífico, al igual que las ostras blancas y las rojas. Estamos convencidos de que existió algún tipo de epidemia que afectó al marisco de la bocana. Con Domingo Natta (e.p.d.) estuvimos sacando “escopinyes” varias veces para ser analizadas por el capitán médico del Hospital Militar, entre los años 64 y 66. Estuvimos en Es Puet y Cala Pedrera, en Es Castell, al igual que en Cala Teulera y la Isla Pinto. Las que estaban peor fueron estas últimas. Recuerdo que el capitán dijo que ni siquiera cocidas se las comería (estaban completamente negras). La verdad es que en el puerto de Maó había toneladas de “escopinyes”. Recuerdo que frente al Club Marítimo y pegado a tierra, en tres cuartos de hora solíamos llenar un cubo”.

Los antiguos pescadores fijaban la situación de sus zonas de pesca mediante las clásicas “señas”, que no son sino una situación obtenida por enfilaciones, un sistema que se sigue utilizando a pesar de haber salido al mercado una serie de equipos electrónicos que ofrecen la situación precisa a su propietario en un momento dado, gracias a los satélites de comunicaciones o a las ondas de radio. El descubrimiento de una zona de pesca, bien fuera un conjunto rocoso, una barbada, un pecio o de cualquier otra naturaleza, era el secreto más preciado para el pescador que, de ninguna manera daba a conocerla a otros profesionales para que no pudieran sustraerle la posible explotación. Cuando había sido descubierto un punto en que la pesca era generosa, el profesional observaba la costa y obtenía un ángulo cuyo vértice era su posición en la mar, mientras que las dos ramas pasaban cada una por dos puntos en línea concretos y fácilmente localizables. Para volver otro día al mismo punto, bastaba con navegar sobre una de las ramas rumbo al vértice, vigilando al mismo tiempo la aparición y enfilación de los dos objetos que identificaban a la otra. Todos estos datos se escribían en la memoria. Toni: “Por poner un ejemplo, podría decir una de Maó situada frente a la Punta de s’Esperó: una rama enfilaba las casitas de Es Murtar con la punta del Cap Negre. La otra enfilaba la Cala de Sant Esteve con la Torre d’en Penjat. El punto en que se unían ambas ramas era la zona deseada. Del puerto de Maó el pescador se hacía a la mar navegando por la segunda de las líneas mencionadas hacia el norte. En Fornells, la línea base cuenta siempre con Monte Toro, de tal forma que se sale de la bahía vigilando ya la montaña, bien por la popa de la embarcación, bien por la Mola. La seña con la que sales de puerto siempre es la principal”.

OTRA IMAGEN DE TONI "NENI" (Cortesía de EDU RIERA"

OTRA IMAGEN DE TONI “NENI” (Cortesía de EDU RIERA”

Un molusco que se solía coger y que hoy se encuentra protegido era la clásica “nacra” (Pinna nobilis). Suponemos que más de un lector habrá oído hablar, si no probado, del sabrosísimo “arros amb nàcre” o de la “paellada de nàcre amb ceba”, esta última como aperitivo. En su juventud, Toni solía ir con su padre a buscarlas y las había de tal tamaño que en muchas ocasiones tenían que entalingarle un cabo por la base (siempre se posicionan verticalmente) y dando avante con el motor, arrancarla del fondo al cual se encontraba fuertemente adherida “Es un molusco del que se aprovechaba casi todo, salvo una parte muy oscura que contiene arena. Y entre lo aprovechable se encuentra una parte de color blanca que es la más exquisita. Las cogíamos en la zona de Favàritx, y delante de la torre de Addaia, entre En Carbó y Sa Punta de sa Torre. Éste era el lugar más difícil puesto que estaban sólidamente agarradas.

Para el profesional que dedica toda su vida a la mar, es completamente normal haber capturado u observado en alguna ocasión ejemplares de criaturas marinas de gran talla o que pudieran considerarse extrañas. En cierta ocasión, Toni había calado sus redes en las inmediaciones de la isla de Sant Felipet (Lazareto), dentro del puerto de Maó. Como quiera que su bote estaba varado en tierra, lo había llevado a cabo junto con su amigo Joan “Jaumó”. Cuál no sería su sorpresa al descubrir un extraño y enorme ejemplar (de entre 150 y 200 kg) de pez atrapado en las mismas. Nadie podía aclarar a que especie podía pertenecer, hasta que Emilio el “Moro”, el patrón del arrastrero “Joven Josefina”, les aclaró que se trataba de una especie típica del Atlántico que no solía habitar en el Mediterráneo. Por su aspecto era muy similar a un atún “Hacía ya días que estaba dentro del puerto, puesto que los bonitos que capturábamos solían tener algún bocado en su cuerpo. Pero se ve que en esta ocasión quedó también retenido y no pudo escapar. Lo amarramos por su cola a la bita de proa del bote y lo llevamos a remolque hacia tierra. El ejemplar era más grande que la embarcación. Nosotros creíamos que estaba ya muerto pero, cuando estuvimos cerca del Moll d’en Pons, en Es Castell, observamos consternados que el bote variaba de rumbo y ponía proa a Cala Llonga. Logramos dominarlo y, una vez atracados frente a mi almacén en la Punta de Cala Figuera, con la ayuda de varios curiosos que se habían acercado, lo sacamos a tierra. Al final lo vendimos a un intermediario por 1.000 pesetas”.

En 1950 Toni fue protagonista de un naufragio que estuvo a poco de costarle la vida. Transcurría el 26 de junio de ese año cuando se encontraba navegando en las inmediaciones del Cap de Cavalleria “Eran días en que estábamos trabajando con viento de fuera (de gregal) y había recuperado ya tanto las ‘nanses’ como todos los demás aparejos de pesca. Iba solo, sobre las nueve de la mañana y tenía previsto quedar en el puerto de Sanitja, puesto que eran tiempos en que todavía nos daban un cupo muy bajo de gasolina y no estábamos para derrocharlo. Pero como había capturado unas cuantas langostas y no tenía donde ponerlas, decidí sobre la marcha continuar hasta Fornells, lo que sería mi error. El mar había experimentado un cambio extraño y cuando viré la Llosa del Patró Pere, en el extremo de la península de Cavalleria, me embistió un fortísimo golpe de mar que no pude salvar de ninguna manera. Volcó la barca y quedé totalmente sepultado por una ola descomunal. Cuando, tras arduos esfuerzos, logré sacar fuera la cabeza en medio del inmenso mar de espuma que envolvía todo lo que alcanzaba a ver con mis ojos, pude oir aún el motor de mi barca, la ‘Salmerón’, que todavía estaba funcionando casi anegado. Por aquel entonces tenía 24 años de edad y me defendía bastante bien nadando, todo hay que decirlo. La barca terminó por volcar y, como tenía el cristal del vivero abierto, se escapó el aire que podía haber hecho cámara, lo que facilitó su fácil hundimiento. Otro pescador que estaba por las inmediaciones había logrado entrar en Fornells y al llegar preguntó si yo también estaba en puerto, a lo que le respondieron negativamente.

LAS AGUAS DE CALA VIOLA DE LLEVANT, DONDE LOGRARA ALCANZAR TIERRA TONI TRAS SU PERCANCE

LAS AGUAS DE CALA VIOLA DE LLEVANT, DONDE LOGRARA ALCANZAR TIERRA TONI TRAS SU PERCANCE

El hombre esbozó un lacónico ‘Pues ya no vendrá…’. Había muy mala mar. Cuando me encontré a flote y pude reaccionar, recuperé como pude un cuartel que estaba flotando, así como el palo y la vela pero, cada vez que la mar me asestaba un nuevo golpe, me lo hacía soltar todo. Llegué a quedar golpeado y herido por todas las partes del cuerpo. Sin embargo tuve la suficiente reacción como para averigüar la dirección de la corriente, puesto que casi siempre, con viento de fuera la corriente suele ser de dentro. Observé que perdía de vista la isla de Sanitja y poco después las Covas de s’Ull de Sol, lo que me demostraba que estaba siendo arrastrado rápida y afortunadamente hacia tierra. Aquello me devolvió fuertes esperanzas. Seguí siendo arrastrado hasta llegar a la altura de Cala Viola de Llevant, cuando serían ya las doce del mediodía (tres horas luchando solo en aquellas aguas). Cuando vi que podía seguir siendo arrastrado, lo solté todo, puesto que si hubiera seguido hacia la costa de En Salé, las fuerzas me hubieran abandonado y allí se hubiera perdido toda esperanza…” Toni había cogido el cuartel de la barco y el palo con la vela para que le sirvieran de salvavidas, puesto que había escuchado durante muchos años a los más mayores que “…quien quería ir por si solo en el agua no llegaba a ninguna parte…”. La suerte es que Cala Viola de Llevant, a pesar de que está lleno de piedras, estas tienen la superficie bastante lisa y no pueden producir heridas fácilmente en caso de rozar con ellas. Como pudo llegó hasta tierra y arrastrándose se puso a seguro. Cuando en la población comprobaron que no llegaba se hicieron a la mar varios hombres a bordo del bote salvavidas en su ayuda, poniendo rumbo a Sanitja, que era el lugar que suponían se encontraría la embarcación de permanecer aún a flote. Toni, que ya estaba en tierra, les hizo señales. Como es lógico, nuestro hombre no quiso meterse de nuevo en el agua para embarcar en el bote, así que, otro grupo que había tomado un coche y se había dirigido hasta las inmediaciones de Sanitja por el camino, lo recogió cuando éste se encontraba totalmente exhausto sobre el acantilado. Había tragado grandes cantidades de agua durante su aventura. Después de este episodio Toni estuvo bastante mal, no pudiendo comer correctamente ni poder sorber agua durante bastante tiempo. Sin embargo y a pesar de haber perdido su barca, continuó saliendo a diario embarcando en el bote de su primo Toni, para lo cual unieron sus aparejos de “nanses”. Pero tuvo que desplazarse varias veces a Barcelona para ser sometido a severos chequeos puesto que el accidente había dejado mella en su cuerpo. Sus familiares le buscaron trabajo en tierra y se trasladó a vivir a Mahón, dejando por una temporada la vida en la mar. Pasaron lo años y todo volvió a empezar: las motoras de la Mola, barcas del bou, y acabó comprándose una nueva embarcación de 25 palmos, un llaüt de madera construido por el mestre d’aixa Petrus, que es la que tiene actualmente “La familia me hizo ponerle el nombre de ‘Toni’, puesto que no querían que le pusiera el de ‘Neni’ que es un apodo que me viene por parte de mi padre, hasta que le puse definitivamente este último como yo quería”.

Otro naufragio del cual se acuerda perfectamente es el de los hermanos llamados “Patatus”, ocurrido en marzo de 1941. Se trataba de dos hermanos que desaparecieron en la mar, se supone que frente a Ses Fontanellas (costa norte de Ciutadella), a bordo de un llaüt de 32 palmos que llevaba por nombre “Miguel Juan”, un día de fortísimo temporal de poniente “Éramos varias barcas faenando y ellos fueron los que tuvieron peor suerte. Nosotros volvíamos atrás desde la parte de poniente de Sanitja cuando ellos pasaron cerca de nosotros frente a s’Olla de sa Punta rumbo a poniente, delante de las tres piedras, que son una excelente pesquera de obladas. Yo estaba dentro de la barca, mi padre llevaba el timón y ellos no llevaban cebo para poder pescar. Como nosotros habíamos estado pescando “quisones” les dimos dos para que las usaran como carnaza. Esa sería la última ocasión en que los veríamos. A partir de aquel momento comenzamos a navegar muy mal puesto que el tiempo había empeorado ostensiblemente. Todas las barcas que lograron regresar a Fornells lo hicieron en pésimas condiciones, habiendo embarcado grandes cantidades de agua. Curiosamente su barca no se perdió, sino que se mantuvo a flote, aunque llena de agua. Con una de nuestras embarcaciones cruzamos hasta la Cala de Viola de Llevant y subimos a Cavalleria. Inmediatamente descubrimos el bote de los hermanos que se mantenía anegada pero a flote en la zona de Es Passet. Estaba llena de agua, pero sin cuarteles ni ningún tipo de aparejo, que tras haber sido arrebatados por el temporal habían desaparecido entre las agitadas aguas. Llegamos hasta ella y tras amarrarle un cabo le dimos remolque hasta el puerto”.

TONI REGRESANDO DE "FER CALDERA"

TONI REGRESANDO DE “FER CALDERA”

Fornells ha visto disminuir al paso de los años su flota pesquera, de tal forma que actualmente la forman embarcaciones entre medianas y grandes, habiendo desaparecido todas las pequeñas. Su flota actual (cuando llevamos a cabo esta entrevista, marzo-abril de 2000) la componen las embarcaciones “Baldritxa”, “Dorita”, “Tato”, “Esperanza”, “En Joan”, “María Auxiliadora”, “Carlos Dos”, “Cristian”, “Miguel Ripoll”, “Nan i Francesc”, “Oscar”, “Sa Llagosta”, “Fleming” y “Sanitja”. Otra particularidad es que no existen barcas de bou por el motivo de que el fondo no es el adecuado para faenar con el aparejo típico de este tipo de embarcaciones. También está probado que el volumen de pesca se ha visto reducido peligrosamente en los últimos años por causa de que no se dejan crecer a los alevines, en opinión de Toni, apostillando que de cada día se capturarán menos ejemplares “Además, en aquellos años, las barcas que iban más equipadas, llevaban a bordo entre 15 y 20 redes. Y, hoy por hoy, quien tiene 15 redes no tiene nada. 15 redes formaban un “tomb”, que era la dotación normal en una barca y hoy se llevan 5 ó 6 a bordo. Cada red mide 100 metros. Es fácil hacer los cálculos. Para los que utilizaban las “nanses”, un “tomb” estaba formado por una hilada de 40 “nanses”. La langosta parece ser que aguanta un poco, aunque ha tenido que ir a buscarse a cotas cada vez más profundas. Recuerdo que el año en que perdí la barca solía ir a pescarlas a Binimel·là. Solía calar el “tomb” de cuarenta “nanses” y coger 5 langostas que daban en la balanza un total de 9 y 10 kilos. Era lo habitual. Se trataba, claro está, de langostas grandes. Con mi barca actual “Neni”, pescando en Maó y frente a Sa Mesquida, he cogido 5 y 6 langostas que han dado en la balanza un total de 15 kilos”.

Sobre la reserva marina que se ha acotado, sobre sus aguas habituales precisamente, entre la Punta des Murté, de Fornells y el Cap Gros, de Ciutadella, no parece estar muy convencido y más bien parece algo escéptico “No creo que notemos ninguna mejora. Por lo menos, los pescadores actuales no verán grandes resultados…”.

APRESTANDO SU EMBARCACIÓN PARA LA SALIDA EN SU AMARRE EN LA DÁRSENA DE FORNELLS

APRESTANDO SU EMBARCACIÓN PARA LA SALIDA EN SU AMARRE EN LA DÁRSENA DE FORNELLS

Otro habitante del medio marino que ha conocido, hoy desaparecido en estas aguas y que no es precisamente un pez, ha sido el “Vell Marí”, algunos de cuyos ejemplares le solían agujerear las redes para comerse el pescado atrapado entre las mallas. “Eran años en que residía en Maó. Fuí en cierta ocasión con mi primo Jaume “Tanu” a pescar “gerret” a Cala Morell y pude verlos perfectamente. Y en Sa Cigonya, cerca de Maó. En Fornells, tanto mis hijos como yo, también pudimos ver a uno que nos agujereaba las redes que calábamos cuando se estuvo ampliando el muelle. Cada vez hacía tres agujeros, dos con las patas y el tercero con la boca. En Maó, también solían agujereárnoslas y ya estábamos hartos de las roturas y del perjuicio que nos ocasionaban. Por aquellos años, nosotros nos llevábamos muy bien con el capitán de la Guardia Civil, que tras hacer ejercicios de tiro en la Mola solía acercarse a vernos y a charlar un rato con nosotros. Un día le dije: ¿y si un día le damos un par de tiros? él me respondió sonriendo que ni sabía, ni había oído nada. Así que hice venir a un conocido que tenía una escopeta de perdigones y lo puse sobre una batea de cría de mejillones del puerto. Sólamente le dió dos tiros y ya no volvió más. Había recibido una lección que hizo su efecto”.

Recuerda que en otra ocasión entró un ballenato en el puerto de Fornells y tras estar merodeando fue a refugiarse temporalmente a Cabra Salada. El primero en darse cuenta de su presencia fue un pescador que se encontraba nadando tranquilamente con su hijo. El hombre se giró y se encontró con el animal detrás suya. Es de imaginar el susto recibido. Se corrió la voz y fueron muchas las embarcaciones que se desplazaron hasta allá para poder contemplar el pacífico animal, que permanecía en el interior de la caleta. Se supone que anduvo desorientado. Poco después salió fuera de puerto y desapareció. En otra ocasión, en que se encontraba navegando al través de Sa Galèra (Es Grau) se encontró debajo de su barca un “cap d’olla” (calderón) bastante respetable “Se que no hacen nada pero, la verdad, es que no me hacía ninguna gracia tener aquello debajo. Nada en absoluto. Pero que nada en absoluto… porque era bastante grande. Salía una buena porción por la proa y, yo, que me encontraba en la popa, también veía salir por detrás de ésta otra gran porción. Acababa de levantar las redes y estaba ya dispuesto a meterme en Es Grau por si acaso. Así que levanté la boya y navegué hacia tierra, hasta que pude comprobar que no me seguía. Mientras volvía a calar, pude ver que resoplaba por la parte de fuera. Terminé de calar los aparejos y me fuí directamente a Maó. No lo volví a ver. También recuerdo que en otra ocasión, por la parte de fuera de la isla del Aire, estuvo merodeando durante bastantes días otra pareja de “cap d’olla” bastante grandes. Por la noche solíamos levantar las redes después de hacer la “prima” y en medio del silencio escuchabas de repente aquel resoplido, lo que te ponía el corazón en un puño. Y es que en el transcurso de una noche de calma aquel estallido que rompía el silencio te daba un vuelco que no es fácil de olvidar…” Toni no ha conocido el tiburón como en su más feroz expresión pueda entenderse, pero ha visto tintoreras y en cierta ocasión, frente a Sanitja pudo contemplar el pez martillo, uno de cuyos ejemplares le salió prendido en un anzuelo cebado con una “mòra”. Con las “sòltas des gerret” capturó en otra ocasión un ejemplar de serpiente marina (una especie que sigue existiendo aunque se hable poco de ella debido a su considerable disminución), al pie de los acantilados de la Mola, de Maó. Era un ejemplar de un grosor de unos 3 cm. y dos brazas de longitud. Otro tipo de serpiente marina era el denominado “ferratimóns”, que tenía la boca en forma de ventosa, con la cual se adherían a los timones de las embarcaciones. De ahí su nombre. Los pescadores, al desmontar el timón de sus herrajes, solían encontrarse algún ejemplar prendido en el mismo “Solíamos utilizarlas como carnada para las “nanses” de langosta puesto que les gustaba mucho. El ejemplar capturado en la Mola es de los de mayor longitud que he visto”.

LA PRECIOSA POBLACIÓN MARINERA Y SU DÁRSENA EN UNA IMAGEN DE ANTAÑO

En cierta ocasión, Toni, se fue junto con otros pescadores, “Quelet” y Abelardo Sans, a calar las “nanses” para langostas. Transcurría un mes de abril y, al estar levando los aparejos, pudieron observar la presencia de gran cantidad de “velella” que la corriente había arrastrado hasta sus alrededores. El tiempo había refrescado bastante así que, para evitar el mal rato que suponía la navegación hasta Fornells, decidieron entrar en Sanitja y, tras amarrar, marchar hasta la población a pie. No había otra forma. A la mañana siguiente y tras haber descansado, se ponían los tres nuevamente en camino, marchanco en primer lugar a recoger los codiciados celentéreos que la mar había arrojado ya a la costa baja de la zona, finalizando la operación al llegar a la cala de Viola de Ponent. A continuación continuaron ascendiendo la costa de Cavalleria para pescar en la Llosa d’es Patró Père, permaneciendo varias horas hasta que consideraron que habían suficientes capturas y que no podrían cargar más para marchar a Fornells. Toni y Abelardo llevaban una “banasta” cargada a la espalda cada uno pero, “Quelet” que no tenía este tipo de contenedor, metió su pesca en un saco y al llegar al torrente de Cala Tirant sus compañeros observaron que tenía la espalda completamente llagada. La pesca conseguida estaba compuesta de “variadas”, “sards”, “cànteres”, “oblades” y “saupes”. Toni no está de acuerdo con los comentarios que han aparecido en ocasiones en diversos medios de comunicación referentes a que la “velella” causaba trastornos gástricos a quien consumía el pescado obtenido a través de ella “De toda la vida ha sido utilizada para pescar en Fornells y que yo sepa nunca ha causado dolencia alguna a nadie. Lo que sí sucede es que cuando se pudre produce un olor muy fuerte. Y este olor atrae a otros animales que lo consumen cuando se encuentra en estas condiciones. Recuerdo que en los primeros años de la guerra mi padre y mi abuelo solían utilizar los montones que yo mismo les preparaba en el Arenal d’en Castell. Cuando ellos venían de la Base Naval, donde estaban prestando el servicio militar, solían pescar con la “velella” que yo les había preparado y posteriormente trasladaban hasta Fornells en barca el pescado capturado. Pero sucedió que a los pocos días comprobaron consternados que los montones que yo les dejaba desaparecían misteriosamente, hasta que por fin pudieron comprobar un día que los cerdos de la finca de Son Saura, que por aquellos años deambulaban libremente por la playa, los devoraban ávidamente en cuanto los encontraban”. Toni también solía recolectar suficiente “velella” para ir a pescar a Favàritx junto con un tal “Faigas” (un catalán) y uno de los hermanos conocidos como “es Bessons”. Se trataba de la temporada del “gerret”. Para ello solían partir desde Fornells poco después de terminar la comida. Tras colocar las “soltas” (que en Ciutadella se conocen también como “vogueres”) se entretenían un par de horas en capturar unas cuantas “oblades” y “saupes”.

Toni recuerda a los hermanos Biel y Bià Sans, “es Bessons”, con los cuales solía ir bastante a pescar y uno de los cuales, Bià, falleció al ser alcanzado por un rayo en plena mar. La temporada de Sant Miguel y Navidad estaba transcurriendo aquel año con un tiempo para navegar bastante aceptable. Como observaran que la bonanza se mantenía, Toni y uno de ellos habían decidido salir a la mañana siguiente a pescar serranos, pero luego llegó el otro hermano y como también se apuntara a la idea Toni decidió, teniendo en cuenta que tenía los aparejos en la barca, aprovechar la jornada e irse a pescar “d’aubes”, por lo cual se metió pronto en la cama. Al poco rato llamó a la puerta de su casa Bià, que venía en busca de papel de fumar del que carecía y se había olvidado de comprar. Como él se encontraba ya dormido, le atendió la madre “Yo ya no le vi nunca más. A la mañana siguiente se hicieron los dos hermanos a la mar con rumbo a poniente, mientras que yo iba a calar mis “nanses” frente a Cales Morts. Mientras me encontraba trabajando observé una fea nube en el llebetx e incluso oí un par de truenos que no me hicieron ninguna gracia pero, como aquello se disipó, no le di mayor importancia. Cerca de Cala en Tusqueta me encontré con otra barca en la que iba un pariente de los hermanos, “es conco Tanu”, que también había salido “d’aubes” y como ya habíamos terminado, regresamos juntos hacia Fornells. Amarramos y nos quedamos sentados en el mismo muelle junto a “ca’n Garriga”. No pasó mucho tiempo cuando observamos que llegaba el llaüt de los hermanos, que era conducido por Biel, en un estado aparentemente muy nervioso. Llegó al muelle y no lo pudo parar. Sólamente le veíamos a él lo cual nos extrañó. Cuando volvió a intentar atracar salté a bordo para ayudarle y entonces pude ver a su hermano Bià. Estaba muerto. Al parecer le había alcanzado un rayo procedente de aquella nube que yo había visto mientras se encontraban navegando frente a Cala Pregonda, cuando volvían de la isla de ses Bledes: le había entrado por un oído y le había salido por el recto, atravesando seguidamente la cubierta de la embarcación y perforando el casco por el costado, unos pocos centímetros sobre la línea de flotación, por donde había entrado en el agua”. Biel explicó que cuando sucedieron los hechos su hermano estaba gobernando la embarcación y llevaba sujeta la caña del timón. En aquellos momentos él se encontraba agazapado junto al motor, aguantando el chubasco que estaba cayendo sobre ellos. Biel explicó que al encontrarse al través de Pregonda su hermano se había incorporado de súbito. Él le preguntó qué le sucedía pero no le respondió. Había quedado acurrucado en la popa y le salía sangre por un oido. Fue una gran desgracia “Desde aquel día lo comentamos muchas veces, puesto que tenía que ir con ellos y, cuando era así, normalmente era yo quien llevaba la caña”.

LA DÁRSENA DE FORNELLS, HOY

LA DÁRSENA DE FORNELLS, HOY

También recuerda otro temporal muy violento, que hizo que se derrumbara parte de la techumbre de la finca Tirant Nou, que alcanzó y mató a la esposa del payés. En el puerto se encontraban a las tres de aquella madrugada Antoni “Bitu”, Joan “Bitu” y Toni, que se apresuraron en reforzar las amarras de la barca de los hermanos “Esquerrans” puesto que la mar pintaba muy mal. Frente al refugio de pescadores se encontraba un hidro francés amarrado a una boya, puesto que Fornells era punto de escala y repostaje de la “Air France” en sus rutas hacia el norte de África (Marsella-Argel). De pronto, los tres observaban consternados como el hidro volcaba sobre sí empujado por las enormes olas y a las fuertes rachas de viento. Quedó con los flotadores al aire y las alas bajo el agua. Tuvieron que remolcarlo hasta el pequeño varadero que existía por aquel entonces, y permaneció largo tiempo depositado en tierra. Parece ser que se trató de un “cap de fibló”, cuyo centro estuvo situado a 27 millas de Menorca, pero su radio de acción resultó tan violento que arrancó y segó una gran cantidad de pinos. De la finca Sant Jordi arrebató dos yegüas que se encontraban en una “tanca” que fueron a caer a la finca Salairó. Otra finca muy afectada fue Son Ermità.

También en el año 36, época de guerra, navegaba hacia Sanitja tras haber sido localizado un banco de “mòres”. Mientras se encontraban en mar abierta observaron unos reflejos a lo lejos, hacia Binidonairet. Como no sabían de qué se trataba, estuvieron esperando hasta descubrir que era un avión italiano, bastante grande, que iba descendiendo hacia la costa hasta amorrar contra el Macar de Binidonaire. Se trataba de un trimotor. Cuando se enteraron en la población, fueron hasta allí con el bote salvavidas a buscar los motores y, más adelante, el resto del aparato que al igual que el francés, fue igualmente varado, permaneciendo varios años en el mismo sitio.

Toni recuerda que antes de que se construyera el faro se capturaba muchísimo pescado en la zona de Favàritx “Pero cuando instalaron el faro, se ve que con la luz el pescado se desvió hacia otros sectores y decayó bastante su rentabilidad”. Cuando los pescadores de Fornells faenaban por esa zona, ante la inminencia de un temporal, solían refugiarse en Cala Prudent, permaneciendo en la caseta, o bien atravesaban a pie el predio de S’Albufera hasta alcanzar el margen de levante del puerto de Fornells, en donde procedían a quemar una serie de ramas con el fin de levantar una columna de humo que servía de aviso a la población de su presencia. Normalmente se organizaba una expedición que con un bote iban a buscarlos para llevarlos a la población. La zona de Cala Prudent era excelente para la pesca y su padre solía tener una barca mariscadora durante todo el año. Con ella se podía acercar perfectamente a la ribera de todos los rincones de la cala. “Como últimamente solían decirme que ahora había muy poco fondo, en el año 99 quise ir con mi llaüt a comprobarlo personalmente y realmente hay menos fondo a causa de las algas, el arrastre de los temporales o lo que sea, pero aún se puede acceder bastante bien. Aquel era un buen lugar para capturar “mòres”. Ahora hay demasiada gente por todas partes. Y dicen que quieren poner remedio… Todo ha cambiado y ya no es lo mismo que antes. Por poner un ejemplo: por cada langosta que hay ahora, antes había mil y por cada “escorball”, que casi no se encuentran, antes había un millón. Pienso que son los mismos pescadores quienes se lo han cargado, por la cantidad de redes que utilizan y, más, utilizando el sistema de “ajeguda” (las redes permanecen toda la noche caladas). Antes se hacían “prima” y “auba” (atardecer y amanecer). Hoy, prácticamente no se capturan, “salsa bardisses”, “galls”, “pagres”, “dèntols” y muchos otros que era normal encontrarlos en las redes. Pues una de las costumbres que tenían Toni y su padre era ir a pescar “de prima” los calamares a la zona de Cala en Tusqueta, utilizando para ello la embarcación varada en Cala Prudent, llegando a armar un botecito cerca de las casas de S’Albufereta, dentro de la bahía de Fornells, de forma que atravesaban a pie el trayecto existente entre ambas, alumbrándose al regreso -pues era de noche- con un pequeño farol hasta alcanzar la costa del puerto, donde embarcaban y atravesaban hasta la población “Pero valía la pena realizar la caminata debido a la gran cantidad de calamares que se podían capturar aquellos años”. Ciertamente el transitar casi a oscuras por aquellos parajes no dejaba de ser peligroso por la existencia de varios “avencs” (simas), que podían darles algún serio disgusto por la profundidad que tienen algunos de ellos. “Algunos eran muy profundos puesto que lo tenía comprobado al dejar caer piedras en su interior. En algunos podía oir perfectamente que las piedras caían en agua”. También solían ir a pescar colocándose en la parte superior del morro de la Cova de na Polida. Era un tramo de acantilado por el cual la bajada era dura y peligrosa. Solían ser Biel, “Faigas” y Toni, cada uno con su caña para pescar obladas y se colocaban cada uno en una pesquera diferente “En una de tantas veces, Biel y yo comenzamos de pronto a escuchar unos gritos y resultó ser “Faigas”, que a medio acantilado le había entrado pánico y se había asustado, poniéndose a gritar solicitándonos ayuda. Tuvimos que rodearlo y situarnos uno a cada lado, dándole entonces la mano hasta conseguir que subiera nuevamente a la parte superior del acantilado. La verdad es que no volvió a bajar nunca más. Mi padre tenía la costumbre de amarrar un cabo en la parte alta y siempre contaba con la seguridad que le ofrecía éste. Además resultaba totalmente necesario ya que si tenías que subir además la banasta del pescado, el ascenso sin él resultaba bastante problemático”.

CALA PRUDENT (O PUDENT). AL FONDO, LA MOLA

CALA PRUDENT (O PUDENT). AL FONDO, LA MOLA

Otra de las actividades obligadas durante los días en que dominaba el temporal en que no permitía hacerse a la mar era lo que se conocía como “correr vorera”, que se trataba de recorrer la costa a pie e ir observando lo que la mar había arrojado a tierra que pudiera tener alguna utilidad “De encontrar encontrábamos siempre algo pero, de bueno, poco. En cierta ocasión encontramos una buena partida de barriles llenos de coco, que vendimos en Mahón ya que lo utilizaban para fabricar jabón. También solíamos hallar bombonas de butano. También y durante los años de la guerra, encontramos minas de diferentes modelos. Por cierto, que en una ocasión me llevé un susto de muerte al encontrar flotando una de ellas muy cerca del casco de la barca, delante de En Frare. Estaba establecido un viento de Gregal, era de noche y cuando la vi la tenía prácticamente encima. Por suerte pude esquivarla con cuidado y no ocurrió nada. También por Sanitja, en cierta ocasión, un pescador al que llamaban “Titán” rompió un remo al golpearlo en la Punta des Picadors cuando vio una mina de cinco puntas y asustarse. Él nos gritaba pero nosotros no le prestamos suficiente atención. Al saberlo se dio parte a la Base Naval, que desplazó hasta aquí un remolcador para recuperarla. Con nuestra barca la amarramos y remolcamos hasta ponerla al alcance del barco de la Armada. Los técnicos le desmontaron la espoleta y posteriormente la subieron con los pescantes y la depositaron a bordo. Y una anécdota muy curiosa ocurrió cierto día en que nos encontrábamos faenando en la bahía. “Titán” estaba con su barca y yo con la mía. De pronto se nos acercó desde levante un barco que enarbolaba bandera panameña, el cual se dirigió hacia ellos parándose a su altura. Cuando “Titán” se acercó para saber qué querían le embarcaron un polizón que se habían encontrado a bordo. Entonces lo trasladaron a la bahía y lo desembarcaron en s’Arenalet. Cuando el polizón llegó a Maó fue sorprendido cuando iba a embarcarse en el vapor-correo. Cuando explicó cómo había llegado a Menorca, detuvieron a “Titán” y lo metieron en el calabozo por haberlo desembarcado en tierra y no haberlo entregado a las autoridades”.

Sobre la técnica de la pesca de la popular “oblada”, Toni describe a este pez como de “muy buena vista”. Para ir a por él la mar debe de encontrarse movida “amb un bon blanquer i un bon ramel pero que no faci arrumbades massa grosses” a fín de restarle visibilidad y efectuar un buen brumeo con una mezcla de pan y queso rallado. Entre la espuma que tapa la visibilidad más allá de la superficie y el brumeo, se deja deslizar un anzuelo cebado principalmente con gamba “blanquèra”. Es un pescado que se coge bastante y, a pesar de que los entendidos defiendan que es necesaria una técnica especial, Toni reconoce que son muchísimos los pescadores aficionados que realizan bastantes capturas sin tener prácticamente idea sobre el tema.

Un naufragio que recuerda haber oido contar a su padre se refiere al acaecido a unos pescadores el día en que su padre y su abuelo fueron a cazar a la finca Son Saura. Mirando al mar descubrieron una embarcación que se encontraba sin tripulación y que había sido volcada por un “cap de fibló” ocurrido poco antes. Sin embargo, los tripulantes habían logrado alcanzar la costa a nado, puesto que el mar había encalmado rápidamente tras el paso de la borrasca. El padre de Toni volvió inmediatamente a S’Albufereta y embarcó en el botecito que tenían varado y que utilizaban para cruzar la bahía hasta la población navegando a vela, aparejado con una trinqueta. El abuelo, Toni “Bitu”, quedó en la zona de Son Saura vigilando el bote volcado que era arrastrado poco a poco por la corriente. Toni “Neni”, que vio llegar a su padre cuando se encontraba preparando unos palangres, fue con él a avisar a los “Roxillos”, que salieron inmediatamente a bordo de una embarcación de pesca hasta el bote de los “Serranos”, padre e hijo, que era el que estaba volcado. El hijo, Miquel, cuando llegó a tierra estaba prácticamente agotado, teniendo que ser ayudado por Toni con el concurso de una “sendera” (especie de red que se utiliza para cazar conejos) para trepar hasta la parte alta del acantilado del Cap des Redoble. Su padre, que se encontraba todavía en el agua, les estuvo conminando a que salvaran primero el hijo. Poco después llegaba igualmente el bote de salvamento que rescataba la embarcación siniestrada cuando se encontraba más allá de Addaia.

Otro de los aspectos que más recuerda Toni “Neni” se refiere al de la recolección de la “camamil.la” (manzanilla de Menorca) que crece silvestre en los acantilados “Se trataba de otra forma de ganar algún dinero, que los pescadores llevaban a cabo cuando llegaba la época apropiada. Con el mal tiempo iban a recogerla y la dejaban metida en sacos cerca de la costa, de tal forma que, cuando el tiempo mejoraba, iban con las barcas a cargarlos y trasladarlos hasta Fornells “Pero no podían pasar muchos días puesto que, de lo contrario, se echaba a perder. Durante la mañana solíamos llenar 4 ó 5 sacos cerca de Cala Viola o de Es Dormidor. Seguidamente íbamos a levar la hilera de ‘nanses’. Cuando éstas habían sido recuperadas volvíamos a la costa a tomar un bocado…” y a recolectar otro par de sacos más. Al atardecer ponían rumbo a Fornells con todos los sacos a bordo y el pescado de las “nanses”. El mes ideal de la recolecta solía ser durante el mes de junio, poco después de que el dueño de la finca extendiera los correspondientes permisos contra el cobro de un canon para llevarla a cabo. Las mujeres eran las encargadas de cortarla posteriormente para dejarla a punto de embarcar hacia la península. “Y también los chicos, que si no se portaban bien se les castigaba entregándoles un cajoncito lleno de ramas y unas tijeras para cortar la flor”.

En su juventud, “Neni”, al igual que otros muchachos de su edad, acostumbraba a escuchar las amenas historias que solían narrar los más viejos del lugar, en su mayoría, pescadores. “Y los había que tenían muy mal genio. Nosotros nos aprovechábamos de ello para gastarles alguna travesura propia de nuestra edad en más de una ocasión”. Recuerda la que gastaron a “en Moreno Penita”, un pescador que acostumbraba a ir de “morenells”, las nansas que están construídas para capturar las “murenas”. Neni, junto con Pepe Mus, decidieron capturar uno de los numerosos gatos que pululaban por los muelles y abriendo un morenell colocarlo dentro. Toni se metió en la barca de aquel hombre, cogió uno de estos aparejos y, abriéndolo, lo introdujo dentro volviendo a cerrarlo con los “verdugs”, que eran una especie de pasadores que evitaban tener que coser toda la tapa cada vez. Teóricamente el gato no podía abrirlo, sino que tenía que entrar, al igual que las murenas o peces a través del “enfàs”, que es la abertura cónica de toda nansa, que permite la entrada pero no la salida. Además se daba la circunstancia de que la abertura era tan estrecha que el gato no podría entrar nunca por aquel agujero. Una vez cerrado con el gato dentro, se volvió a tapar la barca. Era un viernes. A la mañana siguiente, sábado, el pescador saltó a su embarcación y al destaparla se encontró con el gato en el interior del “morenell”. En pobre hombre no daba crédito a lo que estaba viendo mientras se rascaba la cabeza. “No alcanzaba a comprender como un gato tan grande había entrado a través de un orificio tan pequeño. Y se estuvo paseando todo el día por el puerto con el “morenell” con el gato dentro enseñándolo a uno y otro. Otro pescador, al que llamábamos “es conco” (aunque realmente no lo fuera), le dijo “O ets ase; tan viu com vols esser i aquest moix et farà tornar tot lo contrari…”. Lo peor del caso es que nosotros íbamos detrás de él… Aquellas eran cosas propias de chicos”. Una anécdota juvenil sobre la cual se estuvo hablando mucho tiempo”.

"MORENELL" CONSTRUIDO POR EL PROPIO TONI

“MORENELL” CONSTRUIDO POR EL PROPIO TONI

En otra ocasión le amarraron a su bote (de unos 25 palmos puesto que iba de “nanses” y langostas) un gran “pedral”. Cada día solía ir a pescar con otro compañero de más edad, bogando, para poder así ahorrar la gasolina. La verdad es que escaseaba por aquel entonces. Y solían calar sus aparejos entre el faro de la isla Sargantana y el refugio de pescadores “Le pasamos por debajo del casco un cabo al que amarramos un “pedral” de grandes dimensiones. Cuando salieron a pescar y como viera que avanzaban muy despacio, su compañero le decía “no se que te pasa esta mañana, pero no andamos nada. No lo se…” y el otro le contestaba “Yo estoy bogando igual que cada día…” Y cuando lograron por fin llegar a la zona de pesca se dieron cuenta de la gamberrada que les habían gastado”.

Toni recuerda el tiempo en que la costa estuvo más o menos militarizada, con la batería de la Mola en servicio, artillada con dos cañones; otros dos que fueron montados en el Cap de Cavalleria, estando los soldados alojados en el edificio del faro; dos cañones más se situaron en la finca Bellamirada; 2 piezas antiaéreas que se montaron en la finca Binidonairet, en el “coster”; otras 2 en la finca Llucatx (Ses Coves) y en la cima de Monte Toro, otros dos. En la Mola, últimamente estaba alojada una guarnición muy reducida, varios de cuyos miembros eran vecinos de Fornells “Pero durante la guerra hubo mucha gente destinada allá arriba, muchos de ellos reenganchados, por lo que eran ya mayores. Tenían un llaüt para atravesar la bahía llamado “Santa Bárbara”, con el que cruzaban hasta s’Arenalet”.

Los pescadores que estuvieron censados a lo largo de los años cuarenta en Fornells fueron los llamados “Tinets”, pescadores de langosta y que poseían dos barcas, siendo varios hermanos; los “Bitus”, padre y dos hermanos; los “Alejos”, también padre y dos hermanos; Martí “Bufereta”; los dos hermanos “De Mates”; los “Roxillos”, que eran igualmente varios hermanos; los “Patatus”, los dos hermanos que desaparecieron en la mar en el transcurso de un trágico temporal; “En Nofrillo”, que pescaba con un bote de otro armador; “Ets Esquerrans”, dos hermanos; “Es Conco Tanu”; “En Serrano”, que siempre trabajaba solo a bordo; los “Neni”, padre e hijo; los “Caules” y los “Rodríguez”, parientes de Jesús Pascual; “En Llorenç”, que iba también solo y se dedicaba a las “nanses”; Moreno al que conocían como “En Penita”; Toni “Pixarro”, los “Cuca” y “L’Avi en Diego”.

Pescando a bordo del “Salmerón” en la zona del Arenal d’en Castell, frente a la Punta Grossa, tuvo en cierta ocasión un desagradable encuentro con una ballena que pudo derivar a mayores pero que, al final, no pasó del gran susto. Se trataba de una especie conocida entre los pescadores locales como “morlà”. Era el primer año en que se dedicaba a la pesca en solitario tras el fallecimiento de su padre y se encontraba cerca de la barca de Biel Mus y de Pepe y Nofre “Tan cerca de mi salió a la superficie que me dio un susto de miedo. Cuando lo hizo levantó una ola tan grande que hizo embarcar una gran cantidad de agua en el bote de Biel Mus que se encontraba a mi lado, porque estos animales mueven mucha agua.

TONI "NENI" JUNTO A OTRO VETERANO DE LA MAR , MIQUEL PETRUS, EN EL BAR LA PALMA DISPUESTOS A HACER UN "PON-PON"

TONI “NENI” JUNTO A OTRO VETERANO DE LA MAR , MIQUEL PETRUS, EN EL BAR LA PALMA DISPUESTOS A HACER UN “PON-PON”

Toni “Neni” se encuentra reparando redes en el interior de una cochera de un pariente suyo. Es la actividad rutinaria para las tardes fuera de temporada. Sentado en el suelo, descalzo, nos trae rápidamente a la memoria aquellos pescadores que conocimos en nuestra juventud quienes, sentados sobre el mismo muelle, reparaban sus redes cuando éstas se habían secado tras varias horas de estar expuestas al sol. Eran aquellos otros tiempos. Tiempos que nunca más volverán, por cierto. El trabajo que lleva a cabo este veterano pescador es rápido y metódico, efectuando los nudos para restituir la malla con extraordinaria celeridad. Cada vez que los hace, o acerca la lengua o moja uno de sus dedos en su propia saliva y lo pone en contacto con el nudo terminado antes de realizar otro más sobre el mismo. El hecho llama la atención y por ello le preguntamos los motivos: “Se trata de humedecerlo porque el nuevo nudo aprieta mejor y de este modo luego no cede…”. Con los dedos de los pies sujeta la red por un lado y con los de una de sus manos lo hace por el otro, mientras con la mano que le queda libre maneja diestramente la aguja de tejer. Los aparejos pertenecen a un pariente suyo, Jaime Sebastián Sans, más conocido como ”Bià”, el hijo de Bià “es Bessó” que, una vez finalizada la temporada de la langosta, son sometidos a un riguroso repaso a fin de dejarlos a punto de ser utilizados nuevamente. Toni “Neni” como es sabido se encuentra jubilado y pasa muchas de sus horas echándole una mano y, mientras trabaja, suele rememorar anécdotas vividas personalmente durante sus años de juventud. Y entre éstas sale a relucir el día en que a los alemanes les dio por bombardear una lancha que los franceses afincados en el pueblo tenían para servicio de la base de hidros emplazada en la bahía. Toni se encontraba en aquellos momentos con un amigo, Máximo Triay, el mecánico. Tenía entonces unos nueve o diez años de edad y juntos solían pasar bastantes horas jugando por el muelle o paseando con una pequeña barca mariscadora a remos, traída por su padre desde Maó para utilizarla cuando le fuere necesario en Sanitja o en Cala Prudent, a la que había dotado para ello de una cubierta para mayor protección (las antiguas barcas mariscadoras carecían de ella). En aquellos momentos se encontraban sobre el muelle y, de pronto, advirtieron la presencia de un par de aviones que, enfilando desde la bocana, cruzaban por encima de la bahía longitudinalmente, uno volando más alto que el otro, al tiempo que uno de los aviadores del que lo hacía más bajo se asomaba y arrojaba manualmente por una escotilla las bombas destinadas a hundir la embarcación francesa en cuanto se encontraban sobre ella. “Aquel era un día en que se encontraba fuertemente establecido el viento de tierra, de “migjorn”. Mi padre, se encontraba en aquellos momentos cazando por el lloc de Santa Teresa. La embarcación que pretendían hundir no tardó en ser alcanzada y se incendió. Para que no dañara a las demás que se encontraban amarradas en ese momento, se le cortaron rápidamente los cabos y de este modo iría a la deriva”. La lancha, propiedad de Air France, se encontraba amarrada en el extremo del muelle que ocupaba parcialmente el espacio del actual rompeolas, de forma que al ser liberada de sus amarras y empujada por el viento del sur fue a parar a las inmediaciones del lugar en que se encuentra “es Moll d’es Contramestre”, junto a la antigua vivienda del celador de puerto, actualmente cerrada. “Fue una suerte que pudieran soltarla a tiempo puesto que sobre el muelle se encontraban depositados un centenar de bidones de combustible para suministro de los hidros. Yo creo que los pilotos lo sabían y no quisieron hacer daño a la población puesto que de haber estallado, allí se hubiera acabado todo. El barco se apartó fácilmente por efectos del viento y la corriente, y tras arder un buen rato se hundió llevándose al fondo el depósito con bastante combustible sin que afortunadamente tampoco llegara a estallar. Fue más o menos lo mismo que ocurrió hará unos treinta años frente al Club Marítimo de Mahón cuando se incendió y hundió el yate inglés “Solaris” sin que llegara a producirse explosión alguna”. Antes de producirse el hundimiento definitivo la Guardia Civil estuvo controlando la zona manteniendo a la gente suficientemente alejada por si explotaba el depósito de marras.

Toni y Máximo habían deducido que tras las explosiones de las primeras bombas, en el agua tendría que haber bastante pescado muerto que sin duda se encontraría flotando en las inmediaciones y cogieron su barquita dispuestos a ir a buscarlo. Y lo hallaron en la otra ribera, recuperándolo con la ayuda de un salabre que vaciaban sobre cubierta. “Pero mientras estábamos recogiéndolos volvieron a presentarse los aviones para soltar tres o cuatro bombas más. La verdad es que llegamos a estar muy apurados porque para evitar ser alcanzados nos metimos en el interior de una de las cuevas que allí existen y que se conocen como “Coves negres” a bordo de nuestra barca, hasta donde pudimos. Estas cuevas se encuentran situadas entre Sa Punta Prima y Es Te Roig. Recuerdo que cada vez que las bombas caían al mar el agua subía en el interior de la cueva y nosotros tocábamos con la cabeza su bóveda. Además existía la agravante de que si alguna nos hubiera alcanzado no se habría sabido nada nunca más de nosotros porque no habíamos avisado a nadie de nuestras intenciones. Pero todo acabó bien y llegamos a tierra cargados de pescado. Lo que no recuerdo exactamente es qué hicimos con él, puesto que el padre de Máximo, “en Salins”, tenía los autobuses que iban a Maó y solía llevárselo para venderlo, pero por aquella época se encontraba en la Mola, de aquí de Fornells. Y quien no estaba en la Mola estaba en Maó, en la Base.”En Moreno” y “en Tinet”, junto con “Bià na Trudis” pescaban para Infantería, que se encontraba alojada en la iglesia. No sé exactamente que hicimos; lo que si recuerdo es que, cuando tuvimos la barca amarrada en el puerto, según pasaba la gente, iban llevándose parte del pescado, en su mayoría “moixó” que, al salirse del salabre debido a su pequeño tamaño, habíamos recogido con la ayuda de un balde”. Los más grandes eran “saupes” y “llops”. A Toni le extrañó que el avión alemán pasara hasta tres veces para bombardear el barco francés y no fuera repelido. “Y era algo que resultaba extraño puesto que en Binidonairet existía una batería de antiaéreos emplazada en el “coster” que tenía fama de ser muy buena. Recuerdo que cuando otros aviones pretendían atravesar Menorca eran disparados por los antiaéreos. Los estallidos de los proyectiles producidos en el aire eran blancos y parecían gaviotas. Aquellos aviones, para evitarlos, volaban muy alto. Aquí la gente no los había visto nunca y hubo una joven que, al observar las nubecillas blancas que aparecían alrededor del avión, comentó asombrada que estaban soltando palomas…”. Toni marchó a pie inmediatamente hasta las inmediaciones de la bocana con el fin de advertir a su padre, que se encontraba a punto de regresar (cuando iba a cazar atravesaba hasta la península de Cavalleria en su barca), de que no continuara por el peligro que existía. Cuando llegó, desembarcó junto a “sa caseta blanca” y continuaron hasta el pueblo a pie. Pero como se ha mencionado, no pasó nada más salvo el hundimiento.

EL INDISCUTIBLE PUNTO DE REFERENCIA DE LOS FORNELLERS: EL CAP DE CAVALLERIA

EL INDISCUTIBLE PUNTO DE REFERENCIA DE CUALQUIER FORNELLER: EL CAP DE CAVALLERIA

Al cabo de bastante tiempo entraba en el puerto de Fornells el remolcador de la Base Naval de Maó con suficiente personal dispuesto a reflotar la embarcación que permanecía en el fondo para llevársela. Y lo consiguieron. “Pero no lograron sacarla a la superficie sino que, tras pasarle unos calabrotes suficientemente reforzados por debajo de ella, marcharon llevándola suspendida entre aguas por debajo de su casco”. A bordo del remolcador se encontraban dos primos de Toni que se encontraban cumpliendo el servicio militar: Miquel Sans, que jugaba al fútbol con el C.F. Menorca y Juan Pelegrí, que terminaría casándose con una mahonesa, cambiando desde entonces de lugar de residencia.

El abuelo de Toni por parte de padre se llamaba Antoni Riera Moll. Procedía de una familia en la que todos sus miembros, tres hermanos y tres hermanas, eran todos pescadores de oficio. El hermano menor, Desiderio, desapareció en la mar a la edad de diecinueve años junto a otro compañero (Nan) cuando se encontraba sustituyendo a bordo al verdadero tripulante que era otro pariente que aquel día no se había encontrado bien. “Mi padre solía decir siempre que habían perdido la vida al haber naufragado en la Llosa d’Enmig, en la bocana de Addaia. Es un lugar en que suele formarse una rompiente muy peligrosa y posiblemente la barca volcó. Allí se encontraron precisamente las redes y la barca pero de ellos nunca más se supo. Hubo una entrada de tramontana muy fuerte y se ve que les sorprendió. Aquellos eran unos tiempos difíciles. Si hubiera sido hoy, con los motores que poseen actualmente las barcas, muy posiblemente se hubieran salvado pero la navegación a vela era un mal asunto…”.

Toni valora bastante bien los botes de entonces puesto que los había que salían muy logrados para la navegación a vela de las manos de los “mestres d’aixa” de la época. Y también existían muy buenos llauts, aunque se mantenga la idea de que los fornellers estaban acostumbrados a trabajar con embarcaciones no demasiado grandes, habitualmente de unos veinticinco palmos de eslora: “Yo creo que había de todo. Siempre llegaba alguna de nueva. Me acuerdo de una anécdota ocurrida con un llaüt que había sido construído por “es vell s’Albercoq”, un “mestre d’aixa” muy bueno. Y es que aquí teníamos a uno que siempre encontraba “ossos a sa carn”. “S’Albercoq” había construido un precioso llaut de treinta y dos palmos para un vecino de la población que causó la admiración de todo el mundo. Pero aquel hombre, que lo estuvo revisando minuciosamente desde todos los ángulos, dijo que los “escaloms” eran demasiado delgados. Y resultó ser cierto, aunque nadie lo había observado hasta entonces: se habían utilizado los mismos que se usan para una embarcación de veintiocho palmos. Y es que cuanto más eslora tienen las embarcaciones, más grandes han de ser los remos y por ello, los “escaloms”, tienen que ser igualmente reforzados guardando la misma proporción”.

LA TRAMONTANA BARRIENDO LA ZONA

LA TRAMONTANA BARRIENDO LA ZONA. AL FONDO, LA MOLA DE FORNELLS

Preguntando si los pescadores de Fornells se encuentran con mayores dificultades por causas meteorológicas con respecto a los de Ciutadella y Maó, Neni fue categórico: “Pues para mí es mucho peor de pasar un temporal estando frente a S’Esperó que frente a Fornells. Precisamente ese mismo día y con el mismo temporal, a mí me cogió en aquella zona, porque yo residía en Maó. Entonces me encontraba a bordo con Vicent Pallicer al través de Sa Mesquida y habíamos levantado ya un “tomb” de redes. Estaba viendo como cambiaba el cielo, mientras Pallicer baldeaba la cubierta de los deshechos de las redes recién recuperadas, de modo que tomé la determinación de dar motor e irnos hacia tierra cuanto antes, poniendo rumbo hacia el Cap Negre”. Pallicer que hasta entonces no se había dado cuenta de nada le preguntó si pensaba levantar otro “tom” y Neni le contestó que podrían dar gracias si eran capaces de llegar hasta S’Esperó. “Nos vino justísimo. Cuando llegábamos teníamos que protegernos con las tapas de los “escotillons” porque el agua volaba de todas partes. Seguidamente nos vino encima una fortísima granizada, tan fuerte, que yo me tuve que poner la tapa sobre la cabeza, mientras él se protegía con una lona. Los golpes eran tan violentos que durante los días siguientes nos notamos en el cuerpo como si nos hubieran estado apedreando. Cuando vine por Fornells, Toni Tanu me contó lo que les había sucedido a ellos. Yo le dije lo que me habían enseñado a mí cuando comencé a navegar y es que siempre hay que desconfiar del poniente y del mestral, incluyendo con ellos al llebetx. Porque ésta es otra: recuerdo un día en que me encontraba en la Cala de Biniancolla transportando una red desde el varadero hasta el “magatzem”. Nos entró un chubasco de llebetx con tanta violencia e intensidad que tuve que dejar la red y alargarme en el suelo porque me resultaba totalmente imposible mantener la verticalidad, permaneciendo así durante un buen rato. Aquel día se perdió un pescador en Ciutadella”.

De todas formas, los pescadores de Ciutadella y Maó casi siempre tienen la posibilidad de ir a trabajar a la costa sur si no pueden hacerlo en sus zonas habituales y, sin embargo, los pescadores de Fornells se encuentran con la bocana cerrada y muchos días del año tienen que mantener sus embarcaciones amarradas sin poder hacerse a la mar. Es sin duda una clara desventaja frente a las otras dos cofradías de Menorca y la prueba está en que, mientras en el mercado de pescados los puestos de los dos primeros ofrecen su producto al comprador, las paradas de los pescadores fornellers suelen permanecer cerradas. En el transcurso del año son numerosos, demasiados, los días en que deben permanecer en paro meteorológico. Días que son totalmente perdidos aunque siempre les quede el recurso de dedicarlos a reparar sus aparejos o a efectuar labores de mantenimiento. Podría decirse que existe una cierta semejanza con lo que sucede entre las embarcaciones menores y las de arrastre. Existen muchos días en que tienen que permanecer en puerto y, sin embargo, las barcas de arrastre salen a la mar a trabajar perfectamente. Este verano se ha caracterizado por la presencia de muchos días de tramontana, aunque en opinión de Bià Sans no han alcanzado la intensidad necesaria para que les perjudicara en demasía.

Ya se ha citado anteriormente que los pescadores de Fornells se tenían que complementar las jornadas de invierno en que no podían hacerse a la mar por mor de los temporales, con otras actividades. Y si se ha hablado de la confección de alpargatas, de “Correr vorèra” y recolectar “camamil.la” o resina, también se encontraban entre ellas hacer “puu”, recolectar “pampalònies” y “fer joncs y canyes per ses nanses”. “Neni” describe el sistema que utilizaba para ir a hacer el “puu” acompañado del abuelo de Bià Sans, “en Jaume Biela”. Para quien lo desconozca, el “puu” consiste en una especie de crustáceo de muy reducido tamaño que se utilizaba para pescar las “saupes” con caña. Para capturarlo se preparaban unos haces de red de cáñamo (de otro material parece ser que no servía), en cuyo interior se colocaba un trozo de pescado, boniato (por extraño que parezca), o carne, colocándose sobre los algueros situados en aguas encalmadas. Al cabo de cierto tiempo se sacaban y sacudían sobre un balde, donde caían los que permanecían en la red. “Desde Es Racó des Llenyam, por poniente, hasta el Cap de Favàritx, por levante, todos los rincones eran buenos para hacer el “puu”. También solíamos recolectar “herbe”, que igualmente resultaba excelente para pescar, una vez picada, ya que se utilizaba como brumeo para las “saupes”. Se recogía rascando las piedras que se encuentran sumergidas bajo unos 20 centímetros de agua utilizando una rasqueta especial. Esta rasqueta llevaba acoplada una bolsa a la cual iba a parar el producto y cuando estaba casi llena se vaciaba en un cesto que cargaba uno de nosotros a la espalda”. En cierta ocasión en que habían ido en su busca a Es Passet (Cap de Cavalleria), “Neni” se había encargado de transportar el cesto. Pero sucedió que de improviso resbaló, y tanto él como el cesto fueron a parar al agua. “Menos mal que no lo llevaba sujeto al cuerpo, puesto que me hubiera ido al fondo con él. Cuando estuve fuera lo recuperamos sin ningún problema. La verdad es que yo prefería hacer el “puu” pero para encontrar aguas tranquilas a veces tenías que hacer largos recorridos por la costa. Si era capaz de llenar una “escudella” de ellos ya me daba por satisfecho”. Por lo que se refiere a la actividad de recolectar “pampalònies”, sus compañeros de aventuras solían ser los hermanos “Es Bessons”: “Se trata de otra costumbre que se perdió y que algunos me decían no hace mucho que deberíamos recuperarla”. Como se ha citado anteriormente, la “pampalònia” es un tipo de flor muy vistosa (Paeonia cambessedesii), que únicamente crece en zonas pedregosas de tipo calizo. Alcanzan un tamaño entre 30 y 50 cm. y suelen florecer entre marzo y abril. En la Mola de Fornells (Toni ha escuchado comentar en varias ocasiones que es el único lugar del levante español donde se encuentra), crece en su cara norte, en la parte baja del acantilado más o menos en la vertical de donde se encontraban emplazados los cañones de la antigua batería. “En el pueblo estaba solicitada para adornar las casas. Nosotros la cortábamos cuando aún no se encontraba abierta del todo y, al ponerla en agua, se abría completamente siendo una flor muy bonita. Tenía unos colores preciosos entre los que predominaban el anaranjado y el azul. Algunos amigos quieren que vayamos un día a buscarlas para poder conocerlas pero, la verdad, es que yo no estoy ya para estos trotes. Puede que les acompañe, pero lo que tengo muy claro es que no bajaré el acantilado”. En la zona en la cual florecen suelen pastar las cabras salvajes que pertenecen a la finca de S’Albufera de Es Mercadal, porque existe suficiente tierra como para que se formen porciones de prado entre las rocas. Cuando Toni era joven, él y sus amigos solían bajar fácilmente por un senderito conocido como “es devallador”. También se podía acceder desde abajo, dando la vuelta a Na Ponça y pasando por encima del istmo de Sa Punta des Morters, aunque el trecho a recorrer resultaba más largo. “Me acuerdo de que la última vez que fuimos a recogerlas fue con el padre y el padrino de Bià (“Es Bessons”), porque solíamos ir a pescar mucho juntos por aquella zona. Aquellas flores eran bonitas de verdad. Y, como he dicho, florecían más o menos por Semana Santa-Pascua de Ramos”.

Toni “Neni” se acuerda de que en cierta ocasión el padre de “Nan”, otro pescador, le invitó a él y a otro amigo a fumar. “Neni” lo rechazó diciendo que ellos no fumaban, a lo que el hombre se los quedó mirando asombrado y sin creérselo. “Nan” solía ir a comprar cigarrillos hechos con “batafaluga” (anís), que vendían las turroneras para los chicos, y se iba fumándolos hasta su casa. Su madre cuando le veía le llamaba inmediatamente al orden, mientras su padre lo defendía. Ciertamente por aquellos años no se hablaba tanto como en la actualidad sobre el tabaco ni sobre sus efectos sobre el organismo. “Yo a mi padre le ví siempre fumar en la cama. Y por ello en mi casa era normal encontrar las sábanas con cuarenta parches que tapaban las quemaduras que provocaba fumando los cigarros que liaba con tabaco de “pota”. La “pota” suele contener ramitas que arden como mechas y suelen soltar espiras. En ocasiones se quedaba medio dormido y, o le caía la ceniza o le saltaba una de aquellas espiras tras lo cual el hombre saltaba de golpe, pero el agujero ya estaba hecho”.

NASA EN MINIATURA CONSTRUIDA POR TONI. OBSEQUIO PERSONAL DE "NENI" COLGADO COMO ADORNO EN EL DESPACHO

NASA EN MINIATURA CONSTRUIDA POR TONI. OBSEQUIO PERSONAL DE “NENI” COLGADO COMO ADORNO EN EL DESPACHO

Precisamente otra de las actividades que se llevaban a cabo los días en que no salían a navegar era “anar a fer joncs”. Los “joncs” (juncos), los utilizaban para construir artesanalmente las “nanses”. Los pescadores iban a buscarlos a pie, internándose en el predio de Tirant, hasta llegar al Prat, donde crecían libremente, o también hasta el Prat del predio de Son Saura, que limita con la actual urbanización de Son Parc. La época propicia era el verano y regresaban bajo el sol de mediodía con un gran haz cargado sobre el hombro. Otras expediciones servían para recolectar las cañas y el “aladern”. Los juncos se ligaban todos juntos por uno de sus extremos en lo que se conoce como el “monyo”, porque se asemeja a la ligada que se hace con el cabello de una mujer para hacer la cola. Para cada “nansa” se utiliza un número determinado de juncos, los cuales se contaban a pares: 21 pares y medio (43 juncos). La caña, por su parte, era partida longitudinalmente con una navaja especial y se obtenían 4 partes iguales las cuales se abrían nuevamente para obtener 8 tiras. Seguidamente se tomaba el “monyo”, que se sujetaba con la ayuda de ambas rodillas y se iban insertando transversalmente las cañas, haciendo una helicoide con ellas, uniéndolas una a continuación de la otra hasta lograr dar al conjunto la forma de campana característica. La caña queda por encima del junco y, ambos, son unidos mediante trozos de piola (cordón). Por otro lado se habrá construido el llamado “enfàs”, que es el cono que supone la única abertura del aparejo, que servirá de entrada para la presa y que, al propio tiempo, le impedirá volver a salir una vez dentro. El aro más grande al cual se unen los extremos de todos los juncos utilizados en la otra parte, está construido con “aladern” (parecido al “ullastre”, aunque más fino) y recibe el nombre de “barbada”. De ahí hasta la boca del “enfàs”, los círculos se van cerrando estrangulando con ello la entrada, que quedará rematada con los extremos de todos los juncos, siendo montada al revés, es decir, con el cono hacia dentro de la “nansa”. La acción de unir el “enfàs” con el resto de la “nansa” se denomina “enfassar”. Este tipo se utilizaba para capturar la langosta y se diferenciaba de otra que, en lugar del “monyo” estaba rematada por una trampilla que se abría y por la cual se podía pasar la mano para coger la presa, que se denominaba “peixetera” o “cantarera”. Estos aparejos eran cebados en su interior para atraer a las presas. Durante su estancia en Maó, “Neni” solía introducir restos de vísceras del matadero, el cual se encontraba ubicado en el mismo puerto. “Tenía un amigo carnicero que me solía dejar los restos en “ca’n Rabel·lo”. Aquí, a Fornells, también solía venir a pescar uno de Ciutadella llamado Abelardo, que utilizaba como cebo crías de “baldritxa”, las cuales iba a buscar con la ayuda de una “fura” (hurón) por los acantilados de la Mola. Después las desplumaba y partía. Las langostas se tiraban ávidamente a por todo tipo de restos carnosos. Tenía un compañero que se llamaba Pelegrín el cual caló situándose con Monte Toro por San Felipe, más o menos por delante de la Cala de Sant Esteve, poniendo como cebo un “cagaire” (cormorán) que encontró muerto y con el cual sacó dos langostas que hicieron tres kilos. El pájaro ya estaba “molt fotut” (muy fastidiado), pero se ve que las langostas se tiran a todo”. A propósito de lo dicho sobre la voracidad de las langostas, Toni manifiesta que son muchas las especies marinas que se tiran a todo tipo de restos que le puedan servir como alimento. “Hace muchos años hubo una epidemia que afectó a los perros de la población, de forma que se tuvieron que sacrificarlos a todos. Y se tiraron al mar. Al cabo de cierto tiempo se comenzó a pescar bastante “gerret”, aunque al otro lado del puerto, pero la gente le llamaba “gerret de ca” (“gerret”, caramel de perro).

Antonio Riera, siempre Toni “Neni” para los amigos. Una persona pero que muy especial. Hombre de mar hasta la médula, agradable, hablador, siempre con la sonrisa marcada en su rostro, con la gorra ladeada y dispuesto a “fer un pon-pon” (tomar una ginebra). Muchas veces nos encontramos y hablamos largamente. Y es que nos caíamos bien y nos entusiasmaba la mar. Con él a solas o acompañados del bueno de Jesús Pascual, o de Miquel Petrus, que será nuestro próximo protagonista. Hoy ninguno de los tres se encuentra ya con nosotros. Las aguas en que pescan actualmente se hallan muy lejos, en otra dimensión. Sin embargo, sus amenos relatos, su entusiasmo y su recuerdo permanecerá siempre en su querido Fornells, entre sus convecinos, entre sus amigos… Créanlo: es su mejor homenaje.

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EL CABALLO DE PURA RAZA MENORQUINA AL PRIMER PLANO DE LA INFORMACIÓN

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De la COORDINACIÓN de este Portal:

Alfonso Buenaventura Pons (Es Castell, Menorca, 1947), Patrón de yate y miembro de la Real Liga Naval Española. Ex-directivo del Club Marítimo de Mahón y Juez y Jurado de Regatas.

* Desde el año 2000 fue colaborador semanal del diario “Menorca” en temas marítimos y portuarios, realizando en la actualidad colaboraciones especiales.
* También ha intervenido y colaborado puntualmente en otros temas típicamente menorquines, así como en otras publicaciones, programas de TV y radio.
* Desde septiembre de 1988 hasta diciembre de 2000 dirigió la revista interna de difusión social del Club Marítimo de Mahón, con una aparición de cadencia trimestral.
* El año 1995 publicó una base de datos en dos tomos sobre la historia de los primeros 50 años de la veterana sociedad náutica mahonesa.
* El año 1995, con el soporte de la Fundació Rubió Tudurí Andrómaco, publicó una recopilación histórica sobre el Lazareto de Maó bajo el título “El Lazareto de Mahón. Notas históricas”.
* El año 1998 publicó la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca”, de la cual se agotaron sucesivamente dos ediciones.
* El año 1998 publicó la obra “Menorca. Atlas náutico”, que ofrece toda la información necesaria para aquellos que se dedican a navegar por la costa de Menorca.
* El año 2001 publica la guia “La Reserva Marina del Norte de Menorca”, que da a conocer las singularidades de esta particular zona marítima menorquina.
* El año 2002 publica la guía y el plano para el visitante de “La Albufera des Grau” en castellano, catalán, inglés y alemán.
* El año 2003 aparece la obra sobre el caballo, la gallina, la oveja y la vaca menorquines, bajo el título de “Las razas autóctonas de Menorca”.
* El año 2004 lanza un nuevo “Menorca. Atlas náutico”, que incluye una guia para el submarinismo y nuevas informaciones y portulanos del cual se irían agotando sucesivamente dos ediciones.
* En el mes de abril de 2007 aparece la obra “Menorca. Caballos y tradición popular”, con referencia al mundo del caballo y su protagonismo en las fiestas menorquinas, de Sant Joan en Ciutadella, y patronales en el resto de las poblaciones.
* Finalizando ese mismo año publicaba el primer volumen de la serie “Menorca. Illa, mar i homes” (en catalán)
* El año 2008 publica la historia de la agencia de consignaciones marítimas Federico J. Cardona Trémol S.L., bajo el título de “125 años de ilusiones compartidas 1883-2008″.
* El mismo año publica la guía “Ciutadella de Menorca. Las fiestas de Sant Joan”. * El mes de abril aparece la tercera edición de la obra “Menorca. Atlas náutico, totalmente actualizada. * El 2008 publica el 2º volumen de la colección “Menorca. Illa, mar i homes”.
* El 22 de febrero de 2010 inicia un blog en la web bajo el título “Menorca, isla sin par” (bilingüe catalán-castellano) destinado a publicitar la isla de Menorca en todas sus vertientes poniendo un punto y final a su etapa de publicación de libros divulgativos.
* El 18 de enero de 2011 publica la 3ª edición de la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca” notablemente ampliada que, por primera vez, se presenta de forma digitalizada y colgada en la red en forma de blog actualizable bajo el título “Naufragios y pecios de Menorca”.
* El 23 de enero de 2011 inicia la publicación en forma de blog colgado en la red y bajo el título “Puerto de Maó, siglo XX” de todos los artículos (aumentando el número de imágenes antiguas que en su momento no pudieron incluirse en la edición de papel por razones de espacio), que fueron apareciendo durante casi diez años en las páginas del diario insular “Menorca”.
* El 21 de junio de 2011 abre un nuevo blog con el título “La cuina de vorera” (La cocina de ribera), también bilingüe catalán-castellano, destinado a recoger todas las recetas recogidas de pescadores y gentes de todos los ambientes durante la etapa de entrevistas efectuadas en sus diferentes publicaciones a fin de ponerlas a disposición del gran público.
* El 4 de agosto de 2011 inicia un blog fotográfico bajo el título “Menorca a través de tus ojos”.
* El 18 de marzo de 2012 cuelga en la red la 4ª edición de su derrotero “Menorca. Atlas náutico”. Notablemente ampliado en cuanto a contenido, imágenes y digitalizado, será actualizable por suscripción gratuita para el navegante interesado y la idea es convertirlo en la guía náutica total de la isla de Menorca.
* La importancia que va adquiriendo el portal “Menorca Atlas Náutico” obligará a ir cerrando paulatinamente los blogs “Menorca, isla sin par”, “Menorca a través de tus ojos”, “La cuina de vorera” y otros proyectos. Sus contenidos se irán incorporando al nuevo portal o quedarán en archivo pendientes de una futura ubicación.
* En abril de 2012 cuelga en la red el contenido de la obra “El Lazareto de Mahón” notablemente ampliado.
* A finales de 2012 se abren las páginas en Facebook de “Menorca Atlas Náutico”, “Naufragios y pecios de Menorca”, “Puerto de Maó, Siglo XX” y “Lazareto de Mahón”, y en Tweeter, “Menorca Atlas Náutico”.
* 2014 supondrá el año de la reconversión: “Menorca Atlas Náutico” aglutina a “Naufragios y Pecios de Menorca” y “Puerto de Maó, Siglo XX”, quien a su vez ha hecho lo mismo con “Lazareto de Mahón”, aunque conservando todas sus estructuras originales y dejando tan sólo una única página -tanto en Facebook como en Tweeter- que anuncia todas las actualizaciones: “Menorca Atlas Náutico”. La razón: en 28 meses se han rebasado las 67.000 consultas. Al propio tiempo se da paso a la ampliación de colaboradores tanto gráficos como de artículos adquiriendo la guía la categoría de “comunidad“.
* 2015 lo será el de su expansión con una total remodelación de su estructura, con adición de nuevos bloques y secciones una vez superadas las 120.000 consultas.

* El 22 de abril de 2016, rebasadas ya las 175.000 consultas, tanto el PORTAL como la TOTALIDAD DE PUBLICACIONES del autor, ALFONSO BUENAVENTURA PONS, son cedidas por el mismo a todos los efectos a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO.

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De la TITULARIDAD de este Portal: 

Desde el 22 de abril de 2016, tanto este PORTAL NÁUTICO como las diferentes obras publicadas por el mismo autor, amén de otra serie de documentos históricos e imágenes debidamente relacionados, fueron donados así como cedidos sus derechos de explotación a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO, siendo desde entonces esta entidad la única titular y gestora de los mismos.

LA ISLA DEL AIRE OBSERVADA DESDE PUNTA PRIMA (Imagen de RAQUEL ARIÑO)

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Foto A. BUENAVENTURA FLORIT

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Imagen de A. BUENAVENTURA FLORIT

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