DELIO PRETO TORRES

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LOS PESCADORES Y SU MUNDO

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Delio Preto Torres

(Es Castell)

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DELIO PRETO EL DIA DE SU ENTREVISTA EN LA TERRAZA DEL RESTAURANTE "CA'N DELIO"

DELIO PRETO EL DIA DE SU ENTREVISTA EN LA TERRAZA DEL RESTAURANTE “CA’N DELIO”

Delio Preto Torres nació en Es Castell en 1924, por lo que en el momento de realizar esta entrevista iba ya a por los setenta y seis años. Era un antiguo pescador, de trato muy agradable y que me ofreció toda clase de detalles para llevarla a cabo. Hombre sincero y franco, como muchos otros de los que traemos a estas páginas, desgraciadamente no se encuentra ya entre nosotros. Sentados una tarde en Calesfonts, en la bonita población de Es Castell, me fue explicando detalles de su vida profesional y anécdotas ocurridas en la mar con todo un lujo de detalles, prueba precisamente de toda una vida dedicada al medio.

Había comenzado explicándome que, por su nombre, había sido protagonista de una anécdota tras la Guerra Española, y fue que al tener que darle la tarjeta de racionamiento, el oficial que se encontraba al frente de la oficina correspondiente le dijo que el nombre de “Delio” no le servía ya que no era un nombre como los demás y desde entonces el hombre pasó a llamarse “Domingo”. Cuando no hacía todavía muchos años se autorizaron los cambios de los nombres y apellidos por aquello de la normalización lingüística y demás, pensó que si en su casa había sido siempre “en Delio” ¿por qué no iba a ponérselo correctamente también en su documentación?. Y así lo hizo: “Yo he sido una persona que ha tenido dos nombres diferentes…” solía manifestar sonriendo.

Reconoce que se hizo pescador profesional por las circunstancias de la vida. Tenía antecesores en la profesión de pescador en sus tíos, abuelo y, parece ser, también su bisabuelo, así como de “mestres d’aixa” muy reconocidos. Había terminado la guerra, no había dinero, el padre había sido detenido por los nacionales y el abuelo, “en Domingo Penxu” como era conocido en Es Castell, tenía una barca en la que pescaban dos de sus hijos, Miquel y Ramiro, a la sazón tíos de Delio, un “bot culé” que llevaba por nombre “Francisco” y que medía 28 palmos de eslora. Una embarcación que pasaría con los años a ser propiedad de uno de sus tíos, Ramiro, otro tiempo muy popular en Calesfonts. “Pero un día “es conco” Ramiro lo acortó porque lo encontraba excesivamente grande y cuando hubo hecho su “obra” le dijo a mi padre que le hiciera una popa nueva. Mi padre quedó consternado y le dijo que cómo iba a hacerle una popa si las tablas de los costados habían quedado todas descompensadas…”.

Delio, por causa de hallarse detenido su padre, tuvo que tomar a su cargo tanto a su madre como a sus dos hermanos menores, por lo cual, se enroló en la barca de la familia para dedicarse a la pesca y así poder mantenerles. En sus primeros años no encontró dura la profesión de pescador, de la cual se jubiló al cumplir los sesenta y dos años. “Y éso había que achacarlo a la edad. Yo era muy joven, la pesca era abundante -no como sucede actualmente- y no me cansaba nunca. Como todos los de Es Castell, nuestros aparejos eran los palangres, aunque los inviernos echábamos mano del volantín, puesto que sentíamos cierta adversión por los temporales que se levantaban muy fácilmente en esa estación del año, los cuales podían deteriorar fácilmente los aparejos profesionales debido a lo precario de los materiales empleados para su confección”. Aquel bote llevaba incorporado un pequeño motor de construcción mallorquina, un “Cañellas”, de un solo cilindro, que sería el primero de Calesfonts en adoptar tal avance tecnológico y de este modo poder hacerse a la mar con mayor seguridad.

CALESFONTS, CON LAS BARCAS DE LOS PESCADORES

CALESFONTS, CON LAS BARCAS DE LOS PESCADORES

La campaña anual de pesca se encontraba dividida en cuatro épocas claramente diferenciadas, tanto por las pesqueras como por los aparejos a utilizar. Iban de “raors” desde septiembre hasta rozar casi la Navidad. Le seguía una temporada de volantín o de palangre muy cerca de la costa puesto que coincidía con los meses más propensos a los temporales. A continuación venía la temporada “d’aubes”, saliendo al atardecer a capturar el cebo, normalmente calamar, para cebar los palangres que tenían que colocarse a la madrugada siguiente. “Recuerdo que un día estábamos preparando el calamar que habíamos salido a pescar para utilizarlo como cebo, en la Punta de Calesfonts. Se nos acercó una señora y nos preguntó qué hacíamos a aquellas horas. Yo le contesté en broma que aquellas mòlleras que iba ella a comprar a primera hora de la mañana a “sa plaça”, nosotros las comenzábamos a capturar a aquellas horas de la tarde. La señora se quedó admirada puesto que se pensó que nos pasábamos toda la noche trabajando en la mar…”. Y cuando comenzaban los fuertes calores del verano, en que el “brut” perdía sus cualidades, comenzaban a emplear los palangres grandes (en realidad, “d’anfós”). Por aquellos años no iban de langostas, aunque pescando “d’aubes” siempre solían capturar alguna puesto que por aquellos años era un crustáceo que existía en abundancia. Mucho más que en la actualidad y en lo que cerca de la costa se refiere (entre los 25 y 50 metros de profundidad) “Cogíamos alguna, aunque había días en que salían cuatro o cinco. Pues éstas eran las diferentes temporadas en que dividíamos nuestras jornadas de pesca cada año. Nosotros llevábamos muy pocos palangres puesto que durante la época en que yo fui a pescar con mis tíos no había dinero para adquirirlos y, también, existía escasez de materiales para poder confeccionarlos”. El llamado “es corder de Baixamar” era pariente nuestro y solía hacernos alguno pero, como teníamos poco dinero para pagarle, la verdad es que fueron más bien pocos. Llevábamos a bordo siete u ocho de los grandes, que por aquel entonces se elaboraban utilizando cáñamo”. (Un palangre tenía 5 “fils” (hilos) unidos y cada “fil” suponían 25 brazas, es decir, que el aparejo completo tenía unos 200 metros de longitud.

La labor del “corder” era la de fabricar los “fils” utilizando hebras de cáñamo, con la holgura suficiente para que aunque se mojara no llegara a quedar completamente duro, como un alambre, una característica muy habitual en este material). “Hubo una época en que los tuvimos completos, que fue precisamente cuando eran completamente nuevos. Cuando íbamos de meros los calábamos entre las rocas porque aquel era su habitat natural y, claro, con el roce se rompían muy fácilmente, y si empezabas con un palangre de 14 ó 15 anzuelos, llegaba un momento en que solo te quedaban 7”. Pero como había bastantes meros, siempre pudieron ir defendiéndose ya que ellos mismos se encargaban de proceder a su venta en la pescadería de Maó. A partir de septiembre, en que comenzaban a pescar “raors”, la venta se realizaba por las tardes y por las calles de Maó. Este sistema estaba motivado porque ellos calaban sus aparejos en la costa sur, la cual ha sido siempre la más propicia para el “raor”. Si el tiempo era bueno regresaban a puerto a tiempo pero, si había tramontana, dejaban la barca en Binibeca, Es Canutells o Binisafúa, donde les quedara más cerca. Saltaban a tierra y, a pie y sobre los hombros, traían el producto de la pesca hasta la ciudad para inmediatamente proceder a venderlo. Se trataba de un trabajo que, según él, no les les resultaba muy cansado puesto que se encontraban perfectamente acostumbrados “Aquél era un pescado muy bueno pero que resultaba difícil de vender precisamente por su precio, porque era caro y el dinero escaseaba en todos los bolsillos”.

El volantín, como todo el mundo conoce, no es un aparejo profesional, sino más bien de aficionado, aunque,, raro es el pescador que no lo ha utilizado en alguna ocasión. Delio lo solía emplear bastante, como en la época en que iban de “quisones” (especie de tamaño pequeño de la familia de los escualos), que eran bastante abundantes y solían acercarse muy a tierra. Recuerda una zona en que el fondo es “blanc”, es decir, de arena el cual se encuentra situado junto al Cap Negre, en donde este escualo solía reunirse en grandes grupos, llegando a nadar prácticamente en la superficie. Uno de sus tíos ideó un sistema para poder pescarlas mediante un volantín que no llegase hasta el fondo porque la forma habitual era la misma de los serranos: soltar un sedal con varios anzuelos y un plomo que lo arrastraba hasta el fondo. Los anzuelos salían de unos mimbres construidos utilizando “vidauba”, que se montaban transversalmente al bajo de la línea. Esta variedad de volantín se conoce como “xirimbec”, aunque su uso actualmente se ha restringido a las grandes profundidades. Se explican estos detalles puesto que las “quisonas” eran muy astutas y había que encontrar siempre la forma de estimularles a picar los cebos puesto que si detectaban el hilo ya no había nada que hacer. El sistema del pariente de Delio impedía que el plomo llegara hasta el fondo y, de éste, salía una “cameta” con otro anzuelo cebado el cual resultaba ser el más solicitado por los ávidos escualos. Existían otros pescadores que tambien solían capturarlas aunque no con la facilidad de ellos, precisamente, por la habilidad que llegaron a conseguir sobre todo frente a los ejemplares más grandes y por tanto, más astutos. En la actualidad se sigue fabricando comercialmente este tipo de aparejo, aunque el mimbre ha sido sustituido por el acero inoxidable y su uso se limita más a los grandes fondos en los que hay que asegurarse de que las carnadas lleguen perfectamente presentadas a su destino y no se hayan enganchado en la línea madre o desintegrado por el camino. Además de esta circunstancia, permitía que el número de anzuelos (6, más 1 situado en el plomo) quedara en un tramo de línea fácilmente abarcable con ambos brazos del pescador. El volantín con las “cametas” montadas sobre la misma línea se utiliza para fondos de menor importancia (hasta unos 60 m. en que no está tan dominado por las corrientes). Delio, al contrario que muchos de los pescadores entrevistados, nunca actuó de “bolitxer”, aunque sí se sirvió de ellos para poder tener siempre a mano, cebo fresco.

DELIO PROVENÍA DE UNA FAMILIA DE PESCADORES

DELIO PROVENÍA DE UNA FAMILIA DE PESCADORES

Continuando con el historial de sus embarcaciones, el padre tenía comenzada la construcción de otra de nueva cuando sobrevino la guerra, trabajos que quedaron interrumpidos por espacio de siete largos años ya que, como se ha mencionado, estuvo retenido por los nacionales. La barca se encontraba depositada dentro de una “cova” de Calesfonts propiedad de la familia, hasta que un día pudieron reanudarse los trabajos y quedó totalmente terminada, recibiendo el nombre de “Cales Fonts” “Esta barca se vendió a una familia catalana apellidada Rahola, por mediación de un mariscador local, que había hecho la gestión y se la llevaron hasta la Costa Brava. No hace mucho estuve intentando seguirle la pista pero supongo que ya fue desguazada porque no pude llegar a encontrarla. Llevaba incorporado -cuando se vendió- un motor Bellot que funcionaba cuando quería”. El padre también le construyó un pequeño bote de 20 palmos parecido a un “gusi” con el cual iba a pescar en compañía de otro pariente al que denominaban cariñosamente como “es conco” por las aguas cercanas a la bocana. Lo estuvieron utilizando mientras el padre llevaba a cabo la construcción de otro mayor, que volvería a llevar el nombre de “Cales Fonts”, de 24 palmos de eslora, al que instalaron un motor Joyca, de fabricación mahonesa, obra de la empresa Jover y Carreras. A uno de los propietarios, el señor Jover, Delio le había comentado un día la posibilidad de que llegara a fiarle uno de sus motores, el cuale irían pagando poco a poco. Al hombre, que conocía a la familia desde siempre, le pareció perfecto, pero le puso como condición que, mientras se celebraban las fiestas patronales de Es Castell, Sant Jaume, lo tuvieran expuesto sobre un banco o mesa a disposición del público para que pudieran observarlo plenamente. “Aquel motor costaba quince mil pesetas y era bastante bueno”. Se lo dije a mi padre, la idea le pareció igualmente perfecta y lo compramos de esta forma. Estuve trabajando con el nuevo bote durante bastante tiempo, navegando con el “es conco” durante mucho tiempo y, además, con la gran suerte de que pescábamos mucho porque en él encontré un magnífico maestro. Aquel hombre sabía mucho sobre la mar, la pesca y, de tener que poner en marcha cualquier tipo de proyecto, se pensaba mucho las cosas antes de llevarlo a cabo. Nuestra zona de trabajo estaba comprendida entre la Punta de na Rabiosa y las Illes d’Addaia y no sobrepasábamos nunca esos límites puesto que significaba entrar en las zonas naturales de trabajo de los pescadores de Fornells (por el norte) o de Ciutadella (por el sur). No es que nos estuviera prohibido, puesto que las relaciones eran muy buenas, pero lo respetábamos con toda su lógica. Aquella barca todavía navega, aunque ha cambiado de nombre y se amarra en Cala Corp”. Delio manifiesta que la vuelta a Menorca pescando no llegó a darla nunca, aunque en plan familiar y “romandre” la completó a la edad de siete años. No hace mucho tuvo en sus manos una fotografía tomada durante aquellos días, precisamente en la Cala de Santa Galdana. La mayoría de los que salen en ella ya no están, puesto que Delio era mucho más joven que todos ellos. A aquel bote le siguió otro, el definitivo, un palangrero de nueve metros de eslora, el “Cales Fonts 2º”, actualmente de baja y que permanece expuesto en el museo de Robadones”. Cada vez que se construía una embarcación mayor, la familia excavaba el interior de la cueva adaptándola, para que pudiera albergarla perfectamente durante todo el período de construcción. Esto se llevó a cabo con las dos últimas, porque el “Menorquín”, la embarcación dedicada hasta hace muy poco al tráfico de turistas por el interior del puerto, se construyó al aire libre, al fondo de Calesfonts.

CALESFONTS AÑOS 80

CALESFONTS AÑOS 80

Sobre los aparejos más habituales la familia de Delio utilizaba cuatro tipos diferentes de palangre según fuera la época, en que se dedicaban a una captura específica y la zona a trabajar. Así estaban los palangres grandes “Nosotros casi siempre pescábamos dentro del alga puesto que la costa tiene a su alrededor una línea de roca; le sigue otra de alga, tras la cual viene “es fort” y nosotros solíamos pescar tocando desde estas rocas hacia tierra, quedando sobre la franja de algueros, porque teníamos pocos palangres y también mucho miedo a perderlos. Tampoco calábamos muy próximos a tierra puesto que la experiencia nos había enseñado que si había mar, los meros salían de sus “caus” en busca de comida y por ello solíamos calar sin entrar en la zona rocosa”. A finales de septiembre o, según como llegara el tiempo, cogían los palangres de “raor”, armados con anzuelos del nº 18. Desde poco antes de Navidad hasta que llegaba la temporada de “ses aubes” utilizaban los llamados “de serrano”, con anzuelos del nº 16 hasta el 19. Y durante la época de “s’auba” los anzuelos eran del nº 13, un poco más grandes porque les permitían coger tanto una “mòllera”, como una “càntara” o un “pagret”, es decir, que utilizaban cuatro tipos de palangre diferentes: “d’auba”, “de serrà”, “de raor” y “es d’anfós” o “gran”.

Delio ha pasado en la mar varios temporales, aunque asegura que una de sus características más identificativas ha sido la de ser bastante precavido, una cualidad heredada de sus antecesores y que aprendió de sus primeros maestros en la actividad pesquera. Pero hubo uno que le marcó tras haberle sorprendido por exceso de confianza. Era aquella una temporada que, junto con Delio, iban a pescar “es conco Ramiro” y un hermano de Leandro Preto, otro de los protagonistas de esta obra. Navegaban entonces a bordo del palangrero “Cales Fonts 2º”, que en esas fechas llevaba instalado un motor Larran de 10 CV. “Un motor que no “reculava mai”, puesto que era muy duro”. Iban de palangres grandes por la zona del Cap de Favàritx y, tras salir de Cales Fonts de buena mañana, trabajaban en la mar todo el día, la noche y, a la mañana siguiente se ponían a rumbo nuevamente hacia Es Castell. “Pero aquel día la mar era de xaloc y nosotros decidimos trabajar detrás de Favàritx, es decir, en su fachada norte, donde imperaba la “redosa” (calma)”. Poco después el viento rolaba a Migjorn (sur) y la estancia se hacía todavía más apacible, situación que se prolongó por todo el día y la noche. Sin embargo, ten la fachada sur del Cap de Favàritx no ocurría lo mismo, puesto que había marejada y fuertes corrientes. A la madrugada Delio hizo ademán de que había que prepararse para emprender el regreso a puerto. Los otros tripulantes le dijeron que había bastante mal tiempo establecido, a lo que él respondió que posiblemente se tratara de corrientes adversas, de las que sobre las puntas de los cabos suelen formarse cuando hay viento. Y terminó por convencerles, tan seguro estaba, y partieron hacia Maó. “Doblamos el cabo y nos encontramos con cada “escarxell” que allí no valía Sant Pere. Yo confiaba en que todo se redujera a las corrientes, más violentas de lo habitual, pero de éso, nada. El sur y el xaloc habían ido aumentando de forma considerable, formando olas encontradas. A pesar de ello nosotros continuamos navegando hasta lograr, tras no pocos esfuerzos y bandazos, ganar s’Esperó. Yo no había llevado nunca tanta agua embarcada dentro de la barca ya que había un palmo y medio en la sentina. Y no terminó aquí el problema puesto que habíamos pensado que al doblarlo nos íbamos a encontrar por fin una zona de calma ¡y aquello fue lo peor!. Atravesarlo resultaba inacabable”. En las inmediaciones de Es Pouet (Es Castell) se enciontraron con un pescador aficionado que les había estado observando. El hombre les dijo que de no verlo personalmente, no se hubiera creido que ellos habían navegado en medio de aquel gran temporal que estaba establecido. “La verdad es que fue un fallo por nuestra parte porque podíamos habernos quedado perfectamente refugiados en el Port d’Addaia y volver cuando todo hubiera pasado. Aquél fue un temporal de mucho viento y muchísima mar, aunque el cielo se mantuvo en todo momento perfectamente despejado. Lo que había bastante corriente de tramontana que, con la fuerza del xaloc, arbolaba bastante la mar. Resultó una travesía muy larga y dura, teniendo que moderar muchísimo bastantes veces, pero controlamos y en ningún momento llegamos a perder la calma”.

Por lo que se refiere a temporales que le hayan sorprendido en mar abierta estando trabajando y que tuviera más remedio que capearlo para volver a puerto, no recuerda haber pasado ninguno más fuerte de lo normal puesto que tuvo siempre muy en cuenta las lecciones que le había impartido su tío y, en términos generales, se referían a que si salía mal tiempo, no tenían que esperar a recuperar la totalidad de los aparejos, sino que fondeaban nuevamente el “pedral” había que poner proa a puerto antes de que aumentara en demasía. “Solía decir que los aparejos estaban perfectamente en el agua y que no les pasaría nada y que lo importante era ponernos a cubierto nosotros y, más adelante, ya volveríamos a por ellos. Nos cogió alguno pero aquella experiencia me resultó evidentemente muy positiva en mi futuro cuando ya iba a trabajar solo o con otros tripulantes”. Entre éstos, recuerda que un día se encontraban pescando con un palangre grande, cerca de tierra y con viento de tramontana. Era al través de Binibèquer y bastante pegados a tierra, en la zona de alga que se prolonga hasta la sonda de los 50 metros. Era una época en que se pescaba bastante bien y se capturaban allí bastantes meros. “De pronto me di cuenta de que por el llebeig se mantenía una “barra” bastante fea de apariencia que en un momento rompió con truenos, relámpagos y agua a mares. Inmediatamente nos pusimos en marcha y cuando nos encontrábamos en pleno “Pas de l’Aire” nos desapareció la costa en ambas bandas. Ni se veía la costa firme ni la Illa de l’Aire, encerrados como estábamos tras un oscuro manto de agua, con los rayos que caían alrededor de nosotros adentrándose violentamente en el agua en medio de un viento terrorífico, mientras la mar se mantenía completamente aplanada por el efecto de apisonadora que realizaba el fortísimo viento. Nosotros nos encontrábamos a bordo del “Cales Fonts” de 24 palmos y menos mal que aquello duró muy poco. Puedo decir que teníamos la esperanza o la tranquilidad de pensar que, al menos, nos encontrábamos muy cerca de tierra y que aquel tipo de chubascos duraban muy poco tiempo”. En otra ocasión navegaban cuatro en la barca: “es conco”, Delio, su hermano y otro más, e iban de palangres grandes cerca de las costas de Favàritx y, mientras navegaban tomaron el acuerdo de que, para adelantar el trabajo y hacerlo rentable, calarían dos palangres, primero uno y seguidamente el otro, de forma que al finalizar con éste, podrían ir ya a salvar el primero. Pero por tramontana se comenzó a formar un banco de nubes, banco que, en principio y por lo que daba a entender, carecía de importancia. Recuperaron el primer palangre y, mientras se encontraban salvando ya el segundo, aquel chubasco había terminado de formarse. Pero, ¡vaya chubasco!: El cielo oscureció completamente, rompiendo en una auténtica tempestad que coincidió con un naufragio aquel mismo día en las costas de Ciutadella, en la que se perdieron una embarcación y sus tripulantes. Habían puesto rumbo sur, buscando el socaire de la Illa d’en Colom o de Es Grau y, a los más jóvenes del “Cales Fonts 2º”, no se les ocurrió otra cosa que pretender izar la vela pequeña para que ayudara a mantener la embarcación pero, “es conco”, mucho más veterano y ducho que ellos se lo impidió y les ordenó que se pusieran en la parte más baja de la barca, porque simplemente con la acción del palo, tendrían más que trabajo para poder evitar un accidente con lo que les estaba llegando encima, puesto que lo peor no había pasado aún. “Y menos mal que también duró poco. El palo ayudaba aún más a la barca a pegar fuertes bandazos y cuando sorteamos la Llosa de ses Egos, en la punta de levante de la Illa d’en Colom, pudimos virar y encontramos el abrigo necesario. Corrimos aquel temporal en popa. Aquél si que fue un temporal de verdad. A la barca de arrastre “Rosario” propiedad de los Melsión, en la bocana del Port de Maó les arrancó una gran tapa que pertenecía a la nevera que llevaban en cubierta”.

EL BARCO PALANGRERO "CALA FONS II"

EL BARCO PALANGRERO “CALA FONS II”

En otra ocasión en que habían estado trabajando al través del Cap de ses Penyes (costa sur), en “Ets Bruts” (los cuales están sobre 120-130 metros de la costa) y cuando terminaban de levar se había establecido una tramontana bastante fuerte. Eran dos a bordo, un primo suyo y Delio. Éste le dijo a su compañero que prepararían el aparejo para navegar a vela pero que, mientras lo montaban, utilizarían el motor para aproximarse hacia tierra “¿Hacia tierra, dije?. No hubo forma de aproximarse porque cuando sopla la tramontana, ésta viene acanalada desde Son Bou. Cuando lo intentábamos no había forma y si dábamos motor, la barca daba unas enormes cabezadas con lo cual te comías la ola. Opté por izar rápidamente la vela y poner proa hacia Binibèquer. Entonces la barca comenzó a navegar embalada y con enorme soltura. Por otro lado no me preocupaba puesto que se trataba de un temporal que, a pesar de ser de fuerte viento, no tenía suficiente riesgo como para perderte. Nosotros continuamos manteniendo el motor en marcha por si hubiera hecho falta, porque la tramontana en la costa sur no viene directamente del norte, sino más bien, de la parte de Ciutadella. Si tuvieras que navegar hacia ese rumbo sí te afectaría más, pero en nuestro caso y con el auxilio de la vela, nos resultó plenamente favorable. Era también la barca grande y llevábamos izada la vela de martillo. Las velas habituales eran una mayor y otra “mitjana” (que también denominan tarquina); nunca usábamos foque”.

Delio ha conocido también la época en la cual existían aún por nuestras costas los “vells marins” (el tipo de foca que vivió en estas aguas) y no hace mucho mostró a un biólogo marino llegado desde la isla de Formentera, los diferentes puntos de la costa en que éstos tenían sus lugar de hábitat y caza. Parece ser que existe la idea de repoblar por lo menos una zona, la cual sería convenientemente acotada para estos mamíferos marinos. Sin duda una idea que no agradará en absoluto a los pescadores, de llevarse a la realidad, por las luchas ancestrales que mantuvieron con ellos por la facilidad con la cual rompían sus redes. Y además se encontrarán con el denso tráfico marítimo que se produce durante los veranos en las proximidades de la costa por lo que se refiere a las embarcaciones de recreo que, por otro lado no creemos que este sector aceptara de buen grado que les acotaran una nueva zona de aguas próximas a la costa tras la implantación de la reserva marina en la costa norte. “Recuerdo que en Cala Teulera y en S’Aigo Dolça (junto al castillo de Sant Felip), cerca de Ets Barrancons y en Es Sòtil, habitaban los “vells marins”. Precisamente se dijo que en Es Sòtil había unos pescadores (los Reynés) que tenían calada una almadraba, a la que solían vigilar y si encontraban algún pez dentro no lo asustaban a fin de que se terminara de enganchar sólo. Una tarde observaron un buen ejemplar de “sirvia” y, a la mañana siguiente, al ir a comprobar si se había cogido, ni estaba dentro ni fuera, lo cual les causó sorpresa. De pronto observaron la presencia de un “vell marí” en aquellos contornos y le siguieron hasta su cueva, pudiendo comprobar que, en su interior y dentro del agua, mantenía a 7 “sirvias” que se supone había arrancado de la almadraba una vez habían quedado prendidas. Nosotros también tuvimos una anécdota con otro ejemplar. Era una época que íbamos de “anfossos” grandes los cuales, y según costumbre de la época, solíamos amarrar vivos en el agua pasándole un cabo por la boca y sacándoselo por las branquias el cual amarrábamos a la barca o al muelle. Ellos, de esta forma, se mantenían perfectamente vivos y no podían escapar. Pues en más de una ocasión, el pez que habíamos dejado amarrado había desaparecido quedando tan solo un trozo del cabo”

A BORDO DEL "BARABINO", UNA DE LAS ÚLTIMAS ADQUISICIONES DE DELIO

A BORDO DEL “BARABINO”, UNA DE LAS ÚLTIMAS ADQUISICIONES DE DELIO

También, no hace muchos días, Delio fue visitado por varios miembros del consorcio de la reserva marina de la costa norte, quienes deseaban conocer detalles históricos sobre la presencia de tiburones en estas aguas. Y es que desde siempre han habido tiburones que suelen acercarse a las costas de Menorca “Aunque yo no recuerdo haber oído en ninguna ocasión que éstos hayan atacado al hombre. Hay quien dice que ello se debe a que estas aguas no son lo suficientemente cálidas como para estimularlos al igual que sucede, por ejemplo, en el mar Caribe…”. También está reconocido en el Mediterráneo la presencia del tiburón blanco, el que resulta más temido de todos, aunque suele encontrarse más cerca de las costas italianas “Recuerdo que durante los veranos nosotros solíamos capturar los tiburones que en menorca conocemos como “sal-roig” de noche, hasta la madrugada, rozando prácticamente las playas. En Son Bou, junto a Sa Galèra, existe una mancha de arena que se une a tierra firme. En ese punto nosotros calábamos un aparejo a propósito para poder capturarlos, y caían bastantes. Había días en que capturábamos 7 u 8 y no eran más porque ellos mismos nos cortaban las “braçolades”. Y, sin embargo, al cabo de dos horas la gente se estaba bañando perfectamente en el mismo lugar y no pasaba absolutamente nada. También solíamos calar para capturar “mussòlas” en la Platja de Capifort, junto a la Cala d’en Tortuga, en las noches de luna, y había veces en que nos cortaban a lo mejor diez anzuelos. Cogíamos cuatro o cinco y si teníamos la suerte de que enganchara lateralmente por la boca, de forma que los dientes no pudieran actuar sobre el cáñamo de la “braçola”, podía quedar alguna de las más grandes. Pero tampoco podías dejar el aparejo mucho tiempo en el agua puesto que estos animales tenían mucha picardía. Al sentirse enganchados comenzaban a forzar el aparejo, tirando de él de forma que rozara contra su cuerpo que, como es sabido es como una lija. Como el cáñamo era débil, no les costaba mucho deshilacharlo y, de un fuerte tirón, soltarse y huir. Hoy tenemos el nylon, mucho más fuerte y no necesitas preocuparte”. Y es que en aquellos tiempos, al cabo de una hora como máximo, los pescadores tenían que levar el palangre. “Nuestra especialidad eran los “sal-roig”. De “Llunades” vi bastantes, pero nunca llegamos a capturar ninguna, ni tampoco tintoreras”. Las “mussòlas”, que también eran abundantes, tienen una boca que carece de dientes, los cuales han sido sustituidos por unas placas dentarias. Los “ballestrius”, que también figuraban en el listado de capturas tan sólo tenían una línea de dientes, siendo de un parecido semejante al de las “quisonas”, de las que se diferenciaban precisamente por la presencia de esos dientes. En las “quissonas” éstos están sustituídos por una especie de sierra que era el terror de los pescadores porque nos cortaba y destrozaba los aparejos confeccionados con cáñamo. Cuando detectábamos su presencia solíamos marchar a otro lugar porque era un pez poco apreciado y que encima nos producía unas pérdidas económicas bastante importantes en materia de aparejos, que no salían a cuenta”. Buena parte de la culpa del descenso de los tiburones en la zona de les Illes Balears ha sido achacada por algunos biólogos a la desaparición de los “vells marins” puesto que, por lo visto, las crías de ese mamífero marino constituían una de las principales fuentes de su alimentación. Sin embargo es algo que cuesta creer, puesto que no debía de haber tantas crías como para poder mantener a tantos voraces escualos.

El proceso de izado a bordo de un tiburón una vez capturado era harto complicado, por el motivo de que casi siempre los encontraban perfectamente vivos, resultaban peligrosos y su recuperación se realizaba de noche, a oscuras. Cuando comprobaban que existía uno se ponían de rodillas junto a la borda, lo acercaban hacia la barca muy suavemente -porque el pez sin violencias se dejaba manejar dócilmente- sin hacer ruído alguno y, cuando se encontraba adosado al casco de la barca, uno de los hombres de a bordo los atenazaba por la aleta dorsal mientras el otro lo hacía cerca de la cola y, al unísono, le pegaban un fuerte tirón y lo colocaban sobre cubierta “No se podía actuar con el gancho, con el cual podían cogerlo por la boca, puesto que eran animales bastante grandes, muy fuertes y largos que, al sentirse heridos, podrían revolverse con toda probabilidad muy furiosamente, convirtiéndose en un auténtico riesgo para quien manejara la herramienta. Todo ello iba bien, excepto el día en que te tocaba alguno que estaba ya nervioso y no cabía otra forma para hacerse con él. En ese caso había que acercarlo lo más cuidadosamente posible pero rápidamente, clavarle el gancho y subirlo como fuera y sin contemplaciones”. En cierta ocasión en que Delio había calado los palangres y no pudo ir a sacarlos yendo en su lugar dos primos suyos, engancharon un gran mero y cuatro “sal-roigs” en el mismo aparejo, en unas rocas “banda fòra” a la Punta de Rafalet (S’Algar), a las cuales los pescadores conocen como “Ses roquetes” y que solían ser excelentes para el mero. “Recuerdo que uno de ellos se aproximaba a los cinco metros de longitud, y es necesario tener en cuenta que un “sal-roig”, con la misma longitud que una “mussòla”, alcanza el doble de peso que ésta, puesto que es bastante más voluminoso al tener un perfil más parecido al de un torpedo”.

OTRA VISTA DE CALESFONTS

OTRA VISTA DE CALESFONTS

La jornada de pesca más importante realizada por Delio en el transcurso de su vida profesional, que tuvo lugar, además, encontrándose sólo a bordo -recuerda que aquel día era sábado-, fue de nada menos que 325 kilos de “xernes”, de cuya proeza guarda una fotografía enmarcada. Sucedió en una roca que existe frente a la Punta de s’Esperó. Un día en que navegaba en el “Cales Fonts 2º” y se había comprado una sonda, puso ésta en marcha y emproó hacia levante en busca del “canto”. Iba navegando tranquilamente y siempre pendiente de la imagen que iba apareciendo en el papel que iba quemando el estilete de la sonda y de pronto observó que el fondo subía inesperadamente, es decir, disminuía la profundidad. Al principio se imaginó que la embarcación habría dado la vuelta sin que se apercibiera de ello, pero no: ante sus ojos estaba apareciendo perfectamente reflejado el perfil de una roca sumergida en la cual podría existir, sin duda, una excelente pesquera de no haber sido descubierta anteriormente por otros pescadores. Como había bastante mar de levante, tomó las señas de su situación muy meticulosamente y regresó a tierra. Un sábado en que la mar se encontraba perfecta y el tiempo se mantenía totalmente bonancible, decidió ir a comprobar la misteriosa roca aislada que había descubierto unos días antes. Cuando solía hacerse a la mar con la idea de descubrir nuevos caladeros, solía llevar a bordo un volantín y tres o cuatro palangres de modo que, cuando llegó al lugar, caló primero los palangres “banda terra” para evitar que los “pedrals” quedaran enrocados y después atravesó la roca, continuando con el resto “banda fòra” tras lo cual, se abrió aun más todavía hacia afuera, poniéndose a pescar un par de horas con el volantín. Por supuesto se encontraba sobre el veril de los 180 metros, lo que quería decir nylon del 110 ó 120 y plomo de un kilo de peso. “Aquél era mucho fondo pero nosotros estamos acostumbrados. Por eso tenemos cuando nos retiramos las manos hechas polvo. Cuando manejabas el volantín en esas latitudes, pescabas y subías con cuidado, sin prisas, porque las prisas son siempre malas consejeras y pronto terminarías agotado. Y no digo nada si te equivocabas y el volantín caía sobre una “fonera” de 300 metros, que luego tenías que volver a recuperar, a lo peor completamente vacío, y con aquel plomo que suponía un kilo de peso a añadir a la resistencia que oponía tanto hilo en el agua. Si había un par de besugos o serranos, todavía salvabas la papeleta pero, si encima no había nada… Pues después de todo éso me iba a sacar a manos los palangres, que como es lógico tenían también sus “pedrals”, que además eran bastante grandes”. Cuando aquel día Delio comenzó a trasegar con aquellos aparejos, pronto sintió para sus adentros la característica emoción de que allí había algo agarrado; continuó subiéndolo más lentamente que nunca y recuperó el “pedral” que depositó en cubierta. Seguía percibiendo que algo se movía allá abajo, algo que de pronto oponía una intensa resistencia, dando la impresión de haber enrocado y teniendo que ceder incluso varios metros de línea para volver inmediatamente a comenzar a recuperar. Así estuvo bastante tiempo, un tiempo que resultaba interminable en que el corazón latía en su pecho más fuerte y rápido que nunca hasta que, de pronto, sintió la desagradable sensación que lo que hasta entonces había allí se había desenganchado. Por supuesto la moral por los suelos (en su caso sobre los “pavols” de la barca) pero, al poco rato, de súbito algo afloraba sobre las aguas a no mucha distancia de la barca: en la superficie se encontraba una enorme “xerna” (estos peces disponen de vejiga natatoria que, al ascender a determinada altura, se revienta y el pez flota muchísimo, remontando rápidamente hasta la superficie). Pero no paró aquí la cosa puesto que, ante los atónitos ojos de Delio, tras el primero, subieron en cadena las demás, hasta un total de nada menos que nueve soberbios ejemplares, que dieron ese impresionante peso en la balanza. Había además varios serranos imperiales y poca cosa más. “Yo procuré no ponerme nervioso puesto que aquello suponía un espectáculo ante mis ojos como no había visto jamás nada igual. Son momentos en los que experimentas una gran emoción. Las fuí recuperando y tras depositarlas sobre la cubierta tapadas para que no les diera el sol, regresé a Calesfonts”.

Hubo otro caso, quizás más espectacular por el aparejo y forma, del cual todavía no se explica cómo pudo conseguirlo y es que de tan sólo una “volantinada”, sacó tres “xernas” enganchadas y que también logró recuperar. “Eran grandes puesto que la menor de las tres dio en la balanza 32 kilos. Aún hoy podría volver hasta el lugar en que las pesqué puesto que aquellas señas me quedaron perfectamente grabadas. Tras estos hechos puedo afirmar sin temor a equivocarme que estas experiencias permiten definir perfectamente a la pesca como un verdadero arte. Porque si no sirves y no lo llevas dentro, por más que lo intentes nunca lograrás llegar a ser un buen pescador. Yo he vivido muchos de esos momentos realmente emocionantes que no cambio por nada pero, a veces, éso te sabe a poco porque no puedes compartir aquellos momentos con nadie ya que te encuentras completamente solo a bordo en medio de la inmensidad de la mar. Nuestro trabajo ha sido siempre muy sacrificado y poco reconocido. La vida de un pescador tendría que poder ser seguida de algún modo por el gran público, porque de otra forma nunca se podrán imaginar lo que podemos llegar a sufrir en determinados momentos en medio de un terrible temporal a la par que, también experimentar, las más grandes emociones en aquella soledad. Se premian en esta vida actos o actividades llevados a cabo por diferentes personas o colectivos que quedarían muy ensombrecidos al ser comparados con algunos de estos episodios. Hubo una época en que llegamos a calar 5.000 anzuelos diarios; unos 55-57 palangres de “raor” que tienen 90-95 anzuelos cada uno, los cuales tenían que manejarse y cebarse uno a uno previamente. En estos trabajos tengo mucho que agradecer a mi esposa e hija que me ayudaron bastante en las labores de preparar los trocitos de “surell” o de calamar y clavarlos correctamente en su sitio, porque seguidamente nos íbamos en la barca mi hijo y yo, los calábamos, recuperábamos y volvíamos a dejarlos colocados en las correspondientes “cofas” para que a la jornada siguiente pudiéramos comenzar el ciclo de nuevo”.

Delio abrió un restaurante en Calesfonts con el tiempo, “Can Delio” y con su padre iniciaron el tráfico turístico por el puerto con sus embarcaciones pintadas del característico color amarillo. También perteneció a la asociación sin ánimo de lucro “Amics de la Mar de Menorca” a quienes donaría algunas de sus antiguas embarcaciones.  En la actualidad el negocio lo continúan sus descendientes con los llamados “Catamaranes amarillos”, al igual que el restaurante.

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TEMPORAL DE TRAMONTANA OBSERVADO DESDE LA PUNTA DES SIULET (NA MACARET)

EL CABALLO DE PURA RAZA MENORQUINA AL PRIMER PLANO DE LA INFORMACIÓN

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Toda la información que aparece en esta Guía virtual sobre empresas y entidades, así como las colaboraciones fotográficas o cualquier otro tipo de aportación encaminada a mejorar la información al navegante son completamente gratuitas siendo, por ello, un Portal Náutico público de uso general.

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De la COORDINACIÓN de este Portal:

Alfonso Buenaventura Pons (Es Castell, Menorca, 1947), Patrón de yate y miembro de la Real Liga Naval Española. Ex-directivo del Club Marítimo de Mahón y Juez y Jurado de Regatas.

* Desde el año 2000 fue colaborador semanal del diario “Menorca” en temas marítimos y portuarios, realizando en la actualidad colaboraciones especiales.
* También ha intervenido y colaborado puntualmente en otros temas típicamente menorquines, así como en otras publicaciones, programas de TV y radio.
* Desde septiembre de 1988 hasta diciembre de 2000 dirigió la revista interna de difusión social del Club Marítimo de Mahón, con una aparición de cadencia trimestral.
* El año 1995 publicó una base de datos en dos tomos sobre la historia de los primeros 50 años de la veterana sociedad náutica mahonesa.
* El año 1995, con el soporte de la Fundació Rubió Tudurí Andrómaco, publicó una recopilación histórica sobre el Lazareto de Maó bajo el título “El Lazareto de Mahón. Notas históricas”.
* El año 1998 publicó la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca”, de la cual se agotaron sucesivamente dos ediciones.
* El año 1998 publicó la obra “Menorca. Atlas náutico”, que ofrece toda la información necesaria para aquellos que se dedican a navegar por la costa de Menorca.
* El año 2001 publica la guia “La Reserva Marina del Norte de Menorca”, que da a conocer las singularidades de esta particular zona marítima menorquina.
* El año 2002 publica la guía y el plano para el visitante de “La Albufera des Grau” en castellano, catalán, inglés y alemán.
* El año 2003 aparece la obra sobre el caballo, la gallina, la oveja y la vaca menorquines, bajo el título de “Las razas autóctonas de Menorca”.
* El año 2004 lanza un nuevo “Menorca. Atlas náutico”, que incluye una guia para el submarinismo y nuevas informaciones y portulanos del cual se irían agotando sucesivamente dos ediciones.
* En el mes de abril de 2007 aparece la obra “Menorca. Caballos y tradición popular”, con referencia al mundo del caballo y su protagonismo en las fiestas menorquinas, de Sant Joan en Ciutadella, y patronales en el resto de las poblaciones.
* Finalizando ese mismo año publicaba el primer volumen de la serie “Menorca. Illa, mar i homes” (en catalán)
* El año 2008 publica la historia de la agencia de consignaciones marítimas Federico J. Cardona Trémol S.L., bajo el título de “125 años de ilusiones compartidas 1883-2008″.
* El mismo año publica la guía “Ciutadella de Menorca. Las fiestas de Sant Joan”. * El mes de abril aparece la tercera edición de la obra “Menorca. Atlas náutico, totalmente actualizada. * El 2008 publica el 2º volumen de la colección “Menorca. Illa, mar i homes”.
* El 22 de febrero de 2010 inicia un blog en la web bajo el título “Menorca, isla sin par” (bilingüe catalán-castellano) destinado a publicitar la isla de Menorca en todas sus vertientes poniendo un punto y final a su etapa de publicación de libros divulgativos.
* El 18 de enero de 2011 publica la 3ª edición de la obra “Naufragios y siniestros en la costa de Menorca” notablemente ampliada que, por primera vez, se presenta de forma digitalizada y colgada en la red en forma de blog actualizable bajo el título “Naufragios y pecios de Menorca”.
* El 23 de enero de 2011 inicia la publicación en forma de blog colgado en la red y bajo el título “Puerto de Maó, siglo XX” de todos los artículos (aumentando el número de imágenes antiguas que en su momento no pudieron incluirse en la edición de papel por razones de espacio), que fueron apareciendo durante casi diez años en las páginas del diario insular “Menorca”.
* El 21 de junio de 2011 abre un nuevo blog con el título “La cuina de vorera” (La cocina de ribera), también bilingüe catalán-castellano, destinado a recoger todas las recetas recogidas de pescadores y gentes de todos los ambientes durante la etapa de entrevistas efectuadas en sus diferentes publicaciones a fin de ponerlas a disposición del gran público.
* El 4 de agosto de 2011 inicia un blog fotográfico bajo el título “Menorca a través de tus ojos”.
* El 18 de marzo de 2012 cuelga en la red la 4ª edición de su derrotero “Menorca. Atlas náutico”. Notablemente ampliado en cuanto a contenido, imágenes y digitalizado, será actualizable por suscripción gratuita para el navegante interesado y la idea es convertirlo en la guía náutica total de la isla de Menorca.
* La importancia que va adquiriendo el portal “Menorca Atlas Náutico” obligará a ir cerrando paulatinamente los blogs “Menorca, isla sin par”, “Menorca a través de tus ojos”, “La cuina de vorera” y otros proyectos. Sus contenidos se irán incorporando al nuevo portal o quedarán en archivo pendientes de una futura ubicación.
* En abril de 2012 cuelga en la red el contenido de la obra “El Lazareto de Mahón” notablemente ampliado.
* A finales de 2012 se abren las páginas en Facebook de “Menorca Atlas Náutico”, “Naufragios y pecios de Menorca”, “Puerto de Maó, Siglo XX” y “Lazareto de Mahón”, y en Tweeter, “Menorca Atlas Náutico”.
* 2014 supondrá el año de la reconversión: “Menorca Atlas Náutico” aglutina a “Naufragios y Pecios de Menorca” y “Puerto de Maó, Siglo XX”, quien a su vez ha hecho lo mismo con “Lazareto de Mahón”, aunque conservando todas sus estructuras originales y dejando tan sólo una única página -tanto en Facebook como en Tweeter- que anuncia todas las actualizaciones: “Menorca Atlas Náutico”. La razón: en 28 meses se han rebasado las 67.000 consultas. Al propio tiempo se da paso a la ampliación de colaboradores tanto gráficos como de artículos adquiriendo la guía la categoría de “comunidad“.
* 2015 lo será el de su expansión con una total remodelación de su estructura, con adición de nuevos bloques y secciones una vez superadas las 120.000 consultas.

* El 22 de abril de 2016, rebasadas ya las 175.000 consultas, tanto el PORTAL como la TOTALIDAD DE PUBLICACIONES del autor, ALFONSO BUENAVENTURA PONS, son cedidas por el mismo a todos los efectos a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO.

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De la TITULARIDAD de este Portal: 

Desde el 22 de abril de 2016, tanto este PORTAL NÁUTICO como las diferentes obras publicadas por el mismo autor, amén de otra serie de documentos históricos e imágenes debidamente relacionados, fueron donados así como cedidos sus derechos de explotación a la FUNDACIÓ RUBIÓ TUDURÍ ANDRÓMACO, siendo desde entonces esta entidad la única titular y gestora de los mismos.

LA ISLA DEL AIRE OBSERVADA DESDE PUNTA PRIMA (Imagen de RAQUEL ARIÑO)

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Foto A. BUENAVENTURA FLORIT

CALA EN VIDRIER (ES GRAU, MAÓ) Imagen de A. BUENAVENTURA FLORIT

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